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Miércoles 15 de julio de 2026 - 05:33 PM

El chocolate con el que Jennifer volvió a levantarse tras la violencia en Santander

La Unidad para las Víctimas acerca su oferta de reparación a los municipios de Santander a través de una historia de superación con cacao.

Con estas ferias, la Unidad para las Víctimas acerca los servicios de reparación a los municipios de Santander.
Con estas ferias, la Unidad para las Víctimas acerca los servicios de reparación a los municipios de Santander.

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Publicado por: Danilo Cárdenas

Las manos de Jennifer conocen el cacao mejor que muchas otras cosas de su vida. Lo funden, lo templan, lo vierten en moldes. Ella lo explica como quien enseña algo más grande que un oficio: el grano pasa por un proceso largo: secado, tostado y molienda antes de volverse una tableta fina. “Así pasamos nosotras, las mujeres que hemos sido víctimas”, dice. “Tenemos que atravesar todo ese proceso hasta convertirnos en un chocolate fino. O en una mujer que puede hablar de estos temas sin dolor.”

No siempre fue así. En 2016, siendo una mujer citadina, profesional y madre de tres hijos, Jennifer fue desplazada y víctima de violencia sexual. Tenía 31 años. Durante mucho tiempo pensó en rendirse; al mirar atrás, veía a sus tres hijos. Esa fue la razón para no soltarse. De ese fondo surgió una decisión: hablar. “Muchas niñas y mujeres no lo hacen”, explica. Así nació una asociación para acompañar a otras sobrevivientes y, con ella, su emprendimiento: Chocolates Amor.

El giro no ocurrió solo, sino a través de una puerta que muchas víctimas ni conocen. Mediante una convocatoria de la Unidad para las Víctimas, Jennifer se postuló a un cupo en el SENA, donde las víctimas tienen prioridad, y se formó como técnica en elaboración de productos de panela, azúcar y chocolatería. De las 23 personas que iniciaron el proceso, solo ella se tituló. Fue en plena pandemia y muchas se retiraron. Se sostuvo gracias a una herramienta del SENA que le permitió hacer las prácticas en su propio negocio y recibir medio salario mínimo. “Todo ese conocimiento fue oro: marketing, redes sociales, contabilidad”, dice.

Jennifer, víctima del conflicto y emprendedora de Chocolates Amor, se formó en el SENA gracias a una convocatoria de la Unidad para las Víctimas. Hoy acompaña a otras mujeres sobrevivientes en Santander.
Jennifer, víctima del conflicto y emprendedora de Chocolates Amor, se formó en el SENA gracias a una convocatoria de la Unidad para las Víctimas. Hoy acompaña a otras mujeres sobrevivientes en Santander.

La Unidad no la soltó de la mano. A través de su programa de emprendimiento sumó convenios con el SENA y otras entidades. Ese entramado, el Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas (SNARIV), llevó su chocolate más lejos de lo que imaginó. Con apoyo de la Vicepresidencia, el Fondo Mujer y la Federación Nacional de Cacaoteros, fue seleccionada para representar al país a en un encuentro de mujeres cacaocultoras en Ghana.

Fueron 22 mujeres; ella, la única santandereana. “Cuando decían ‘la única santandereana’, se me salía el orgullo”, cuenta.

Hoy, buena parte de su tiempo se va en devolver lo aprendido. Dicta talleres gratuitos, con sus propios recursos, para mujeres que han sobrevivido a la violencia: les enseña a elaborar chocolate para generar ingresos sin dejar de estar con sus hijos. “Si mis hijos, siendo niños, pudieron hacerlo, ¿cómo no iba a poder yo?”, dice.

Su mensaje más insistente no es el cacao. “A veces se nos olvida que ser víctima no es solo recibir una indemnización, sino poder sanar”, afirma. Ella lo hizo, en parte, gracias al acompañamiento psicosocial de la Unidad: encuentros con otras mujeres en los que comparten lo vivido. “Lo que no se habla, no se cura”.

Reivindica también las convocatorias educativas , ha postulado tres veces a la financiación universitaria para un hijo, y la calidad humana de los funcionarios. “No podemos quedarnos en el ‘víctima, pobrecito’.”

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Esta semana, esa oferta se acerca al territorio. Este 15 de julio, San Vicente de Chucurí será sede de una feria institucional con las entidades del SNARIV: empleo, emprendimiento, formación del SENA y servicios complementarios. El 17 de julio, la feria se repetirá en Oiba. La estrategia, coordinada desde la Dirección Territorial Santander, busca llevar los servicios hasta el propio municipio de las víctimas para que accedan a ellos sin desplazarse.

Jennifer, que empezó por una de esas convocatorias, es hoy el rostro que la institución quiere mostrar. Su invitación es directa: “Entiendo lo que es estar deprimida y no tener ganas de salir adelante. Pero podemos hacerlo”. Y cierra con la frase que repite en cada taller, mientras el chocolate se enfría en los moldes: “Si yo pude, tú puedes”.

Publicado por: Danilo Cárdenas

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