Durante quince años, el santandereano Pablo Porras trabajó con esmero y dedicación para convertir un viejo Renault 4 en una expedición ambiental ambulante. Esta es una crónica de memoria, de barro y de río ‘sobre las ruedas’ del llamado ‘amigo fiel’.

QATRO nació mucho antes de rodar. Se reconstruyó en la memoria colectiva de un santandereano que aprendió a querer un carro pequeño, sencillo y resistente como si fuera parte de la familia. El Renault 4, el amigo fiel, el que acompañó viajes, mudanzas, mercados, amores y despedidas, terminó convertido en algo más que un vehículo: hoy es un símbolo colombiano sobre ruedas. Por eso tenía que ser él. Ningún otro carro podía cargar la intención de este proyecto ambiental.
Después de un año entero de búsqueda apareció un Renault 4 Líder, modelo 1991. Ahí comenzó una travesía distinta: no la del camino, sino la de la transformación.

QATRO no iba a ser restaurado para exhibirse impecable en una vitrina; iba a ser reconstruido para vivir la carretera, cruzar montañas, entrar a pueblos apartados y llegar hasta las orillas de los ríos santandereanos para conversar con sus habitantes sobre el cuidado del agua y la memoria de las cuencas.

El proyecto de Pablo Porras
La idea, según Pablo Porras, amante y defensor del medio ambiente, era simple y enorme al mismo tiempo: convertir el carro más querido del país en una herramienta de encuentro. (Lea además: Los dichos de los santandereanos, ¡mucho lo bueno!)

El proyecto se construyó bajo tres reglas. La primera fue el minimalismo: quitar todo lo innecesario. Todo lujo sobraba si no servía para el viaje. El carro debía comportarse como un caracol: llevar encima únicamente lo esencial. Cada pieza desmontada era menos peso y más libertad. Cada modificación respondía a una pregunta concreta: “¿Sirve para sobrevivir la ruta?”.
La segunda regla fue prepararlo para llegar a cualquier lugar. No bastaba con que avanzara; tenía que resistir. Para eso, el proyecto tomó inspiración de los refuerzos estructurales de los Renault 4 que participaron en el Rally París-Dakar, esas máquinas improbables que atravesaban desiertos demostrando que la voluntad también puede ser una tecnología.

El pequeño Renault colombiano empezó entonces a mutar: defensas funcionales en tubería capaces de sostener y halar el carro, un dispositivo eléctrico de tracción y elevación, suspensión adaptada para llantas de taco alto, snorkel de aire, parrilla de carga para 200 kilos y un sistema pensado para repararse en cualquier rincón del país.
La tercera regla vino de observar a otros soñadores. Cientos de participantes del 4L Trophy, la legendaria travesía universitaria africana hecha en Renault 4, dejaron pistas sobre cómo convertir un automóvil sencillo en una máquina de expedición. QATRO tomó nota de esas experiencias y las reinterpretó desde la realidad colombiana: caminos destapados, humedad, montaña, barro y río.
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Pero tal vez lo más poderoso del proyecto no está en las modificaciones mecánicas, sino en su filosofía. QATRO es una declaración rodante sobre el “hágalo usted mismo”. Es una invitación a crear sin miedo, utilizando materiales convencionales, herramientas básicas de garaje y mucha imaginación. Cada adaptación fue pensada para que cualquier mecánico de carretera pudiera entenderla y ayudar. No hay tecnología ni piezas imposibles de conseguir. Se conservó la mecánica tradicional precisamente para eso: para seguir siendo cercano, reparable y humano.
Y aun así, el nivel de transformación fue absoluto. No quedó una sola tuerca sin desmontar. El Renault fue reconstruido por completo. Motor, caja y frenos recibieron overhaul total. El motor fue repotenciado a 1.400 cc, se instaló encendido electrónico y se respetó la esencia mecánica que ha permitido al Renault 4 sobrevivir durante décadas en toda Colombia.

Por fuera, QATRO parece salido de una mezcla entre expedición y memoria rural: guardabarros en lona de caucho, farolas más grandes, exploradoras, stop elevado, capó invertido y una enorme apertura de baúl diseñada para la vida en carretera.
La modificación más radical fue la puerta suicida, creada al eliminar el paral intermedio para ampliar el habitáculo y facilitar el acceso interior.
Por dentro, el proyecto respira funcionalidad. Techo en lona, sillas tejidas en fibra plástica, puertas tejidas, compartimientos ocultos para herramientas y un sistema de un solo tornillo que permite desmontar todas las sillas rápidamente. Nada está puesto por apariencia.

Durante quince años el proyecto creció lentamente, entre planos, soldaduras, pruebas, errores y aprendizajes. Más de 3.500 fotografías registran cada etapa del proceso desde aquel 18 de junio de 2011, cuando comenzó la transformación. Quince años después, en 2026, QATRO finalmente salió a carretera para sus primeras pruebas reales.
Y entonces ocurrió algo inevitable: el carro dejó de ser un proyecto mecánico para convertirse en un relato ambiental.
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Porque QATRO no viaja solo para avanzar kilómetros. Viaja para detenerse, para escuchar, para plantear conversaciones a la orilla de los ríos colombianos y para hablar con pescadores, campesinos, niños y habitantes ribereños sobre el agua, la memoria y el cuidado de las fuentes hídricas. En un país atravesado por ríos, QATRO busca recordar que las carreteras también pueden servir para unir personas alrededor de una causa común.
Por eso conmueve tanto verlo. Porque debajo de toda su ingeniería sigue estando el Renault 4 de siempre: humilde, cercano y terco. Solo que ahora carga una misión distinta.
QATRO demuestra que un vehículo también puede ser una excusa para encontrarse y una forma de narrar el territorio. Y que, a veces, los grandes proyectos comienzan exactamente así: con un carro viejo, una idea obstinada y quince años de trabajo silencioso.

Hoy, mientras empieza a recorrer Santander y Colombia, QATRO no solo lleva equipaje: lleva historias, preguntas y la posibilidad de que cada parada junto a un río se convierta en una conversación necesaria.












