En Bucaramanga existen más de 10 agencias de detectives privados, de las cuales, en su mayoría, se especializan en cazar infidelidades. Es un trabajo que normalmente se factura por hora y tiene un costo básico de $100 mil.

Publicado por: DIANA CANTILLO
Son los celos la razón fundamental del peculiar contrato que tiene como único fin poner fin a la duda de si un usurpador ha trasgredido el perímetro de lo que es considerado propio. El valor de una hora de trabajo parte de una base de $100 mil. Cualquier servicio adicional representa el pago de un excedente. Pero con tal de comprobar o descartar cualquier leve sospecha de que le están poniendo el cuerno, flexibiliza la chequera. El costo total del acuerdo dependerá del nivel de detalle con el que, luego, el cliente se dará azotes. Se podría decir que es un convenido con cierta dosis de masoquismo.
Ambas partes toman riesgos, por su puesto. El detective va por el dinero y la adrenalina, y si no hace bien su trabajo, puede ser descubierto. El cliente busca la verdad. O, al menos, es lo que se supone. Pero en algunos casos la verdad no se admite, así se tenga las pruebas del delito, lo cual, en últimas, es mayor contrato para el proveedor de servicios.
Ahora, lo que suceda después de desenmascarar al positivo es exclusivo de quien contrata. Es decir, es problema del cliente, en ningún momento del diligente investigador.
Eso sí, sin dejar pasar por alto que si bien los celos son el motor del negocio, estos suelen tornarse en un arma traicionera al momento de mostrarle las pruebas al cliente. Sobre todo cuando se trata de un veredicto que no se desea escuchar. O si la ansiosa víctima decide acompañar al detective a emboscar al ingrato a las afueras de un motel.
¿Qué situación puede desencadenar este encuentro? Dependerá del nivel de apasionamiento de los protagonistas de lo que podría ser un capítulo al estilo ‘local’ bumangués de la famosa serie estadounidense en la que ponen al descubierto infidelidades amorosas: ‘Cheaters’.
En todo caso, ojalá que la persona herida no tenga a su alcance una cuchilla. “Si no me querés, te corto la cara con una cuchilla de esas de afeitar. El día de la boda te doy puñaladas, te arranco el ombligo y mato tu mamá”, dice el famoso corrido.
Cuando se tiene la dolorosa certeza de que le han sido infiel, de cualquier talante puede ser la reacción.

