A través de una alianza internacional que promueve el fútbol recreativo, estudiantes de este populoso sector encontraron un incentivo para no faltar a clases.





Publicado por: Milton Velosa Araque
¿Qué pensaría usted si fuera estudiante y que por sacar buenas notas alguien viajara miles de kilómetros para entregarle un premio? ¿Cómo reaccionaría si la única condición para obtener este reconocimiento consiste en no abandonar los estudios?
Esto les sucedió a 100 niños del colegio Luis Carlos Galán, en el occidente de Bucaramanga. El pasado 16 de agosto fueron informados que por su buen rendimiento académico se convirtieron en beneficiarios de un programa que ofrece el deporte como alternativa para evitar la deserción escolar.
Se trata del programa ‘Gambeta’, una alianza entre una fundación de España, que lleva este mismo nombre, junto con las Unidades Tecnológicas de Santander, UTS, y el apoyo del Indersantander.
Con esta iniciativa los niños más juiciosos recibieron medias, guayos, uniformes y todo lo necesario para practicar fútbol de manera recreativa y bajo la orientación de alumnos de la carrera de Cultura Física de las UTS y de un club de balompié catalán.
Los más aplicados
Helen Ramírez cursa segundo grado y es la mejor de su clase en el colegio Luis Carlos Galán, ubicado en el barrio Estoraques. Sus materias destacadas son matemáticas, ciencias naturales, sociales y español. Aunque su sueño es ser científica, cuando le dijeron que había sido una de las escogidas por el programa, no dudó en ponerse el uniforme y literalmente sudar la camiseta.
Sus jornadas de entrenamiento se programaron durante las mañanas, por eso la niña asegura que estudia muy fuerte durante las clases de la tarde y cuando regresa a su casa para que las calificaciones sean destacadas. Así podrá seguir en el equipo de fútbol.
En el grado 5-2 se encuentra Abraham Catamo, otro aplicado estudiante que ve esta oportunidad como un sueño cumplido.
“Estudiando duro y aprendiendo me gané un puesto aquí. Mis padres dicen que le siga echando ganas para que sea un futbolista profesional. Quiero jugar en el Real Madrid y aprovecho que los entrenadores están aquí para ver si les interesa mi talento”.
Entre los criterios para la escogencia de los niños se tuvo en cuenta “primero su rendimiento académico. Esto es como un ‘espejo’ para los niños que no lograron obtener el desempeño satisfactorio en sus clases y que querían estar ahí. Esto los lleva a querer mejorar académicamente para obtener un cupo”, expresó el rector de la institución, Nelson Fabián Latorre.
La disciplina también fue un factor necesario para estar en el programa.
Los entrenamientos se realizan en contrajornada, es decir, en las horas libres que los menores de edad no están en la escuela. Así las cosas, los niños tienen que cumplir con sus tareas pero también con asistir a la cancha.
El apoyo de la comunidad
Cuando los entrenadores de las UTS y de Gambeta llegaron a dictar la primera clase al barrio se encontraron con una cancha invadida de pasto, abandonada, usada como sitio de consumo de sustancias alucinógenas y convertida en letrina para los animales.
Sin embargo, la Junta de Acción Comunal en cabeza de su presidenta, emprendió la tarea de limpiarla, de recoger la basura, de preparar el terreno para que los niños pudieran jugar.
Luz Dary Torres, la líder de la zona, aseguró que las mismas personas que antes consumían allí ayudaron con la limpieza.
“Se dieron cuenta que este proyecto beneficiaba hasta a sus hijos y por eso asumieron el compromiso de mantenerlo en óptimas condiciones. El impacto en la comunidad ha sido magnífico”.
¡Goool de los niños!
El 19 de agosto pasado se jugó el primer encuentro. Los pequeños ‘gambeteadores’ debutaron, unos con camisa rosa y otros con peto amarillo. Recorrieron las calles del barrio, los vecinos salieron a alentarlos. Al llegar al terreno de juego se saludaron, hubo estadio lleno. El grito de gol se escuchó en varias ocasiones y el marcador, al final, favoreció a los dos equipos. Se abrazaron, dejaron en alto el nombre de su colegio, de sus padres, de su barrio. Todos ganaron.
