Organizaciones de derechos humanos reportan demoras y atención recortada para personas con VIH afiliadas a Nueva EPS en Santander. La entidad dice que avanza en acuerdos para mejorar la entrega de medicamentos.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Santiago* vive en Bucaramanga. No tiene WhatsApp. Tiene un celular, sí, pero no la aplicación que hoy parece ser la puerta de entrada a casi cualquier trámite.
Su familiar, una señora que ya no sabe a quién más pedirle ayuda, llegó a la Corporación CONPAZES con la desesperación a cuestas: “Eso no hay qué hacer… ha gastado un montón de plata en carreras de taxi, cogiendo para un lado y para el otro y en ninguna parte le solucionan”.
La gente que se mueve de ventanilla en ventanilla como si el tiempo fuera elástico. Pero el tiempo, con VIH, no lo es.
Diego Ruiz, director de la Corporación CONPAZES, le respondió como con el teléfono y también con la impotencia en la mano, con alguna solución de última hora: algún medicamento que puede gestionar en Liga Sida Santander. Pero no son infinitos.

Y que es un medicamento que debería llegar por una ruta formal termina viajando por la ruta del cuidado comunitario. Y detrás de ese gesto está el dato: CONPAZES ha acompañado casos de personas que han pasado hasta dos meses sin tratamiento antirretroviral.
“Es la vida de la gente”, dice Ruiz. Habla de pacientes que recorren instituciones con la carpeta en el brazo, de familiares que se endeudan en transporte, de llamadas sin respuesta.
“La excusa es que una persona puede esperar uno, dos, tres meses, pero el tratamiento no se pausa sin consecuencias.
Ruiz insiste en otro detalle que en Santander pesa: el estigma. “Aquí la gente tiene miedo de hablar. No es tan fácil decir ‘vivo con VIH’ y exigir derechos”. Por eso, advierte, la dimensión real de la crisis puede ser mayor que lo que alcanza a llegar a las organizaciones. Muchas personas prefieren callar, aguantar, improvisar. O simplemente desaparecer del radar institucional.
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Jaime Porras, director de LigaSida Santander, reconstruye lo ocurrido en diciembre: habla de los usuarios de Nueva EPS atendidos en la IPS CDI: “Allá son más o menos unos 2.000 usuarios”. Y lo que recibieron, dice, fue un comunicado: el servicio se suspendía “hasta nueva orden” por falta de pago, por una deuda “supremamente grande”. Diciembre, para ellos, fue un mes en blanco.
“En ese mes no tuvieron atención médica y sin medicamentos”, señala.
Porras lo cuenta y de inmediato aparece la imagen de una sala de espera vacía, o peor: una sala de espera llena de gente a la que ya le dijeron que no. En enero, explica, la atención se reactivó “afortunadamente, entre comillas”. Pero volvió recortada, como si el VIH pudiera tratarse por pedazos. “Usted sabe que los pacientes tienen que recibir una atención integral. Esto no es solamente medicamentos: es que lo vea un médico, exámenes generales y especializados, psicología… y esto no lo están dando”.
En CDI, según su testimonio, la ruta quedó reducida a lo mínimo: médico, fórmula, entrega. “Esto es bueno, por lo menos se ha tenido medicamentos”, concede. Pero enseguida remarca la ausencia del resto: el acompañamiento, los controles, el seguimiento que evita que el tratamiento sea solo un gesto químico sin contención humana.
En diciembre, dice, LigaSida trató de cubrir el hueco con su “pequeño banco de medicamentos”. Ese banco, que existe precisamente para emergencias, se quedó corto ante la magnitud. “Prácticamente se nos agotó tratando de ayudarlos a todos… pero eso es imposible”. En esa frase aparece la frontera del activismo: cuando el derecho se vuelve caridad forzada, siempre pierde la gente.
*Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente.

La respuesta de Nueva EPS
Frente a las alertas por entrega de medicamentos, Nueva EPS respondió que su agente interventor ha venido gestionando acuerdos para mejorar el suministro:
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“Con respecto a los medicamentos, te informo que el agente interventor ha venido adelantando diversos acuerdos con distintos prestadores a nivel nacional, con el fin de apoyar y fortalecer la entrega oportuna de medicamentos. En los próximos días se estarán realizando los anuncios oficiales sobre estos acuerdos y los avances alcanzados”.
La entidad también ha señalado, en comunicaciones institucionales recientes, que avanza en un plan de estabilización financiera con giros a la red pública, como parte de las medidas para sostener la prestación de servicios.

¿Qué pasa cuando se interrumpe el tratamiento para VIH?
“Cuando una persona con VIH interrumpe su tratamiento antirretroviral, el primer riesgo es que la carga viral vuelva a aumentar en poco tiempo. Eso significa que el virus vuelve a multiplicarse y el sistema inmunológico empieza a debilitarse de nuevo”, explica el especialista en enfermedades infecciosas Juan Carlos Díaz, consultado para este reportaje.
El mayor riesgo a mediano plazo es la resistencia: si el tratamiento se interrumpe, el virus puede adaptarse y luego los mismos medicamentos dejan de funcionar, obligando a usar esquemas más complejos y costosos.La interrupción eleva el riesgo de infecciones oportunistas, hospitalizaciones y un deterioro acelerado de la salud, sobre todo en personas con comorbilidades como tuberculosis u otras enfermedades. “No es solo clínico: la suspensión genera angustia y miedo, y afecta la adherencia”, subraya el médico. “El tratamiento del VIH no admite pausas administrativas: es una terapia continua de la que depende la calidad de vida y, a veces, la supervivencia”.
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Colombia y Santander: detrás de la alerta
En Colombia, el VIH se mantuvo en 2025 como un evento de salud pública de alta prioridad. El Instituto Nacional de Salud (INS) reportó 16.016 casos notificados durante ese año y una tasa de 30,2 casos por cada 100.000 habitantes, de acuerdo con el análisis publicado en el Boletín Epidemiológico (semana 48 de 2025).
En el plano local, Bucaramanga volvió a aparecer como uno de los territorios con mayor carga de notificación. Con corte a la semana epidemiológica 46 de 2025, la ciudad registró 329 casos nuevos de VIH, una tasa de incidencia de 52,7 y un promedio de siete casos nuevos por semana, según datos divulgados por la Alcaldía de Bucaramanga.
Para el departamento, el último consolidado citado en esa vigilancia local muestra que en 2023 Santander notificó 539 casos de VIH, 24 casos de sida y 7 fallecimientos, y que Bucaramanga concentra el mayor número de reportes. Aunque ese dato no corresponde al cierre departamental de 2025, sí da una referencia de la carga reciente del evento y del peso que tiene el área metropolitana en la notificación.
Este contexto ayuda a entender por qué las organizaciones insisten en la atención integral. El manejo del VIH no se reduce a “entregar pastillas”: las guías clínicas nacionales contemplan seguimiento médico continuo, exámenes de control, como carga viral y CD4, manejo de comorbilidades y apoyo psicosocial, elementos decisivos para evitar complicaciones y garantizar continuidad terapéutica.















