Bucaramanga
Domingo 04 de noviembre de 2018 - 12:01 AM

Antes los semáforos tenían ‘vida propia’ en Bucaramanga

En el pasado los semáforos no tenían luces, tampoco se conectaban a ningún tipo de red eléctrica.

Antes los semáforos tenían ‘vida propia’
Antes los semáforos tenían ‘vida propia’

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Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

Cada uno de ellos, en lugar de contar con bombillas tricolores, estaba integrado por dos brazos y un silbato: los dos primeros se levantaban para señalar en qué sentido debían movilizarse los automotores; mientras que el pito alertaba a los conductores para detenerse o para seguir sus trayectos.

Y es que a comienzos de los años 60, en Bucaramanga los ‘semáforos’ eran de ‘carne y hueso’. Había que verlos, bien uniformados, montados en unas singulares casetas o tarimas que tenían los patrocinios de las gaseosas del momento. 

A ellos les decían guardias de tránsito, pero de manera precisa eran uniformados de la Policía Nacional. Tenían la misión de ordenar el flujo vehicular y hacerlo más seguro, controlando que todos respetaran las normas para circular en forma correcta.

Después de los policías aparecieron los denominados ‘controladores’ que, en su momento, fueron los primeros alféreces.

Muchos se ubicaban en intersecciones claves de la carrera 15, la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga, en donde se tenían que parar al rayo del sol sobre las referidas casetas viales.

Entre las personas que alguna vez cumplieron tal misión, según los datos que reposan en Tránsito, estaban Guillermo Suárez, Gerardo Hernández y Ramón Martínez, por mencionar solo algunos nombres.

Los turnos eran de 10 y de 12 horas. Si bien ellos eran los que se ‘trepaban’ a las particulares tarimas, cada uno iba acompañado de otros alféreces, quienes se distribuían en las vías por manzanas o cuadrantes.

Muchos de ellos se movilizaban en los famosos carros Dodge o en las otroras modernas motocicletas, las cuales tenían la misión de recorrer toda la ciudad.

Dicen que en ese nostálgico ayer no existían las famosas ‘mordidas’. El tema vial era tan transparente que cualquier intento de soborno a estos servidores era como un insulto. Es decir, la ética y los principios sí conducían al Código de Transporte.

¡Claro! Todo eso ocurría mientras la ciudad se preparaba para ‘modernizarse’ en materia de movilidad.

La historia cuenta que el primer intento de instalar una red de semáforos ocurrió justo en la década de los 60.

Unos años antes el alcalde Guillermo Sorzano González, de grata recordación por sus ejecutorias, había hablado por primera vez de sustituir los agentes por las señales eléctricas.

Su buena intención se vio un tanto frustrada por la falta de visión futurista de quienes, para esos tiempos, eran determinantes en el escenario político local.

A finales de la década de los 60, el crecimiento de la ciudad exigió la instalación de una red de semáforos, diseñada de acuerdo con la tecnología y las necesidades de la época.

Siemens de Colombia fue la empresa contratista que se ganó el derecho de instalar y modernizar las nuevas señales eléctricas, bajando de las tarimas de las vías a los alféreces de ‘carne y hueso’.

Más de 45 años después, tal red es el principal soporte del actual sistema de semaforización de nuestro municipio, el cual está algo obsoleto.

En la actualidad, en Bucaramanga hay instaladas 171 intersecciones semaforizadas, y dentro de lo que se ha podido analizar y evaluar hasta la fecha se tienen identificados aproximadamente 40 puntos en los cuales se requieren nuevos aparatos eléctricos.

Si bien el tiempo ha pasado, muchos evocan y añoran a los ya míticos alféreces que se montaban en las casetas; al menos a ellos no se les iban tanto las luces como a los semáforos de hoy día.

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Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

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