Pese a que muchas de las familias de estos pequeños viven situaciones difíciles por el entorno social, “los niños demuestran una gran resiliencia y están sobreponiéndose a las adversidades. Son la prueba fehaciente de que a pesar de los obstáculos se puede ser un estudiante modelo”, agregó el rector Latorre.
Los niños que no pudieron estar en esta primera convocatoria, según las directivas del colegio Luis Carlos Galán, cambiaron su actitud frente al estudio. Ahora se están esforzando por obtener buenas calificaciones, quieren estar en el equipo y son motivados por quienes ya fueron titulares.
El fútbol que cambia vidas
Un viaje a las zonas paneleras de Medellín por parte de un español, Pep Novellas, en 2017, le mostró un panorama desfavorable para los niños. En su recorrido por las montañas se dio cuenta que los pequeños abandonaban muy temprano la escuela y cambiaban el lápiz y el cuaderno por el azadón y la pica para ayudar a sus padres en la siembra de caña.
“Vi una escuela de niños abandonada. Vi a niños de 6, 7 y 8 años trabajando en los campos. Esto me motivó a que, un día no muy lejano, tendría que volver a Colombia para evitar que los niños se desescolarizaran. Pensé que el fútbol social era ideal para motivarlos a seguir en las aulas”, dijo Novellas.
Esta idea de fútbol recreativo se implementó hace cerca de 20 años en España. ‘Gambeta’ lo inició en 2019. A través del club de fútbol español OAR Vic, un equipo fundado en 1957, apalancó la integración de los niños y niñas, sin necesidad de que supieran jugar este deporte.
El directivo de ‘Gambeta’ resaltó que “el fútbol social no excluye a nadie. No es competitivo. La competición de alguna manera excluye, si no sabes jugar no te fichan. Esta escuela permite jugar a todo el mundo y es un espacio saludable para que los niños generen lazos de compañerismo.
La experiencia les mostró a los entrenadores que, en muchos casos, algunos hijos de familias vulnerables sufren de baja autoestima porque sus padres deben salir al trabajo o los dejan abandonados y se sienten solos. Por ello, cobra importancia el juego, pues los hace compartir espacios con personas de su misma edad.
Santander, pionero en fútbol social
Esta es la primera vez que un proyecto de esta magnitud llega al departamento y de acuerdo con el rector de las Unidades Tecnológicas de Santander, Omar Lengerke, se materializó “cuando tuvimos la oportunidad de visitar las escuelas de fútbol social que se encuentran en España. Tras la experiencia estuvimos seguros de replicarlo en Bucaramanga”.
Los 100 mejores estudiantes de la institución Luis Carlos Galán, desde el grado segundo hasta noveno fueron los favorecidos. “Queremos formar, no solo como grandes deportistas a estos jóvenes, sino con lo más importante, con valores y principios. Consolidar un trabajo desde la base es clave para transformar las vidas de los niños”, acotó Lengerke Pérez.
En tal sentido, el director de Indersantander, Pedro Carrillo, destacó que este espacio integra a muchos actores porque “como no se necesita ser talentoso para estar en este programa, se plantea el juego recreativo como base pero se les puede incluir los componentes técnicos, físicos, emocionales y de acompañamiento a los niños y a los padres de familia”.
El funcionario planteó la idea de que este programa se expanda a más instituciones educativas vulnerables de Bucaramanga y el área, pero también llegar a las provincias, donde se necesita que el deporte motive las ganas de estudiar.
El pasado viernes, los españoles retornaron a su tierra pero dejaron la semilla sembrada. Ahora, los profesionales de las UTS serán los encargados de jugársela junto a los niños en el partido contra la deserción escolar.













