Bucaramanga, ayer y hoy: El siglo pasado, la avenida Quebradaseca era un camino de tierra por donde pasaban mulas entre Bucaramanga y Rionegro. Tras décadas de intervenciones, hoy luce renovada, dejando atrás su accidentado pasado.

En 1909, la zona que hoy conocemos como avenida Quebradaseca era conocida como el atajo del ‘Llano de Don Andrés’. Allí, donde hoy cruzan la carrera 15 y la calle 28, apenas pasaban mulas entre Bucaramanga y Rionegro.
El sitio era inhóspito, sin trazos de urbanismo, y los pocos carruajes que se aventuraban por ese terreno enfrentaban enormes dificultades para cruzarlo.
Según las estadísticas de los historiadores, en la ciudad solo existían 182 autos de plaza, 49 de servicio particular, 13 motocicletas, 66 carros de dos ruedas, 230 de mano y 298 bicicletas. Se escriben estas cifras porque la ciudad pedía una vía nueva.
Así las cosas, los alcaldes de ese entonces, asesorados por ingenieros, diseñaron un trazado vial que, para la época, sería todo un megaproyecto y que, en las letras de molde de los periódicos y de los medios de comunicación, se leyó así: Avenida Quebradaseca.

El plan era simple en apariencia pero complejo en ejecución: rellenar el cauce con basura hasta lograr una base que permitiera construir una vía.

Muchos coincidieron en el peligro que se corría al edificar sobre tierra tan poco consolidada. Geólogos de la época conceptuaron que el afluente seguiría haciendo un cauce por arrastre, lo que ocasionaría más erosión en la zona. No en vano siempre se ha dicho que Bucaramanga es como una ‘esponja’, que absorbe todo el líquido que le cae.
Varios técnicos franceses, que habían llegado a esta ciudad, precisaron que la descomposición del material orgánico era una ‘bomba de tiempo’ y que la acumulación de gases, generados por la basura, podría ser un detonante en cualquier momento.

Pese a ello, sobre ese improvisado terreno se levantó la avenida. Y pronto comenzaron los hundimientos en el camino de polvo y piedras, azotado por el tránsito de carruajes y luego por edificaciones e industrias que presionaban más el frágil suelo.
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Para 1947, un colector de aguas negras fue instalado de manera rudimentaria y con ladrillo, lo que agravó la situación.

Décadas más tarde, en 1994 y 1995 se registraron dos hundimientos colosales en las carreras 15 y 17. Las entrañas de la avenida, llenas aún de la basura centenaria, empezaban a colapsar. Fue entonces cuando muchos empezaron a llamarla la ‘Quebrada…hueca’.

Al año siguiente, se reemplazó parte del relleno con material sólido y geotextil, y la Cdmb asumió el control con estudios e inspecciones subterráneas a través de perforaciones, llamadas caisson, que permitieron ingresar al colector para monitorear su estado.

Hoy, la Quebradaseca es otra. Donde antes solo pasaban mulas y se acumulaban residuos, ahora circulan carros. A la altura de la carrera 15 se construyó una glorieta moderna, con carriles de 15 metros para facilitar el flujo vehicular.
La ciudad espera que, con esta transformación, la vieja avenida deje atrás su historia accidentada y se consolide como un eje clave de la movilidad.


















