El Mesón de los Búcaros, uno de los más emblemáticos puntos de la ciudad, ha tenido varias transformaciones a lo largo del tiempo. ¡Aquí le mostramos las principales variaciones que ha tenido ese lugar!

En la sección del recuerdo de Vanguardia, hoy evocamos los ‘giros’ que ha tenido la glorieta del Mesón de los Búcaros, un ícono de la capital santandereana que, durante décadas, ha marcado el punto de encuentro entre el pasado y el progreso.
Hoy, donde antes se ‘entrelazaban’ los vehículos en una danza ordenada alrededor de la rotonda, se levantan intercambiadores viales y deprimidos que buscan aliviar la congestión vehicular.
Pero la memoria de la añeja glorieta, que hoy es más moderna, persiste en el corazón de los bumangueses, evocando una época en la que el ritmo vial de la ciudad era otro.

Construida a inicios de los años 70, bajo las administraciones de los alcaldes Jaime Trillos y José Luis Mendoza, la glorieta del Mesón de los Búcaros se erigió junto a la de la Puerta del Sol, otra emblemática rotonda que también cedió su espacio al desarrollo vial.
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Su nombre provenía de un sitio entrañable para los santandereanos: el Mesón de los Búcaros, un restaurante fundado en 1956 que, durante casi seis décadas, fue testigo de innumerables tertulias, reuniones familiares, cenas y encuentros de amigos. Varias generaciones disfrutaron de ese lugar, que fue demolido en el año 2014.

Pero no solo el Mesón de los Búcaros y su glorieta han sido protagonistas en la transformación urbana de Bucaramanga. En esta zona también existieron fincas y cuerpos de agua que marcaron la historia local. La finca San Alonso y el lago de los hermanos Alarcón, que en su momento fueron espacios de recreación y descanso, cedieron su lugar al crecimiento de la ciudad.
Los hermanos Yepes, herederos del legado del Mesón de los Búcaros, saben que el destino de su restaurante está ligado a la evolución de la urbe, aunque aceptarlo no deja de ser doloroso. Su negocio familiar fue testigo del cambio en la dinámica de la ciudad, desde el auge de la glorieta hasta su extinción.
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En los años 90, los gobernantes de turno demolieron la vieja glorieta del Mesón de los Búcaros y le dieron paso a un paso vehicular, estilo ‘pentágono’, que se convertiría en un fracaso intercambiador de vías. (Ver foto)

Fue durante la administración del entonces alcalde, Fernando Vargas Mendoza, cuando se diseñó la estructura que hoy conocemos: se volvió a construir la glorieta, se adecuó sobre ella un hermoso parque y, mejor aún, se diseñaron pasos entre sí que mejoraron de manera sustancial la movilidad de oriente a occidente y de norte a sur. Todo ese proceso comenzó a ejecutarse en 2014. (Ver foto)

En el imaginario colectivo de los bumangueses se preservó la imagen de la glorieta del ayer, con su flujo constante de vehículos y peatones, un punto crucial para quienes se dirigen al centro, a la Costa Atlántica o hacia Cúcuta.

Hoy, en su lugar, los deprimidos viales marcan una nueva era en la movilidad de Bucaramanga. Sin embargo, la nostalgia por la glorieta del Mesón de los Búcaros de otrora época sigue viva, recordándonos que cada avance trae consigo el eco de lo que fue.

















