Las cosas buenas
Miércoles 15 de julio de 2026 - 07:01 PM

La carta que nació en un salón de clases y llegó al corazón de Venezuela

Lea la carta que cruzó la frontera. Fue escrita por una niña de Girón, Jennyfer Sierra Celis, quien convirtió su tierno mensaje en un puente de solidaridad con los niños damnificados con los terremotos de Venezuela.

La niña Jennifer Sierra Celis redactó una carta para decirles a los niños de Venezuela, afectados por los terremotos, que no están solos. Aquí aparece la menor junto a sus padres, Marcos Fidel Sierra y Luz Elena  Celis; y su hermanito Dylan Joel Sierra Celis.
La niña Jennifer Sierra Celis redactó una carta para decirles a los niños de Venezuela, afectados por los terremotos, que no están solos. Aquí aparece la menor junto a sus padres, Marcos Fidel Sierra y Luz Elena Celis; y su hermanito Dylan Joel Sierra Celis.

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Entre cajas con alimentos, productos de aseo, carpas y ayudas destinadas a las familias afectadas por los recientes terremotos en Venezuela, apareció un sobre que no pesaba ‘casi nada’. Sin embargo, era quizá uno de los envíos más valiosos. No contenía dinero, documentos oficiales ni una solicitud. Guardaba apenas unas cuantas líneas escritas con letra infantil, pero con un corazón inmenso.

La carta que lleva más cariño que papel.
La carta que lleva más cariño que papel.

La autora era Jennyfer Sierra Celis, estudiante de séptimo grado de la sede E de la Institución Educativa Angulo, en la vereda Guaymaral, de Girón. Ella nunca ha estado en Venezuela ni conoce a los niños que recibirán su mensaje. Tampoco sabe sus nombres. Solo sabe que están viviendo momentos difíciles y sintió que debía decirles algo.

“Que se cuiden mucho, que los quiero con mi corazón mucho y que les deseo mucha suerte”, escribió con la sencillez con la que los niños expresan los sentimientos más profundos.

Su carta llegó al Banco de Alimentos de Bucaramanga mientras la entidad organizaba el envío de ayuda humanitaria que será entregada en Caracas por Caritas Venezuela, dentro del programa Dos países, una historia.

Entre mercados y elementos de primera necesidad, aquel pequeño sobre llamó la atención de quienes preparaban el cargamento. Detrás de ese gesto había una historia que había comenzado días antes en un salón de clases.

La docente Octavia Emilia Bautista les propuso a sus estudiantes reunir un mercado para los niños afectados por la tragedia y acompañarlo con una carta. La idea era que cada alimento llevara también un mensaje de esperanza, como si cada niño santandereano pudiera tender la mano, desde la distancia, a otro niño que hoy enfrenta la incertidumbre.

Jennyfer no dudó. Se sentó a escribir sin pensar en discursos ni grandes palabras. Lo hizo como lo hacen los niños: con absoluta naturalidad. Imaginó que, al otro lado de la frontera, alguien podría sentirse un poco menos solo al leer su carta. ¡Y tenía razón! Quienes encontraron el sobre comprendieron que la ayuda humanitaria no siempre se mide en toneladas. También puede viajar doblada en una hoja de papel, escrita con una caligrafía temblorosa y cargada de esperanza. Hay palabras capaces de aliviar el miedo, de despertar una sonrisa y de recordarle a alguien que, aunque no lo conozcan, hay personas pensando en él.

Nació una tierna campaña solidaria

La carta de Jennyfer conmovió tanto al equipo del Banco de Alimentos que decidieron convertir aquel gesto espontáneo en una iniciativa mucho más grande.

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Ahora, junto a las ayudas materiales, viajará una urna repleta de cartas escritas por niños colombianos para los niños venezolanos. Cada mensaje será un abrazo que no necesita pasaporte, una muestra de que la solidaridad también puede escribirse.

La invitación ya comenzó a extenderse a otras instituciones educativas del departamento. Decenas de niños están llenando hojas con dibujos, palabras de ánimo y deseos de esperanza para quienes hoy intentan reconstruir sus vidas después de la tragedia.

Gladys Rocío Ramírez Jurado, coordinadora Administrativa del Banco de Alimentos.
Gladys Rocío Ramírez Jurado, coordinadora Administrativa del Banco de Alimentos.

A esta cadena de afecto se sumaron también los estudiantes de la Institución Educativa La Cumbre, quienes escribieron mensajes dirigidos a los niños venezolanos. La docente Milena impulsó la actividad convencida de que la empatía también se enseña y de que un gesto sencillo puede dejar una huella profunda.

Así, el programa Dos países, una historia adquiere un significado que va más allá de transportar mercados o elementos de primera necesidad. También moviliza afecto, ternura y esperanza.

Porque, a veces, una niña que decide escribir unas cuantas líneas puede lograr algo extraordinario: recordarnos que la solidaridad no entiende de fronteras y que una carta, por pequeña que sea, puede convertirse en el abrazo que más necesita otro niño.

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