La propia comunidad levanta de nuevo la casa espiritual del barrio La Joya.

Lo que durante años fue una preocupación por el deterioro de la cubierta del templo, hoy es una obra en marcha gracias al esfuerzo de una comunidad que decidió unirse para recuperar la casa de fe que ha acompañado por décadas al barrio La Joya, adscrito a la Comuna 5 de Bucaramanga.
¡En efecto! Los trabajos de cambio total del techo de la parroquia del Inmaculado Corazón de María ya comenzaron. La antigua estructura fue retirada y, por estos días, la imagen del templo es distinta: la iglesia permanece a la intemperie, como una señal visible del proceso de transformación que permitirá darle una nueva cubierta y garantizar la conservación de este importante espacio espiritual.
Detrás de esta obra hay una verdadera cruzada cívica y de fe. Feligreses, vecinos y amigos de la parroquia han sumado esfuerzos para hacer realidad un proyecto que busca devolverle al templo la protección que necesita después de años de afectaciones causadas por el paso del tiempo y las filtraciones.
Situada en la Calle 37 No. 7 occidente - 55, la parroquia del Inmaculado Corazón de María ha sido durante décadas un refugio espiritual para cientos de familias del sector. En sus espacios se han celebrado bautizos, matrimonios, despedidas y momentos de encuentro que hacen parte de la memoria colectiva del barrio.
Ahora, mientras avanza la reconstrucción de la cubierta, la comunidad está llamada a seguir acompañando esta obra que nació desde el compromiso de quienes sienten este templo como parte de su propia historia.

El párroco Duwer Enrique Méndez Vargas, quien lidera este proceso, destaca que la renovación del techo representa mucho más que una intervención física: “No se trata solo de cambiar un techo; la idea es proteger la casa de Dios y el lugar donde tantas generaciones han celebrado su fe”, expresó el sacerdote, al invitar a la comunidad a continuar vinculándose con esta causa. (Le puede interesar: Cruzada solidaria busca proteger la parroquia del Inmaculado Corazón de María)
La principal estrategia de apoyo económico ha sido un bono solidario que permite a los ciudadanos aportar a la obra. Cada contribución representa una teja simbólica de la nueva cubierta y un gesto de gratitud hacia una parroquia que ha acompañado la vida espiritual de muchas generaciones.
Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse al teléfono 3219923725 para conocer las diferentes formas de apoyar este proyecto.
Publicidad
El cambio del techo se ha convertido en un ejemplo de unión comunitaria. Más allá de los materiales y la obra de ingeniería, cada aporte refleja el sentido de pertenencia de quienes quieren ver nuevamente al templo protegido y funcionando plenamente.
Hoy la parroquia luce temporalmente descubierta, pero esa imagen también representa esperanza: bajo esa estructura abierta al cielo se está preparando el renacer de un templo que pronto volverá a recibir a sus fieles con una nueva cubierta.
Algo del ayer

La historia de esta parroquia está profundamente ligada al crecimiento del barrio La Joya, construido por el desaparecido Instituto de Crédito Territorial. En sus comienzos funcionó como Vicaría y estuvo bajo el cuidado pastoral de los Padres Claretianos. Posteriormente, tras su retiro de Bucaramanga, el 19 de marzo de 1967 fue erigida como parroquia y se nombró como primer párroco al padre José Luis García, quien inició la construcción del templo. Más adelante, el padre Gilberto Serrano Ferreira edificó la casa cural.
A lo largo de los años, diferentes sacerdotes dejaron su huella en esta comunidad: Conrado Giraldo M.F. (1964), Héctor Roa Medina M.F. (1965), Efraín Gaitán C.M.F. (1966-1967), José Luis García (1967-1971), Gilberto Serrano Ferreira (1971-1977), Jorge E. Vargas (1977-1985), Rodrigo Lozano Cote (1986-1995), Luis Antonio García Lemus (1995-2000), Luis Antonio Orozco (2000-2007), Heberth Monsalve Villabona (2007-2012), Marco Aurelio Celis (2012-2013), Maximiliano Cruces (2013-2018), Orlando Caicedo Arciniegas (2019) y el actual párroco, Duwer Enrique Méndez Vargas.
Hoy, la parroquia del Inmaculado Corazón de María escribe un nuevo capítulo de su historia. Mientras el templo espera su nueva cubierta, la comunidad demuestra que la fe también se construye con manos solidarias, con compromiso y con el deseo colectivo de conservar un lugar que ha sido símbolo de encuentro y esperanza.
















