Bucaramanga
Sábado 30 de noviembre de 2024 - 04:15 PM

Los U’wa: la lucha por la educación que retumba en las montañas y llega a Bucaramanga

En este relato, las voces que predominan son las de Ernestina Mina Rincón, quien cumple su función como mediadora entre las comunidades U’wa de Santander y las instituciones, ya que, no fue posible contar con la participación directa de los miembros de la comunidad indígena.

Los U'wa: la lucha por su educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.
Los U'wa: la lucha por su educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.

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Publicado por: Laura Juliana Flórez

La ruta comienza con el sol despuntando en las montañas a las 6:00 a.m. del sábado 23 de noviembre. Desde el resguardo de Aguablanca, en las peñas agrestes de los municipios de Concepción y Cerrito, Santander, un grupo de ocho personas, en su mayoría mujeres, de la comunidad indígena U’wa se prepara para un viaje de 722 kilómetros de tierras empinadas y carreteras largas por una exigencia que se hace cada vez más urgente: la construcción de una escuela.

Para los habitantes de Aguablanca y Támara, que junto con Taburetes conforman los tres asentamientos de la comunidad en Santander, salir de sus resguardos no es tarea fácil. Desde Támara, uno de los asentamientos más cercanos a la base de la montaña, el camino hacia el caserío ‘Puerto Picho’, el primer punto de encuentro, toma un día entero. La ruta, de casi 47 kilómetros, transita por veredas serpenteantes, donde el cansancio no tarda en hacer su aparición.

“Las mujeres son las que más trabajan, las que siembran en la huerta. Cultivan plátano, yuca, ñame; y también se encargan del cuidado del hogar y de los niños. Son un pilar fundamental para la comunidad U’wa”, cuenta Ernestina Mina Rincón, quien será nuestro hilo conductor en esta historia de buenas y malas noticias.

Estas mujeres, con la infatigable fuerza que Ernestina describe en su día a día, enfrentan esta travesía, algunas acompañadas de sus hijos pequeños, ataviadas de sus trajes culturales, dando pasos firmes hacia la pactada reunión.

En Aguablanca, la travesía es aún más ardua: ocho horas de caminata, en las partes bajas, mientras los que habitan las partes altas saben que les espera un día entero de esfuerzo.

“Internamente hay otros caminos que conectan con Cerrito y Concepción. Pero son peligrosos porque aparecen fieras, como culebras. Así que la comunidad, por su seguridad, ya no transita por rutas como la de Támara a Concepción, para evitar los peligros que ya se han presentado”, afirma Mina, haciendo un recordatorio de las dificultades que deben sortear para poder exigir el tan esquivo derecho a la educación.

Viajando en busca de respuestas

Los U’wa: la lucha por la educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.
Los U’wa: la lucha por la educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.

Desde el caserío de ‘Puerto Picho’, el viaje continúa para llegar a Samoré, Norte de Santander. De allí hay que bajar una hora hasta llegar a Cubará, un pequeño municipio boyacense. Aquí el grupo hace una pausa, antes de continuar a su destino: Bucaramanga.

Cubará es un punto de transición: de ahí se toma un bus hasta Pamplona y, de Pamplona, otro hasta Bucaramanga. La ciudad, de donde esperan regresar con respuestas satisfactorias para su comunidad. Todo este viaje les tomó aproximadamente tres días para reclamar el derecho a la educación.

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“La caña se utiliza de manera artesanal, se saca, se muele y eso se utiliza para endulzar las diferentes bebidas de la comunidad, como la chicha de yuca, la chicha de maduro y la chicha de banano. Esto es algo que se consume mucho en las familias U’wa”, recalca Ernestina, siendo esta una excelente manera de celebrar la labor que esperan se lleve a cabo con éxito.

En un país donde las comunidades indígenas han sido sistemáticamente ignoradas, los U’wa han logrado organizarse y abrir espacios de diálogo con el Estado. No obstante, aun con los esfuerzos realizados, su historia sigue siendo una crónica de lucha contra la discriminación, el olvido y la invasión de sus territorios. La resistencia no es solo una cuestión de supervivencia, sino una defensa de su identidad, sus costumbres, su lengua y su cosmovisión.

El Hilo de la Resistencia: La Batalla de los U’wa por la educación, la salud y su dignidad

Los U’wa: la lucha por su educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.
Los U’wa: la lucha por su educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.

