Esta es la historia de un joven que convirtió las esquinas de Bucaramanga en los mejores escenarios para mostrar su talento. Vive del ‘rebusque’ en cada una de sus presentaciones artísticas.
Entre el bullicio de las calles y en las esquinas de Bucaramanga, cada vez que el semáforo da paso a los peatones y detiene el flujo vehicular, un joven se las ingenia para ‘cuartillarse’ unos cuantos pesos. Se trata de Janson Parada, oriundo de Boyacá, quien desafía la gravedad con un arte que no solo le permite ganarse la vida, sino también perseguir su sueño de ser artista.
Llegó a la ciudad con una meta clara: estudiar en la Escuela Municipal de Artes, EMA. Además, su pasión por las artes circenses lo llevó a buscar una forma de sustentarse mientras perfecciona su técnica.
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Cada día, junto a su pareja, transforma las intersecciones viales en escenarios improvisados, donde los conductores se convierten en público involuntario de su espectáculo. En los escasos segundos que dura la luz roja, Janson despliega su acto con precisión y entrega, girando en sintonía con el vaivén del tránsito.
En sus presentaciones él utiliza antorchas, arcos y balones con los que ofrece un espectáculo más atractivo: “Son recursos válidos y, en cierta medida, estos elementos hacen que los conductores se interesen más en este arte y, por ende, hacen retribuciones económicas que alivian mi bolsillo”.
El semáforo cambia y el aplauso se traduce en monedas. Algunos bajan la ventanilla y le entregan un billete doblado; otros, simplemente, observan sin expresión. “No siempre es fácil”, dice Janson, tras su exigente rutina. “Pero cada moneda es un espaldarazo, una muestra de que el arte sigue vivo en nuestras calles”.
“Esta es una forma digna de vivir”, relata. No obstante, señala que vive días muy fuertes como consecuencia de las inclementes temperaturas que registra la ciudad.
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Su arte no se limita a los semáforos. Por las tardes, regresa a las aulas, donde profundiza en técnicas que algún día le permitirán pisar escenarios más grandes. Con cada clase, su sueño toma forma, mientras el día a día le brinda la oportunidad de practicar nuevos movimientos bajo las luces intermitentes.
El circo ha sido su refugio y su forma de expresión. Forma parte de una comunidad de artistas callejeros que se apoyan y comparten aprendizajes. Sus malabares son muestras de resiliencia, lecciones de perseverancia y, sobre todo, pruebas de que el arte puede florecer incluso sobre el frío pavimento de la ciudad.
















