A través de mensajes de texto o vía Facebook, convocan a mujeres en Bucaramanga bajo la promesa de grandes ganancias.

Publicado por: DIANA CANTILLO
El cliente le pidió que se pusiera pinzas para colgar la ropa en sus pezones. También entre sus piernas, en el abdomen, en los labios, en las orejas, en las cejas, en cualquier lugar de su cuerpo en donde la piel pudieran hacer pliegue para ser sujetada. “Al principio, ¡qué dolor!”, dice Fernanda*, una modelo de webcam. Pero el sonido del dinero, el mismo que emite una máquina traga monedas cuando el jugador gana el premio mayor, fue su aliciente. Eso quería decir que el cliente estaba pasando su tarjeta y regalándole una propina, dinero extra que ella había puesto como precio a su sufrimiento.
La mujer de 24 años, quien antes hacía parte de la abultada cifra de desempleados del Dane, ha alcanzado a ganar $11 millones mensuales en el negocio de la Webcam. “El dolor no siente, eso es al principio. A medida que la modelo escucha el dinero virtual ingresar a la cuenta de la página, ve que el contador de dinero se mueve, el dolor se convierte en placer. En este negocio usted llega a conocer qué tan pervertida puede llegar a ser”.
Igual que el dolor, el pudor y la vergüenza se fueron desvaneciendo. Con cada show, el hecho de mostrar su cara al mundo dejó de ser una molestia. Pudo recuperar a su hija y acallar las amenazas de un padre irresponsable que juraba arrancársela y nunca dejarla volver a ver; salir del cuarto en donde vivía con su pequeña y meterla en un buen colegio. Ahora tiene moto y carro. Y ha hecho lo suficiente para trabajar sólo ocho días al mes frente a la cámara. Ahora tiene “un amor inglés”. “Un buen hombre”, dice, que conoció en un privado de la página, quien dejó ver su cara, y ahora la tienta con mucho dinero mensual para que abandone esa vida. Pero ella no es una prostituta, aclara. Ella es una modelo Webcam. “Lo que es diferente”, dice.“Nadie me toca”.
“En este negocio no gana la modelo más operada, ni la más bonita. Aquí gana la más inteligente, la que sea estratega con el cliente. Porque incluso se debe tener cuidado con lo que está alrededor de la modelo, es decir, lo que el cliente alcanza a ver por la cámara: porque si ven un martillo, lo más seguro es que le pedirán que haga algo con él”.
La primera experiencia
Fernanda González* esperaba realizar el casting frente a la cámara del computador. Pero para su sorpresa también tuvo que hacerlo delante del que sería su primer jefe. Tenía preparado un show casero y sencillo que no tuvo necesidad de hacer. Sólo le tomaron unas fotos con ropa y otras con ropa interior. Eso bastó para entrar al mundo de las modelos de webcam. En menos de media hora, Fernanda hacía parte del negocio de las modelos de una página web.
Una vez adentro, le explicaron la letra menuda del contrato inexistente. Las reglas eran claras. Debía entretener al cliente el máximo tiempo posible, pues por cada minuto que pasara el usuario ‘al aire’ entraba a la cuenta US$2. Y debía duplicar las ganacias cada mes, si quería seguir en ese ‘estudio’. La modelo sólo debe coquetear, si el cliente quiere algo más, deberá pagar una suma extra. La tarifa es puesta por la modelo. Si quiere cobrar mucho o poco dependerá del día o del aprecio que le tenga al cliente. Porque así haya miles de kilómetros que separan a las modelos de sus clientes, en algunos casos, modelos y usuarios establecen una relación. Surgen sentimientos que navegan hacia otros continentes a través de la web. Pero no pueden romper la regla fundamental del negocio: no compartir números de teléfono, direcciones ni cuentas de correo personal. Fernanda pasó a llamarse ‘María Camila’.
Así como en cualquier departamento de ventas, hay unas metas y María Camila debía alcanzarlas y, por supuesto, hacer un poco más para ver la paga. Todo dependerá de qué tanto exija el dueño del estudio.
En ese, que fue su primer empleo como modelo, le pintaron un negocio rentable en el que ganaría como mínimo $2.000.000 mensuales, fiel a la invitación que le había llegado a su inbox de Facebook. Lo que no coincidía con la información allegada eran las condiciones del lugar, pues la infraestructura estaba lejos de ser un estudio. Era una casa vieja ubicada en el barrio Molinos y las habitaciones hermosas y decoradas eran en realidad cubículos estrechos sin decoración ni ventilación. El jefe resultó ser un “manoseador”. En un mes, María Camila sólo ganó $600.000. Renunció. Volvió a las estadísticas del Dane.