Dentro de este contexto, una mujer ha sido testigo de un proceso que se ha ido tejiendo con hilos de paciencia, persistencia y fortaleza. Ernestina Mina Rincón, una santandereana que, gracias a los cabildos, logró ingresar a la comunidad y ha acompañado desde hace ocho años a los asentamientos U’wa en Santander con su proceso de acercamiento al gobierno. Ella impulsa un diálogo que busca algo más que promesas: busca el reconocimiento de sus costumbres, su identidad y, sobre todo, de sus derechos.

Con su ayuda y el liderazgo de los cabildos Alexis Correa Valencia y Freddy Reyes Aguablanca, las conversaciones con el gobierno santandereano han tenido un objetivo claro: que la inversión pública en los territorios indígenas se haga de manera respetuosa y acorde a las tradiciones y normas de la comunidad.

A su llegada a Bucaramanga acudieron al Palacio Amarillo para hablar con la secretaría de Educación de Santander, María Paola Suárez Morales. Mientras se dirigían al Centro de la gente observaba con curiosidad a las mujeres U’wa que se encontraban vestidas con un traje hecho de palma, firmemente amarrado a su cintura. A pesar del fiero sol, andaban descalzas.

“Los trajes que llevamos son culturales, es un traje representativo. Carga un mensaje acerca de la interculturalidad de la comunidad indígena. Las personas se acercan y preguntan por qué están vestidos de esta manera. Nosotros respondemos que se usan especialmente cuando se tienen que tocar temas propios de la comunidad”, cuenta Ernestina, mientras espera pacientemente a la reunión pactada en la Secretaría de Educación de Santander.

El diálogo empezó tímidamente durante la administración de Didier Tavera, el primer gobernador de Santander que hizo una inversión directa en la comunidad. En 2016, la construcción de un puente en el asentamiento de Támara, municipio de Concepción, surgió como respuesta a una tragedia repetida. “Antes nosotros teníamos que pasar por un río, que era muy caudaloso, y por eso se ahogaban animales y personas. Queremos agradecer, que, en su momento, se creyó en el proceso de las comunidades”, recuerda Ernestina, quien tiene muy presentes las batallas que han tenido que enfrentar.

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Para las comunidades U’wa, este no fue solo un proyecto de infraestructura; fue una muestra de que el gobierno de Santander, aunque tarde, comenzaba a escuchar sus voces. El puente que facilitó el paso y creó un acceso más seguro, se convirtió en un grito silencioso de justicia.

“La comunidad se sintió amparada por el Estado, en este caso Santander. Empezamos a recibir una inversión”, dice Ernestina, pero se ve interrumpida. “Yo la dejo, que ya llegó la Secretaria de Educación…”, me dice mientras se va apurada; ahora es mi turno de tomar prestada algo de su paciencia y calma, y esperar.

Mientras la espero, observo a mi lado a las niñas U’wa, quienes pacientemente, lo que parece un común denominador en su historia, aguardan distraídas viendo caricaturas en su celular a que se defina su lugar de estudio.

Una hora y media después, Ernestina vuelve y después de dar un parte de tranquilidad. Retoma rápidamente el hilo de la historia.

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Con el cambio de administración, Mauricio Aguilar, gobernador entre 2019 y 2023, continuó con este proceso. En Támara y Taburetes, se construyeron dos sedes de la Institución Educativa Siuyaskuba, una obra que representó más que aulas: fue la dignificación de los espacios educativos de los niños U’wa.

“Es un reconocimiento a la etnoeducación, se abrieron las puertas, se nombraron los primeros profesores. Nunca en la historia se había construido una escuela dentro de los resguardos; debían estudiar en una maloca, con barro y agua que se filtraba, y muchas veces sentados en el suelo”, comenta Mina, quien cree que, como cualquier colombiano, merecen tener acceso a una educación de calidad.

Por su parte, la salud, uno de los mayores desafíos, seguía siendo una asignatura pendiente. En los resguardos U’wa, la medicina tradicional era la única opción ante la ausencia de atención estatal. Los enfermos, especialmente los niños, sufrían por falta de desparasitación, de tratamientos básicos y de prevención. Por años, la comunidad exigió al gobierno que enviara una comisión de salud. Tras varios encuentros y plantones, que desafiaron la paciencia y resistencia de la comunidad, finalmente se envió la primera comisión de salud, cosa que, vergonzosamente para Santander, nunca había ocurrido.

