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Jueves 16 de julio de 2026 - 12:01 PM

La Odisea: ¿Helena tenía que ser blanca? La controversia por la cinta a horas de su estreno

La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan protagonizada por Matt Damon y que se estrena el 17 de julio de 2026, enfrenta una polémica por la elección de Lupita Nyong’o como Helena de Troya.

En el casting de la cinta aparecen, además de Lupita Nyong’o, Anne Hathaway, Zendaya, Tom Holland, Robert Pattinson y Matt Damon. Foto suministrada/VANGUARDIA
En el casting de la cinta aparecen, además de Lupita Nyong’o, Anne Hathaway, Zendaya, Tom Holland, Robert Pattinson y Matt Damon. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Cultural

La Odisea es uno de los relatos más antiguos de la literatura occidental, atribuido a Homero y compuesto alrededor de los siglos VIII o VII antes de nuestra era. La obra está dividida en 24 cantos y cuenta el accidentado regreso de Odiseo, también conocido como Ulises, a Ítaca después de la guerra de Troya.

El viaje debía ser corto, pero termina durando diez años. En el camino aparecen el cíclope Polifemo, las sirenas, Circe, Calipso y la furia de Poseidón. Mientras tanto, Penélope espera en Ítaca, contiene a los hombres que quieren ocupar el trono y protege el reino mediante su propia inteligencia. Telémaco, el hijo de la pareja, sale a buscar noticias de un padre que lleva demasiado tiempo ausente.

Helena de Troya no es la protagonista de esta epopeya. En el canto IV aparece nuevamente en Esparta junto a su esposo, Menelao, después de la guerra. Recibe a Telémaco, reconoce en él los rasgos de Odiseo y recuerda algunos episodios ocurridos en Troya. Su presencia, sin embargo, sigue cargada por la idea de haber sido la mujer cuya belleza provocó una guerra.

Ahora Christopher Nolan lleva este relato al cine después del éxito de Oppenheimer. La nueva Odisea, escrita, dirigida y producida por él, tiene a Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco, Zendaya como Atenea, Robert Pattinson como Antínoo y Lupita Nyong’o como Helena de Troya. La película, que se estrena el 17 de julio de 2026, es además la primera cinta rodada completamente con cámaras de película IMAX, según Universal Pictures.

Como ocurre con casi todas las producciones de Nolan, se trata de una apuesta monumental: mares reales, escenarios naturales, efectos prácticos y un reparto lleno de estrellas. Pero antes de que el público pudiera concentrarse en la película, una parte de la conversación quedó atrapada en la elección de Lupita Nyong’o como Helena.

Digámoslo de manera directa: Helena es un personaje de ficción. Hace parte de una tradición mitológica transmitida oralmente, modificada y reinterpretada durante siglos. No existe una fotografía, un registro histórico ni una descripción racial que permita establecer que necesariamente debía ser una mujer blanca. La Odisea habla de dioses que intervienen en la vida humana, monstruos de un solo ojo, hechiceras y hombres que sobreviven durante años a la furia del mar. Resulta extraño exigir realismo solamente cuando una actriz negra ocupa el lugar simbólico de la belleza.

Ese es el punto más preocupante de la polémica. No que Lupita Nyong’o interprete a Helena, sino que todavía muchas personas solo puedan imaginar a “la mujer más hermosa del mundo” con piel blanca y facciones europeas. Parece que la belleza universal tuviera que estar ligada obligatoriamente a una herencia blanca. Cuando una mujer negra encarna ese ideal, aparecen de inmediato la incomodidad y las acusaciones de que se está deformando la historia.

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Pero ¿qué historia? Helena pertenece al mito. La imagen blanca y europea que hoy consideramos “auténtica” también es el resultado de siglos de pinturas, esculturas, traducciones y adaptaciones realizadas desde determinadas miradas culturales. Confundimos una representación repetida muchas veces con una verdad histórica.

La elección de Nyong’o no destruye la obra de Homero. Los clásicos no son piezas congeladas en un museo y que cada generación los cuenta desde sus preguntas, conflictos y sensibilidades. El cine occidental convirtió durante décadas la blancura en sinónimo de belleza, pureza y universalidad, mientras dejaba a las mujeres negras en papeles secundarios, exóticos o amenazantes.

La película también enfrenta otro cuestionamiento habitual alrededor de Nolan: su dificultad para construir personajes femeninos con vida propia. Las primeras reseñas destacan que esta adaptación les concede mayor fuerza a Penélope, Atenea, Circe y Calipso. Penélope no aparece simplemente como la esposa fiel que espera: administra la incertidumbre, resiste a quienes quieren quedarse con el reino y convierte la espera en una estrategia política. Atenea, por su parte, interviene como guía e inteligencia detrás del regreso de Odiseo.

Sin embargo, hay una controversia mucho más concreta que la apariencia de Helena. Parte de la película fue rodada en Dajla, en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos. Activistas y cineastas saharauis consideran que utilizar el territorio como un paisaje espectacular contribuye a normalizar la ocupación y a borrar a su población. Esa sí es una discusión política e histórica que merece atención. Resulta paradójico que algunas personas se preocupen más por el color de piel de una mujer mitológica que por los habitantes reales del territorio utilizado para filmarla. The Guardian recogió esta denuncia.

La Odisea llega como una película enorme, ambiciosa y visualmente deslumbrante. Pero su estreno también demuestra que los mitos todavía funcionan como espejos. La indignación contra Lupita Nyong’o no nos dice nada sobre Helena de Troya y sí mucho sobre nosotros: sobre los cuerpos que seguimos considerando bellos, las herencias que convertimos en universales y las mujeres que todavía creemos autorizadas para representar el deseo.

Publicado por: Redacción Cultural

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