Ante la indeleble verdad de haber sido traicionado, hay quienes pasan del envalentonamiento al llanto y, luego, a la decepción. Como también hay otros que, por el contrario, la rabia se les transforma en una inmensa motivación de hacer ‘justicia’ con sus propias manos. La venganza pasa por la mente de muchos, para “restablecer la dignidad perdida”, esa de la que hacen mofa ‘Los embajadores vallenatos’, con su famosa canción ‘El Santo cachón’. “Me dijeron que te vieron, te pillaron, el otro día sabroseando con un señor que no era yo. Me contaron, los que te vieron en una forma, que Dios mío, que ¡Uy mejor no digo! No fue uno ni fueron dos, fueron tres, los amigos que te vieron con él. Moliendo caña”.
Algunas veces la necesidad de buscar un investigador surge de comentarios de terceros; aunque, en otros casos, es intuición y otros ganas de gastar la plata.
En Bucaramanga son más de 15 empresas de detectivismo, además de particulares que se le miden a investigar todo tipo de requerimientos de clientes ávidos de información.
Las pesquisas van desde crímenes como homicidios o robos, hasta seguimientos a adolescentes, cuyos preocupados padres tienen la sospecha que sus hijos andan en malos pasos o consumiendo drogas. Pero la gran mayoría acuden a estos investigadores privados por temer una infidelidad. Y aqui aparecen los expertos caza-infieles.
Una tarde con el cazador
Desde la esquina de la carrera 36 con calle 43, en Bucaramanga, el detective privado de la empresa Aba Caza infieles esperaba a que llegara la mujer que días atrás lo contactó vía celular, presentándose como periodista e invitándolo a participar en una crónica sobre detectives privados.
El hombre vigilaba desde la otra esquina. No podía fiarse. Podría ser una infiltrada o quizás un cazador intentando atrapar a otro igual. Cuando llegó la mujer tomó algunos minutos para observarla, antes de abordarla. Usaba unas gafas oscuras que le tapaban casi todo el rostro. Y hasta que no se saludaron frente a frente, no se las quitó. La invitó a subirse a un vehículo blanco de vidrios polarizados. Ahí le dijo: “muestre su identificación como periodista”. Una vez surtido el trámite. Se inició el recorrido para llegar al punto donde empezaría el operativo para uno de los tres casos que estaba atendiendo ese día.
Le llaman ‘Juank’ o Diego. Pero en ningún momento reveló su verdadero nombre. El éxito de un espía es que jamás conozcan su identidad, así que él la protege como la vida misma, dice el oficial retirado de las Fuerzas Armadas.
Mientras conducía el vehículo, realizó varias llamadas verificando la posición de los miembros del equipo para que cuando saliera el ‘objetivo’ estuvieran preparados para seguirlo.
Llegaron a una panadería ubicada en un sector exclusivo de Cabecera. Se suponía que la persona en cuestión, una mujer, saldría de una torre de apartamentos ubicados en la acera del frente del negocio. La pasaría a recoger un hombre joven en una camioneta Mercedes Benz de color rojo. Y se estacionarían en la panadería, en donde habitualmente la pareja de supuestos amantes toman las onces de la tarde. Y así fue, tal cual como se predijo.
Se sentaron uno al frente de otro, distantes. Sin besos ni demostraciones de afectos. Compartieron por cerca de media hora. Mientras tanto, Juank, quien es dueño de la compañía de detectives, enseña en una mesa de la misma panadería su arsenal. Anteojos de visión nocturna y cámaras de alta definición diminutas incorporadas en las gafas, lapiceros, relojes e incluso en los artículos menos pensados, como un perchero, son algunas de las herramientas que utiliza. El oficial retirado, con más de 15 años en el oficio del detectivismo, explica que hoy su tarea es más fácil gracias a la invención de tecnología. En el mercado hay disponibles no sólo cámaras espías, también chips de rastreo, software de interceptación de llamadas o espías para computadores y dispositivos móviles.
Pagaron la cuenta. A 200 metros del establecimiento, un hombre aguardaba en una moto de alto cilindraje para perseguir el vehículo que saldría rumbo a un gimnasio de la ciudad, como había ocurrido los tres días antes.

Sin embargo, ese día la pareja no llevaba ropa deportiva. En esa ocasión, salieron vía a Piedecuesta. La camioneta y el hombre de la moto se perdieron entre el trancón. Finalmente la persecución paró a la entrada de un motel vía al municipio de Los Santos. Una foto saliendo del motel es la prueba reina de la infidelidad y un cliente más satisfecho.
Mientras que el hombre de la moto se fue a perseguir a ese objetivo, ‘Juank’ fue a supervisar los otros dos casos de esa tarde.
Está vez el objetivo está en una tienda de café de un centro comercial de la ciudad. El objetivo es una chica recién casada que se vino a vivir a Bucaramanga con su esposo, quien paga por saber los planes de su amada con una nueva amiga, a quien ve como una mala influencia.
Durante la tarde las dos mujeres disfrutaban de la conversación y el café, el equipo de detectives actúa como amigos, disfrutan de los pasabocas y bebidas que correrán por cuenta del curioso esposo.
No hay peor ciego...
Un hombre contrató los servicios del detective de Aba Caza Infieles para mostrarle a un hermano suyo que la mujer se la estaba jugando con su mejor amigo. El investigador duró tres semanas detrás del rastro de la mujer sin conseguir ninguna pista. Hasta que un fin de semana, la mujer recogió al mejor amigo del esposo. Y llegaron a un conocido motel de la ciudad ubicado por la carretera vieja a Floridablanca.
Una vez la pareja entró, el caza infiel inmediatamente llamó a la persona que lo contrató y le contó el hallazgo. A los 15 minutos después de la llamada, el cliente y su hermano llegaron al motel. El esposo burlado, negando todavía los hechos, llamó a la mujer y le dijo que sabía está en un motel con su mejor amigo.Le pidió que diera la cara. A la media hora, la esposa decidió enfrentar la realidad. Mientras que el cobarde amante se quedó escondido en el cuarto del motel.
Hablaron. Ella lloraba y pedía comprensión. La mujer le explicó a su marido que ella había decido entrar al motel, porque quería conversar con quien también era su amigo. Le aseguró al confundido marido que no lo había hecho en un cafetería, precisamente para no dar pie a comentarios y habladurías. Su esposo la abrazó y con un beso le demostró cuánto confiaba en ella.
Finalmente, esposo y amigo se dieron la mano.