Esto germinó en la creación de la Institución Prestadora de Salud Indígena (IPS) Agu’Watautam, un puesto de salud que ofrece servicios de medicina general, odontología, bacteriología y promoción y prevención de la salud. Toda esta atención proporcionada las 24 horas del día.

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Desafíos persistentes: La larga espera por cumplimiento en los territorios U’wa

Los U’wa: la lucha por la educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.
Los U’wa: la lucha por la educación que retumba en las montañas. Foto: Marco Valencia.

A pesar de estos avances, los desafíos persisten. La Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS) ha realizado inversiones en el tratamiento del agua, pero estas no han sido suficientes. “Lamentablemente, es muy poco lo que se ha logrado, porque en el asentamiento hay de 400 a 500 familias y apenas se han podido cubrir, hasta este momento, aproximadamente 100″, afirma Ernestina, quien con impotencia, pero esperanzada, cree que pronto mejorará esta situación.

Y mientras las autoridades se comprometen, el pueblo U’wa no olvida. “Creemos que es tiempo de Santander y tiempo de las comunidades indígenas. Las instituciones deben estar dentro del resguardo, y no el resguardo tener que salir a buscar a las instituciones. El Estado se ha comprometido varias veces y no ha cumplido, como podemos ver con los indígenas Embera en Bogotá”, recalca Mina, recordando cómo las luchas de las naciones indígenas no son aisladas.

Hace 17 años que no los visita un gobernador de Santander a sus resguardos. En todo este tiempo se estancó un abandono constante. La comunidad, cansada de la indiferencia tuvo que salir de sus tierras, a reclamar las condiciones mínimas para vivir. Hoy las montañas siguen siendo testigos de su lucha, pero también esperan respuestas.

En una reunión franca entre la Secretaría de Educación de Santander y la comunidad U’wa se discutió el avance del proyecto educativo, tan esperado por la comunidad. “Aunque inicialmente se firmó un convenio con el municipio de Cerritos para destinar $3.500 millones, ellos no pudieron cumplirlo, lo que obligó a deshacer el acuerdo”, lamenta la Secretaria de Educación, María Paola Suárez Morales. Sin embargo, se acordó retomar el proceso y redirigir el recurso a la Asociación Asou’wa, quienes serán los encargados de construir su propia escuela. “Además, se firmará un nuevo convenio entre la Secretaria de Educación y la Secretaria de Infraestructura, con el compromiso de un seguimiento cercano, día a día, para asegurar que se cumpla la fecha de firma acordada”, concluye la funcionaria, no sin antes agregar que el recurso, que se les aseguró, será respetado y que el proceso continuará con transparencia.

Ahora, con la firma de este convenio programado para el próximo 27 de diciembre, se promete la construcción de una nueva escuela en la comunidad de Aguablanca, que se sumará a las ya existentes en Támara y Taburetes.

“En esa construcción va a operar la parte administrativa del colegio Siuyaskuba, además de que será la institución educativa de más de 200 niños, que no cuenta con un espacio para estudiar en el 2025. Había una escuela vieja en ese sector, pero por motivos de deterioro y una falta de mantenimiento, se derrumbó”, comenta Ernestina, enfatizando lo crucial de que esta obra se lleve a cabo en los tiempos estipulados.

Sin embargo, aún falta mucho por hacer. La comunidad sigue exigiendo, con firmeza, que se construyan al menos seis nuevas escuelas, un hospital adecuado y que se resuelvan los problemas de acceso al agua.

“El camino es largo porque nosotros tenemos que construir, entre otras cosas, un puesto de salud con enfoque diferencial, que se conoce como ‘malocas de salud’”. Dentro del resguardo, la exigencia de la comunidad es que allí funcione el hospital; para ellos es muy difícil salir al pueblo, no hay transporte. La institución debe ir a ellos, no ellos a la institución”, concluye Ernestina mientras se despide.

Son casi dos días de viaje de regreso, que emprenderán el miércoles desde muy temprano, para llegar a Cubará el jueves.

“En nuestro caso, vamos paso a paso, vamos con paciencia, pero exigiendo el cumplimiento. La paciencia es una cosa y los compromisos son otra muy diferente”.

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Publicado por: Laura Juliana Flórez

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