Desde Bucaramanga, María Fonseca Pico impulsa la transformación de tenderos y niños a través del trabajo social, la educación física y el baloncesto. Con más de 28 años de experiencia, ha liderado iniciativas que fortalecen la comunidad y mejoran la vida en los barrios de Santander.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Los domingos son diferentes desde que María Fonseca Pico decidió que el baloncesto podía ser una herramienta para transformar vidas. “Pienso que si a un niño desde pequeño se le inculca un deporte, esa disciplina le sirve para toda la vida, no solo en la cancha sino también en lo educativo y en lo personal”, afirma con convicción.
Para ella, el liderazgo social no se ejerce en los grandes auditorios, sino en la tienda de la esquina, en los barrios y en los espacios donde se reúne la comunidad.
María Fonseca es licenciada en Educación Física, Recreación y Deportes de la Universidad de Pamplona. Llegó, casi por azar, a trabajar con la Asociación de Tenderos y Comerciantes de Santander (Asotenderos) hace 28 años y, desde entonces, no ha dejado de descubrir el potencial social de la tienda de barrio: “vi que en el comercio de barrio se podía hacer mucho trabajo social porque en su mayoría son campesinos o gente que viene de provincia. Hay muchas historias y oportunidades para ayudar”.
Desde su liderazgo en la asociación, ha sido clave en conquistas históricas para los pequeños comerciantes: “Logramos que en Bucaramanga se creara el impuesto único preferencial tributario para los pequeños comerciantes, donde a ellos les llega el recibo del impuesto a su casa. Eso se logró desde la asociación y con otros gremios pequeños”, recuerda con orgullo. “También logramos que a los tenderos no los obligaran con lo de la boleta fiscal. Son muchas las motivaciones y los retos que me han llevado a amar este trabajo”.
Pero su liderazgo no se queda en la gestión y la defensa gremial. Los fines de semana, su otra pasión se hace visible en la cancha: “amo el deporte, por eso tengo un club de baloncesto y los fines de semana organizo torneos tanto para niños como para adultos. La idea es alejar a los niños de las pantallas y que tengan un momento de compartir con sus papás en el partido. Para los adultos, es una manera de cuidar su salud y combatir el sedentarismo”.
María recuerda cómo el avance de las grandes superficies amenazó la supervivencia de las tiendas tradicionales: “yo pensaba, ¿Cómo hago para ayudar a los tenderos? Así nació el proyecto “Transformando negocios, transformando vidas”. Comenzamos con una tienda, se unieron varias empresas y hoy hemos transformado más de 110 tiendas y negocios de barrio en Santander. Y también panaderías y pequeños comercios en Bucaramanga, y hasta en el Socorro”.

Liderazgo que se fortalece
El día a día está lleno de retos, pero también de aprendizajes. María es clara: “un verdadero líder no es el que manda, sino el que con las ideas de los demás lleva adelante los proyectos. Es ayudar a los demás para que todos seamos mejores. Lo aprendí empíricamente, pero en el programa Lideremos lo confirmé y lo profundicé”.
Sobre su paso por Lideremos, destaca el crecimiento personal y el valor de compartir con líderes de otras áreas: “cada sábado que hay clase es una experiencia única. No es solo aprender del profesor, sino de las experiencias de los compañeros. Y no es aprender solo para mí, sino para llevarlo a la calle, para enseñarle a la demás gente”. Recuerda especialmente una lección sobre el ejemplo personal: “su testimonio usted lo da afuera, en la calle, en cómo actúa, no necesita estarlo diciendo. Uno como líder es eso: lo siguen muchas personas y hay que ser ejemplo, en la familia, el trabajo, la ciudad”.
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María Fonseca es madre cabeza de hogar y sueña con ver a sus hijos profesionales y a su nieta feliz. Pero su mirada va mucho más allá de su familia. “Mi objetivo en la vida es servir. Me le debo a Dios y pienso que uno tiene que estar para el servicio de los demás”, asegura.
Su gran meta es lograr un régimen especial tributario para los comerciantes de barrio. “Que puedan trabajar bien y competir con las grandes superficies. Si en diez años eso está logrado, diré: lo logré, y seguiré trabajando, porque eso es lo que a mí me nace. Me voy a dormir tranquila porque sé que, de una u otra forma, le serví a alguien”, explica.
El testimonio de María Fonseca Pico sigue creciendo: entre balones y vitrinas, entre barrios y nuevas generaciones, enseña que el compromiso, la empatía y la perseverancia pueden transformar una ciudad desde lo cotidiano.














