Los afluentes están llenos de basura, elementos químicos, residuos de construcción, bacterias, materia fecal, veneno y, en general, todas las inmundicias que usted se pueda imaginar.
Las quebradas del área tienen, en la casi nula cultura ciudadana, a su peor contaminante. Y es que personas inescrupulosas han tomado la fea costumbre de lanzar a estos afluentes basura y hasta los más singulares ‘cachivaches’ que ya no les sirven en sus hogares.
La alerta la emitió la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, al tiempo que le hizo un llamado a la comunidad para proteger esos valiosos recursos naturales y no convertirlos en vertederos improvisados, poniendo en riesgo el medio ambiente y la salud pública.
Un recorrido reciente hecho por varias quebradas del área reveló una preocupante realidad: ‘montañas’ de residuos plásticos, electrodomésticos viejos y desechos orgánicos se acumulan en los cauces, obstruyendo el flujo del agua y creando focos de contaminación.
Las quebradas más afectadas son: La Flora, en la zona de Morrorrico; ‘Zapote’, de la urbanización El Jardín; Chimitá, en los límites con Girón; y La Iglesia, que se encuentra metros abajo de la Comuna 9 de Bucaramanga.
Malos olores, enfermedades respiratorias y de la piel, criaderos del zancudo que transmite el dengue hemorrágico son sólo algunas de las consecuencias que deja esta problemática.
La situación es crítica y las autoridades ambientales se enfrentan a un desafío monumental para revertir el daño causado.
“Es devastador ver cómo las personas no valoran estos espacios naturales”, comentó María Pérez, una vecina que reside cerca de la quebrada La Flora.
“Antes, mis hijos podían jugar aquí sin problema alguno, pero ahora está lleno de basura y es un peligro para todos”, replicó.
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El impacto ambiental de esta práctica irresponsable es significativo. Según Libardo Pereira Hernández, experto en el tema, “la acumulación de desechos afecta la calidad del agua y altera el ecosistema local”.
Animales que dependen de estas quebradas para su supervivencia están viendo su hábitat reducido y contaminado, lo que pone en riesgo su existencia.
“Además, la proliferación de basura en las quebradas crea un caldo de cultivo ideal para la propagación de enfermedades. Mosquitos y ratas encuentran en estos desechos el escenario propicio para reproducirse, aumentando el riesgo de brotes de enfermedades como el dengue y otras alergias”, precisó.
Las autoridades municipales han implementado varias campañas de limpieza y de sensibilización, pero el problema persiste: “No es suficiente con limpiar; necesitamos que la gente entienda la importancia de cuidar el medio ambiente. Debemos trabajar juntos, comunidad y gobierno, para educar y cambiar estos hábitos nocivos”, precisó.
Crear conciencia

El ambientalista dijo que es fundamental fomentar una mayor conciencia ecológica entre los ciudadanos: “La educación debe comenzar desde temprana edad, inculcando valores de respeto y de cuidado hacia la naturaleza”.
“De igual forma, se necesita una mayor vigilancia y sanciones más severas para quienes arrojan basura en las quebradas”, agregó.
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Los ciudadanos también pueden contribuir adoptando prácticas responsables, como reducir, reutilizar y reciclar sus desechos, y participando activamente en jornadas de limpieza: “Todos somos responsables del lugar donde vivimos. Si cada uno pone de su parte, podemos recuperar nuestras quebradas y garantizar un entorno más saludable”, dijo.
“Urge la preservación de las quebradas y esa es una tarea de todos. Sólo a través de un cambio de actitud y de una mayor cultura ciudadana podremos asegurar que estos vitales recursos naturales continúen siendo una fuente de vida y de bienestar para nuestra ciudad”, puntualizó.















