En lo corrido de 2025, Bucaramanga ha notificado 329 nuevos casos de VIH, la cifra más alta en seis años para este periodo. Aunque las autoridades promueven el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos, organizaciones sociales alertan sobre fallas en la entrega de medicamentos.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
A veces, las cifras solo confirman lo que ya se sospechaba. El boletín epidemiológico de Bucaramanga con corte a la semana 46 de 2025 lo dejó claro: 329 nuevos casos de VIH notificados en lo que va del año. La cifra más alta en seis años para este mismo periodo.
Detrás del dato hay rostros, diagnósticos y decisiones de vida. Ese número, aparentemente técnico, significa que cada semana, en promedio, siete personas en Bucaramanga reciben la noticia de que tienen VIH. Algunas semanas, como la número 17, esa cifra se dispara: 17 nuevos casos en solo siete días.
El virus no da tregua. Tampoco se concentra en grupos aislados. La curva epidemiológica de 2020 a 2025 muestra una tendencia clara al alza. En 2023, Santander ya había cerrado con 737 casos notificados de VIH/Sida, lo que lo ubicó entre los departamentos con mayor afectación. Bucaramanga, como capital, concentra buena parte de los casos.
Pero no se trata solo de una cuestión de volumen. Lo preocupante también está en el perfil de quienes están siendo diagnosticados. Son, sobre todo, jóvenes.
Entre los 329 nuevos casos registrados este año en Bucaramanga, el grupo de edad de 25 a 29 años lidera la estadística, con 73 diagnósticos (22,1 %). Le siguen los jóvenes de 20 a 24 años, con 66 casos (20 %).
Son personas en edad productiva, muchas veces sin síntomas aparentes, que se enteran de su diagnóstico cuando van a una cita médica por otra razón, o gracias a alguna jornada de pruebas en el espacio público.
El 86,3 % de los casos son de personas de sexo masculino. Entre las mujeres diagnosticadas, 45 casos, se cuentan cuatro gestantes, lo que enciende todas las alarmas por el riesgo de transmisión vertical, es decir, de madre a hijo durante el embarazo, parto o lactancia.
Además, el 96,4 % de los casos se concentran en la cabecera urbana, lo que confirma el carácter urbano de la epidemia en Bucaramanga.
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En términos de acceso a salud, las cifras reflejan una cobertura mixta:
- El 41,6 % de las personas diagnosticadas estaban afiliadas al régimen contributivo.
- El 39,5 % al subsidiado.
- Pero un 13,4 % no tenía aseguramiento en salud en el momento del diagnóstico.
A semana 46, 11 personas habían fallecido por causas relacionadas con el VIH, lo que representa una tasa de letalidad del 3,3 % entre los casos notificados en lo corrido del año.
La lección es simple y contundente: cuando el diagnóstico llega tarde, el tratamiento llega tarde. Y a veces, no alcanza.

El boletín de la Secretaría de Salud de Bucaramanga no deja lugar a dudas: la detección temprana es la puerta de entrada al tratamiento. No es solo una frase de campaña. En la práctica, significa frenar la progresión del virus, mejorar la calidad de vida de quien vive con VIH y, sobre todo, cortar la cadena de transmisión.
Este enfoque está alineado con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3.3, que plantea como meta lograr que el 95 % de las personas con VIH estén diagnosticadas para 2030. Esa es la primera estación en la cascada global 95-95-95: diagnosticar, tratar, suprimir carga viral.
Desde la Gobernación de Santander, Patricia Caicedo, funcionaria de la Secretaría de Salud, explica que el departamento ha apostado por la búsqueda activa:
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“Estamos promoviendo pruebas, ofertándolas en todos los espacios donde podamos tener las poblaciones con más vulnerabilidad al tema de VIH. La prueba está incluida en la prestación de los servicios de salud: cualquier persona puede ir a su IPS y solicitarla”.
El mensaje oficial se resume en una ecuación: diagnóstico temprano + tratamiento inmediato = prevención eficaz.
