Expertos explican los pasos clave, los vacíos legales y los riesgos económicos que enfrentan los conductores en estos casos.

Publicado por: Danilo Cárdenas
La historia es la misma, tiene los mismos protagonistas y casi siempre el mismo desenlace. Madres, padres, estudiantes, trabajadores, jóvenes y ancianos ven sus días afectados por pequeños accidentes de ‘latas’ que terminan en peleas, discusiones o momentos angustiosos.
En la mayoría de los casos, no se sabe cuál es la ruta a seguir para encontrar soluciones.
Un golpe en el carro, un rayón en una puerta o un retrovisor o una defensa en el piso. Los accidentes de tránsito con solo daños materiales son una realidad cotidiana en las vías y, aunque parecen el escenario menos grave, son precisamente donde el conductor queda más desprotegido.
Según abogados y expertos viales consultados por Vanguardia, estos son los accidentes que más quedan en la impunidad: la víctima termina asumiendo los daños por su cuenta, llegando a acuerdos por fuera de la ley o enfrentando procesos legales que elevan el costo del daño más allá de lo que originalmente valía.
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La ley que dejó solos a los conductores
Óscar Julián Restrepo Mantilla, director de la revista virtual El Carro Colombiano, explicó a Vanguardia que desde julio de 2022 la Ley 2251, conocida como la Ley Julián Esteban, cambió las reglas del juego para este tipo de accidentes en el país. El artículo número 16 establece que, cuando un choque solo produce daños materiales, los conductores ya no necesitan esperar a una autoridad de tránsito en el lugar.
La ley les exige retirar los vehículos de la vía inmediatamente, recolectar sus propias pruebas mediante fotos o videos e ir a un centro de conciliación autorizado por el Ministerio de Justicia. De no hacerlo, las autoridades de tránsito pueden imponer ‘comparendos’ por obstruir la vía.
La responsabilidad de llegar a un acuerdo recae únicamente en los dos conductores. Con el celular como única herramienta, la víctima debe recopilar datos que le permitan, si es necesario, acudir a un centro de conciliación o iniciar una demanda por responsabilidad civil.
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El momento de la colisión es crítico. En algunos casos, quien dio el golpe huye de la escena. El agresor puede ser uno de los nueve millones de vehículos que, según el RUNT, circulan sin SOAT vigente, por lo que no puede responder ante ningún reclamo. Sin evidencia, el caso terminará en la impunidad.

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Vacíos de la ley y riesgos tras un choque sin heridos
Otro vacío que la ley no resuelve es lo que ocurre en los primeros minutos después del choque. La angustia, el estrés y la confusión hacen que las pruebas queden mal registradas o simplemente no existan. Según abogados consultados, ese es el primer error y el más costoso.
“Muchas veces las fotos o los croquis no son suficientes y las aseguradoras no terminan pagando”, explica a Vanguardia Diego Alexánder Jaimes Delgado, magíster en Derecho de Daños y experto en representación de víctimas de accidentes de tránsito. A eso se suma la letra pequeña de las pólizas: contratos llenos de condiciones y exclusiones que el conductor promedio no lee y que, en el momento del accidente, la aseguradora puede usar a su favor.
Los vacíos de la ley no son pocos. Según la tesis de Andrés Rendón Vásquez, de la Institución Universitaria de Envigado, la norma no establece cuantías claras según el tipo de avería, no contempla que muchos conductores no cuentan con dispositivos tecnológicos para recolectar pruebas y, sobre todo, no exige una póliza de responsabilidad civil extracontractual como requisito para circular.
Sin ese respaldo, cuando el otro conductor no quiere asumir su responsabilidad, la víctima queda sin red. La ley, en la práctica, opera sobre un supuesto que rara vez se cumple: que ambas partes actuarán de buena fe, con calma y con las herramientas necesarias. Jaimes Delgado advierte que esto termina en situaciones de alto desgaste emocional y económico.
El panorama se complica cuando se habla de dinero. Si el daño equivale a un millón de pesos, iniciar un proceso legal puede costar más de lo que se va a recuperar. Los propios abogados reconocen que no asumen casos de solo daños materiales porque económicamente no les resulta viable. La víctima queda atrapada en una trampa silenciosa: tiene el derecho, pero no los medios para hacerlo valer. Reina la impotencia.
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Desde la academia, la crítica apunta en la misma dirección. José Rojas, director del Observatorio de Logística y Movilidad de la Universidad Nacional, advierte que cuando se anunciaron los cambios no se presentó ningún plan de capacitación previo. Para el docente, la norma busca cambiar comportamientos sin ofrecer las herramientas necesarias para lograrlo.
El déficit de cultura vial y de seguros que deja a los conductores desprotegidos
El problema de fondo no es solo legal ni económico: es cultural. Colombia tiene un déficit profundo en educación vial y en lo que los expertos llaman “cultura del seguro”: conocer qué cubre la póliza, qué dice la letra pequeña y cuáles son los derechos antes de que ocurra el accidente.
Las cifras confirman este diagnóstico. Según datos de Fasecolda, solo el 12,2 % de los vehículos que circulan en el país tienen seguro voluntario, a pesar de que en Colombia se registran alrededor de 25 accidentes de tránsito al día.
La percepción de que el seguro es un gasto innecesario y el desconocimiento de lo que realmente cubre una póliza siguen siendo los principales obstáculos.
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Muchos conductores no saben, por ejemplo, que además de cubrir colisiones, algunos seguros incluyen conductor elegido, grúa, carro sustituto y rastreo satelital en caso de robo. “El problema no es solo no tener seguro: es no saber qué significa tenerlo”, señala Camilo Rodríguez, vicepresidente de Técnica de Auto y Pricing de HDI Seguros.
En Colombia, solo 2,38 millones de vehículos contaban con pólizas voluntarias en 2024. Estudios de Mapfre y Fasecolda vinculan este fenómeno con déficits educativos y baja confianza en el sistema, lo que contribuye a que una alta proporción de choques materiales quede sin resolución efectiva.

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La brecha con Europa es evidente. Una encuesta de Guidewire realizada en 2025 en Francia, Alemania, España y Reino Unido reveló que en esos países el debate no gira en torno a si tener o no un seguro, sino en torno a si cambiarse de aseguradora.
En Colombia, en cambio, la conversación sigue en un nivel más básico: la mayoría de los conductores no tiene seguro, no sabe qué cubre el que tiene y solo descubre sus limitaciones cuando ya es demasiado tarde.
















