Bucaramanga
Lunes 17 de marzo de 2025 - 08:57 AM

Bucaramanga le dio ‘el último adiós’ al gran gestor cultural del Norte, Roso Fabián Mejía Villamizar

Fue un gran gestor cultural. Desde joven, a través de la Escuela de Arte, apoyó y descubrió el talento de muchos jóvenes de la Ciudad Norte de Bucaramanga. Ayer fue su sepelio. Veamos un pequeño perfil de su vida:

Roso Fabián Mejía Villamizar (q.e.p.d.) fue un líder cultural en los barrios de Ciudad Norte. Aquí lo vemos embelleciendo, junto a sus jóvenes, el mural del Seminario de Padres Somascos, en los límites entre los barrios Esperanza y Regadero. Esta obra se la regaló a la comunidad en julio del año pasado.
Roso Fabián Mejía Villamizar (q.e.p.d.) fue un líder cultural en los barrios de Ciudad Norte. Aquí lo vemos embelleciendo, junto a sus jóvenes, el mural del Seminario de Padres Somascos, en los límites entre los barrios Esperanza y Regadero. Esta obra se la regaló a la comunidad en julio del año pasado.

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Bucaramanga y sobre todo las vecindades de las Comunas 1 y 2, las del Norte, están de luto por la partida de uno de sus más grandes gestores culturales: Roso Fabián Mejía Villamizar. Él consagró toda su vida a la promoción del arte y la cultura entre la juventud de barrios como Regadero Norte, La Esperanza, Villa Mercedes, Kennedy, Café Madrid, La Juventud y Lizcano, entre otros.

Su nombre fue, es y será sinónimo de compromiso y su legado, sin lugar a dudas, permanecerá en la memoria de quienes encontraron en él una guía y una inspiración para sacar a flote su talento en una zona como Ciudad Norte, donde los jóvenes se ven expuestos a muchos riesgos por las difíciles condiciones económicas.

Este gestor cultural le dio vida a la Escuela de Formación Artística y Promoción Cultural Ciudad Norte en 2008. Desde allí, ‘casi que con las uñas’, debido a la falta de recursos, ofreció alternativas culturales y educativas a los jóvenes. Su empeño y pasión permitieron que cientos de ellos descubrieran el arte como una forma de expresión, crecimiento y superación personal.

Nació, vivió y nunca se fue del Norte, la zona de Bucaramanga en donde desarrolló su obra. Mejía Villamizar heredó de su familia lo que él llamaba “la vena del servicio” y, con los pocos instrumentos que logró conseguir, empezó a construir su sueño.

Él era un líder de las danzas, la música y las artes escénicas. Paz en la tumba de Roso Fabián Mejía Villamizar. Aquí lo vemos en una de sus puestas en escenas en la pasada Feria Ulibro.
Él era un líder de las danzas, la música y las artes escénicas. Paz en la tumba de Roso Fabián Mejía Villamizar. Aquí lo vemos en una de sus puestas en escenas en la pasada Feria Ulibro.

Recuerdo que su proyecto funcionaba inicialmente en un parque, pero pronto se hizo evidente la necesidad de un espacio propio. Fue así como, en 2008, con el apoyo del entonces alcalde Fernando Vargas Mendoza, la Escuela encontró su sede y comenzó a formar grupos de break dance, tamboras, danza y técnica vocal. Claro está que mucho antes, desde cuando apenas tenía 15 años, él ya había liderado grandes proyectos y destacaba por la promoción del teatro, la danza y la música.

Era ético, solidario y siempre defendió las causas sociales, la preservación del medio ambiente y los derechos humanos. El año pasado, en los límites entre el barrio La Esperanza y Regadero Norte, pintó un gigantesco mural, con mensajes ambientales, que exigía la no violencia contra la mujer, que celebraba la victoria del ‘Leopardo’ en el fútbol colombiano y que resaltaba el sentido de pertenencia por la ciudad.

Le encantaba promocionar sus mensajes en las emisoras comunitarias, defendía proyectos de compromiso e incluso fue parte activa de la conformación de las mesas de los Planes de Desarrollo de Bucaramanga durante varios gobiernos locales. Ese fue un trabajo que hizo de manera desinteresada, sin cobrar ni un peso, todo por el amor a sus comunas.

Gracias a su incansable labor, la Escuela Artística de Ciudad Norte se convirtió en un semillero de talentos y en una esperanza para los jóvenes de Bucaramanga. Ofrecía cursos de artes escénicas, promoción de lectura y escritura, talleres de programación neurolingüística, técnicas de dibujo y capacitaciones en tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

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Con cada una de esas iniciativas, Roso Fabián buscaba -y lo logró- fortalecer la identidad cultural de la ciudad y proporcionar herramientas para un futuro mejor: “La cultura es una expresión del ser primario, del ser que construye su vida, pero también la deconstruye”, afirmaba con convicción.

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Para él, el arte no solo representaba una forma de manifestación, sino también un camino para transformar realidades. Sabía que en el Norte de la ciudad los jóvenes enfrentaban dificultades y limitaciones, pero también comprendía que esas mismas circunstancias eran las razones por las que ellos anhelaban salir adelante y forjar un mejor futuro.

Mejía Villamizar nunca desistió de su proyecto de dignificación de la cultura en Bucaramanga. Conocido y respetado en su comunidad, su presencia era sinónimo de confianza y liderazgo. No solo formó artistas, sino que también inspiró a generaciones de jóvenes a creer en sus sueños y a trabajar por ellos.

Además de gestor cultural, Roso Fabián Mejía Villamizar fue un gran líder juvenil
Además de gestor cultural, Roso Fabián Mejía Villamizar fue un gran líder juvenil

Desde el Instituto de Promoción Cultural del Norte de Bucaramanga, que adecuó con el apoyo de manos amigas, hasta su incansable gestión por incluir el arte y la cultura en los planes de desarrollo municipal, Roso Fabián deja una huella imborrable. Su compromiso con la comunidad no solo se tradujo en proyectos tangibles, sino en una filosofía de vida: la creencia de que la cultura tiene el poder de transformar realidades y construir un futuro más justo y equitativo.

Quienes conocimos a Roso Fabián Mejía Villamizar lo recordaremos con gratitud y admiración, más allá de la tristeza que nos embarga su partida. Su legado seguirá vivo en cada nota musical, en cada paso de danza y en cada joven que encontró en el arte una razón para soñar y luchar. Como él mismo decía: “Escuchen su corazón, escuchen su ser y crean siempre en sus metas”. Porque allí donde haya un joven con un sueño, allí seguirá latiendo el espíritu de Roso Fabián.

Desde Vanguardia.com les enviamos nuestras más sentidas voces de condolencia a sus familiares, amigos y jóvenes que junto a él construyeron una gran escuela de arte.

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