“Si hay un diagnóstico temprano y esa persona entra de inmediato a recibir tratamiento, vamos a evitar nuevas infecciones. Una persona con carga viral indetectable no transmite el virus. Y en eso es que estamos”, insiste Caicedo.
En Bucaramanga, la administración municipal también se ha sumado al llamado. El pasado 1 de diciembre, Día Mundial de Concientización y Respuesta al VIH, la Alcaldía —junto al ISABU y con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)— realizó una jornada de pruebas gratuitas, voluntarias y confidenciales en el Parque de los Niños.
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Allí, sin cita previa, decenas de personas accedieron a pruebas rápidas, recibieron información y participaron en espacios pedagógicos.
“La invitación es a la concientización del VIH. Desde pequeñas decisiones. Acceder a las pruebas de manera gratuita, voluntaria y confidencial”, señaló el equipo institucional.
El mensaje fue claro: el VIH no debe esconderse, ni estigmatizarse. La prueba no es una sospecha, es un acto de cuidado.
Mientras las autoridades promueven la detección, organizaciones comunitarias como ConPazes enfrentan otra realidad: pacientes que, incluso tras ser diagnosticados, no reciben su medicamento a tiempo.
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Diego Ruiz Thorrens, director de la Corporación ConPazes, cuenta que este año conocieron casos en los que, debido a fallas administrativas, personas con VIH fueron informadas de que su tratamiento antirretroviral no estaba garantizado.
“Nos llegó el caso de un chico atendido en una IPS que, aunque le dijeron que continuarían con su atención, le advirtieron que no le entregarían los medicamentos antirretrovirales”, relata.
Ruiz es enfático:
“Las personas que están en tratamiento antirretroviral no pueden ni deben suspender la medicación. Eso genera resistencia, eleva la carga viral, pone en riesgo su salud y la de otras personas. Es un retroceso gravísimo”.
Y no es un caso aislado. En Santander, muchas personas que viven con VIH deben viajar desde municipios lejanos hasta Bucaramanga para recibir su tratamiento. Si el sistema falla, quedan literalmente en el limbo.
“No sabemos cuántas personas están afectadas, pero podrían ser miles. En Santander hay personas con VIH en los 87 municipios. Y si el medicamento falla, todo falla”, advierte Ruiz.

Por eso, desde ConPazes se ha hecho un llamado directo al Gobierno Nacional, al Ministerio de Salud, a la Supersalud y a la Defensoría del Pueblo: “Necesitamos soluciones rápidas, seguras. No podemos seguir arriesgando la vida de la gente. No podemos permitir que la resistencia al tratamiento se vuelva común. No queremos contar muertes que pudieron evitarse”.
Para Ruiz, la discusión va más allá del tratamiento. Hay algo que se está perdiendo: la memoria colectiva del sida.
“Más de 40 millones de personas han muerto en el mundo por sida. Y hoy parece que nadie lo recuerda. Desafortunadamente, el mundo, o al menos Estados Unidos, está girando hacia un instante donde literalmente se está borrando la memoria de los millones de personas que han fallecido por esta causa”.
En Colombia, la situación es compleja: persiste el estigma, la educación sexual sigue siendo insuficiente y los presupuestos para prevención se estiran hasta el límite. Frente a eso, el trabajo de las organizaciones comunitarias se vuelve central.
ConPazes, por ejemplo, ha acompañado este año procesos de promoción del autotest, acceso a la profilaxis preexposición (PrEP) y pruebas dirigidas a población migrante y HSH (hombres que tienen sexo con hombres).
“No se trata solo de repartir folletos. Es estar en la calle, hablar con la gente, explicar qué pasa después del diagnóstico. Es prevención, pero también denuncia”, concluye Ruiz.
Bucaramanga cerrará el año con cifras récord en nuevos diagnósticos de VIH. Lo que viene es clave: garantizar el acceso a tratamiento, asegurar la continuidad de las terapias, y fortalecer una prevención que no sea de papel, sino de territorio.
















