En la nostálgica sección del recuerdo de Vanguardia, hoy desempolvamos el baúl de las memorias para revivir la fascinante historia de transformación del Parque Centenario y del antiguo y bullicioso Sanandresito de Bucaramanga.

Pocos jóvenes de hoy saben que, el mítico Parque del Centenario de Bucaramanga albergó durante décadas un caótico centro comercial informal y un improvisado terminal de transporte.
Allí funcionó el viejo Sanandresito, con sus puestos de venta cubiertos por techos de lata y cartón, y fue también el punto de partida y llegada de taxis y busetas que transitaban sin orden por esta céntrica zona.

Sin embargo, mucho antes de que este desorden urbano se apoderara del lugar, el Parque del Centenario ya tenía su propia historia, una que se remonta a 1910.
En ese entonces, Eugenio Andrade, gobernador de Santander, soñó con conmemorar el primer siglo de la Independencia de Colombia con una obra que perdurara en el tiempo.

Por aquellos días, la familia Penagos extendía las redes de energía eléctrica en la región, utilizando una planta hidroeléctrica instalada en Floridablanca. Bucaramanga vivía una era de progreso y fervor patriótico, avivado por la memoria de los héroes caídos en la batalla de Palonegro. En honor a ellos, los restos de cuatro mil mártires fueron incinerados en el cementerio católico, mientras el gobernador Andrade ultimaba los detalles para la inauguración del que sería el quinto parque de Bucaramanga.
El 20 de julio de 1910, en un solemne acto cívico, fue inaugurado el Parque del Centenario, llamado así en honor a la histórica efemérides. Pronto se convirtió en un punto de encuentro para los bumangueses y en testigo del crecimiento de la ciudad. A un costado del parque, sobre la carrera 18, la familia Penagos estableció un taller que dio origen a la industria metalmecánica santandereana.
En 1928, con la apertura del Teatro Santander, el parque se transformó en el epicentro de la vida cultural de la ciudad. Sin embargo, en los años 60 su destino cambió radicalmente cuando la esquina suroccidental fue cedida para reubicar temporalmente a los vendedores ambulantes de la carrera 15. Lo que comenzó con apenas 12 comerciantes pronto se convirtió en un laberinto de casetas que, para 1962, había cubierto gran parte del parque, enterrando bajo estructuras de lata la fuente, las zonas verdes y los espacios peatonales. ¡Así nació el Sanandresito de antaño!

Al mismo tiempo, el costado norte del parque se convirtió en un terminal improvisado de transporte intermunicipal y nacional. Durante más de 25 años, autobuses y vehículos de servicio público transformaron el lugar en un punto neurálgico de tránsito caótico.
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Pero en 1987, todo cambió. El entonces alcalde, Plinio Silva Marín lideró una de las campañas de recuperación del espacio público más recordadas en la historia de Bucaramanga. Con la construcción de la nueva sede del Sanandresito La Isla, sobre la diagonal 15 con calle 56, el Parque del Centenario fue despejado. Entre la noche del 31 de octubre y la madrugada del 1 de noviembre de ese año, las casetas fueron desmanteladas, liberando el espacio ocupado durante años.
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Más adelante, en la administración de Alberto Montoya Puyana, las empresas de transporte también fueron trasladadas, y el parque recuperó su esencia original.

Hoy, aunque el Centenario no es exactamente el mismo de 1910, su restauración le devolvió su propósito inicial: ser un pulmón verde y un punto de encuentro para la ciudad. Así, este icónico parque sigue siendo un testigo silencioso de la transformación de Bucaramanga y de su espíritu resiliente.
















