Fue presentada la Hoja de Ruta para la Transformación de los Sistemas Alimentarios de Santander, una apuesta por un futuro justo, sostenible y regenerativo, con los labriegos como protagonistas silenciosos de una revolución verde que ya germina.

Los ciudadanos conocimos oficialmente la Hoja de Ruta para la Transformación de los Sistemas Alimentarios de Santander, un proyecto que promete articular esfuerzos entre gobierno, academia, sector privado y organizaciones sociales para reconfigurar la manera en que producimos, consumimos y valoramos los alimentos.
La noticia fue celebrada, de manera especial, por los campesinos, guardianes de nuestra tierra, quienes hoy producen más del 60 % de lo que consumimos los santandereanos.
Esta Hoja de Ruta, impulsada por la Gobernación de Santander; la Universidad de Santander, UDES; y la Coalición para la Alimentación y el Uso del Suelo, FOLU Colombia, no es solo un documento técnico, sino una guía para la acción colectiva, con un objetivo ambicioso: hacer de Santander un modelo nacional de sistemas alimentarios saludables, sostenibles y regenerativos.

“Nuestra misión es clara: construir un sistema alimentario justo, sostenible y regenerativo en armonía con la protección de la vida y el bienestar de nuestras comunidades”, afirmó el gobernador Juvenal Díaz Mateus, destacando la importancia de diversificar la producción desde el territorio y con enfoque nutricional.
Pero detrás del lenguaje institucional, hay manos encallecidas que siembran futuro. Ana Mercedes Flórez Ochoa, presidenta de la Federación de Mercados Campesinos Agroecológicos, lo dijo sin rodeos: “Somos nosotros los que cuidamos el agua, las semillas y el territorio. Es importante que la academia se vincule de verdad con las organizaciones campesinas y que los proyectos no se queden en el papel”. Su llamado a un seguimiento riguroso del plan reflejó la expectativa de cientos de comunidades rurales que ven en esta hoja de ruta una esperanza, pero también un reto.
El proceso de elaboración incluyó a más de 450 actores clave de todas las provincias del departamento, representando un mosaico de voces que incluye a agricultores, académicos, empresarios, líderes sociales y entidades gubernamentales. Todos, desde sus saberes y oficios, coincidieron en la urgencia de cambiar el rumbo de un sistema alimentario que, hasta ahora, ha sido injusto con quienes lo sustentan.
Claudia Martínez Zuleta, directora de FOLU Colombia, explicó que el trabajo comenzó con un diagnóstico profundo sobre la realidad alimentaria del departamento: “Entendiendo en qué estamos hoy, pero sobre todo visualizando cómo los sistemas alimentarios pueden ser motores de desarrollo, equidad e inclusión”.

Desde la academia, el rector de la UDES, Patricio López Jaramillo, puso el acento en el valor de la nutrición desde los primeros días de vida. “No hay posibilidad de tener colombianos competitivos si no cuidamos la capacidad humana desde la gestación. Esta hoja de ruta es también un compromiso con las futuras generaciones”, subrayó.
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La Hoja de Ruta plantea acciones intersectoriales que abarcan desde el rescate de saberes ancestrales y el impulso a la agroecología, hasta la mejora en el acceso a alimentos nutritivos y la protección de la biodiversidad.
En palabras de la primera dama, Victoria Casallas Lozano, se trata de una apuesta por la salud y la educación alimentaria, vinculada a la lucha contra el cambio climático.
Con esta iniciativa, Santander se propone ser un ejemplo nacional, no solo por lo que produce, sino por cómo lo produce: respetando la tierra, revalorizando el trabajo campesino y promoviendo una cultura alimentaria más consciente.
Ahora, el reto será sembrar compromisos reales en cada rincón del departamento. Porque como bien dicen en el campo: la tierra da, pero también espera. Y esta vez, los campesinos exigen que la cosecha del futuro sea digna y compartida.
