Como mercancía
Seducida por los testimonios de otras mujeres que aseguraban tener éxito como modelo erótica de Webcam, María Camila decidió cambiar de proveedor y empezar a trabajar en una conocida casa-estudio ubicada en San Francisco. La casa es de tres pisos, ocho cuartos con aire acondicionado, camas cómodas, una cocina amplia, un lugar donde las modelos pueden asearse y utensilios para hacer el aseo y desinfectar los accesorios que sean utilizados. También maneja otra línea de negocios: es un boutique de lencería, juegos sexuales y demás, pero a precios muy elevados. Las modelos deben llevar sus propias sábanas. A quienes van ganando reputación, se les asigna un cuarto propio, que debe decorar con su dinero.
A ese nivel llegó María Camila. Ella fue una de las modelos estrella de ese lugar. Tuvo su propio cuarto, que decoró con pintura azul celeste y blanca y adornó la pared con un paisaje gélido londinense. Envidiada por sus compañeras, quienes trataban de robarle los clientes metiéndose a su cuarto. Esta vez el jefe no era un manoseador, pero sí un hombre estricto y de palabras fuertes: “Malparidas, miren a ver si no van alcanzar la meta”. En un tablero se publicaban los horarios y turnos de transmisión, así como la cantidad de plata ganada en el mes. Esto genera un ambiente de competencia entre las mujeres.
Pero lejos de ser un paraíso, muchas veces las modelos están sometidas a multiples abusos por partes de sus clientes, que les piden que hagan cosas que llevan al límite de la dignidad. Hacerse daño, vomitar, asumir posturas denigrantes, entre muchos otras, son las solicitudes de los clientes, a las que las mujeres acceden solo por conseguir dinero.
Pero la realidad no es tan buena como la pintan.
Las cuentas
Del 100% de lo facturado por la modelo, que es la suma que se le cobra al cliente por estar viendo las transmisiones en vivo, más las propinas que cobra la modelo por servicios extras, el 30% va a la cuenta bancaria del dueño de la página. Del 70% restante, el intermediario, es decir el que administra y paga por las cuentas o perfiles de las modelos, se queda con el 40%. Finalmente, la modelo gana el 30% de lo que se factura.
La retórica de quienes la emplean es la siguiente: “Uno les dice: nena, del 100% de las ganancias, yo me quedo con el 40% y tú con el 60%. Ninguna se pone a hacer cuentas. Igual la comisión por la página, la sacan por derecha. Uno casi ni se da cuenta en qué momento se descuenta el porcentaje. Y ojos que no ven, corazón que no siente”, explica Ramiro Cáceres, uno de los intermediarios.
“El amor” webcam
Fernanda* conoció a un hombre originario de la India que vive en Inglaterra. Es un hombre adinerado que logró que ella le vendiera su número de celular. Ella lo hizo por US$100.
Le entregó suficiente dinero para que se saliera de las páginas web y montara un negocio propio. Le regaló un carro. Le envía regalos lujosos a su casa, en donde Fernanda* vive con su hija y su marido. El indio no sabe que Fernanda, que aún es María Camila, vive con su pareja. Pero su marido sí sabe de su relación con el extranjero.
Ella dice que no puede confiarse, pues el día en que el extranjero se pierda, como ha ocurrido con varios de sus enamorados de la web, tendrá que volver a trabajar duro.
Modelo independiente
Ahora Fernanda* es una modelo webcam independiente. Con un amigo que conoció en el negocio, logró adquirir un perfil propio por el que pagó $100.000, cuando el precio normal es de $700.000. Ahora ella misma administra sus propinas y su dinero. En ocho días de trabajo al mes puede hacer hasta $3.000.000, dinero que regala a su abuela mientras recibe dinero del indio.
Ahora trabaja desde su casa, donde su actual pareja sabe en qué trabaja y que tiene un enamorado que le gira dinero desde el exterior. Pero ella trata de no hacer mucho ruido en sus transmisiones en vivo, para no molestarlo a él y a su hija mientras duermen.
Ahora tiene más tiempo para terminar sus estudios de técnica de belleza, que es lo único que le falta para abrir el salón de belleza que le ayudó a financiar su amor virtual.
Está aprendiendo a manejar carro, pues desde que lo compró es su pareja quien lo maneja, ya que a Fernanda* ser María Camila no le había dejado tiempo para contratar un curso de conducción.















