El sentido del deber con sus pacientes, cuyo 80 % son del régimen contributivo, subsidiado y provenientes de zonas rurales o municipios sin acceso a atención especializada, mantiene a la clínica con su unidad abierta; no obstante, se hace llamado para no colapsar.

Mientras varias instituciones de salud en el área metropolitana de Bucaramanga se han visto obligadas a cerrar o a suspender sus servicios materno-infantiles, la Clínica Foscal continúa firme en su misión de ofrecer atención integral, digna y de alta calidad a madres gestantes, recién nacidos y sus familias.
Así lo destaca el doctor Jaime José Martínez, jefe del Departamento Materno-Infantil de la Foscal, quien subraya que, frente a esta difícil coyuntura, su equipo ha redoblado esfuerzos: “Más del 80 % de nuestros pacientes pertenecen a los regímenes contributivo y subsidiado, y cerca de una cuarta parte proviene de zonas rurales o municipios sin acceso a servicios especializados. No se trata de cifras ni de estadísticas, hablamos de humanidad. Aun si fueran solo unas pocas madres, su derecho a una atención digna debe ser garantizado”.

“A pesar de que la ocupación en las unidades de cuidados intensivos neonatales y pediátricos permanece al 100 % la mayor parte del tiempo, la Foscal sostiene su labor gracias a una política institucional basada en la humanización del servicio, el compromiso social y la atención especializada a la población más vulnerable”, señala el doctor Martínez.
Aunque se ha logrado mantener la prestación del servicio, reconoce que no ha sido fácil sostener este modelo, ya que las tarifas reconocidas por el sistema de salud no compensan la alta complejidad de los cuidados neonatales.
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Además, la clínica no ha recibido recursos adicionales pese a haber asumido parte de la demanda que antes atendían otras instituciones: “No trabajamos por rentabilidad, sino por responsabilidad. Cada madre que recibimos, cada bebé que sobrevive, es una victoria para la salud pública”, afirma.
El incremento en la demanda ha sido notorio: de atender alrededor de 250 partos al mes, la cifra ha llegado en algunos periodos a superar los 350.

Ante este aumento, la Foscal ha realizado esfuerzos para adaptar su infraestructura, conservar sus estándares médico-científicos y ampliar la capacidad de atención sin sacrificar la calidad. Sin embargo, la institución hace un llamado a la corresponsabilidad del sistema: “Nuestra capacidad es limitada. Hacemos todo lo posible, pero no podemos suplir todo lo que otros han dejado de ofrecer”, advierte el doctor Martínez.
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El desafío es enorme si se considera que un alto porcentaje de pacientes proviene del régimen subsidiado, y más del 25 % llegan desde zonas rurales y municipios de departamentos como Arauca, Cesar, Sur de Bolívar, Norte de Santander y Boyacá.
“Muchos de los bebés atendidos nacen con muy pocas semanas de gestación. La clínica, con su capacidad médica y tecnológica, ha logrado salvar la vida —y garantizar la calidad futura— de neonatos con tan solo 25 semanas. Vale decir que la tasa de mortalidad materna en la Foscal es de cero, lo que refleja el compromiso y la excelencia del equipo médico que lidera esta unidad”, agrega el doctor Martínez.
La atención humanizada no se limita a las madres. La Foscal también brinda acompañamiento a los familiares y crea espacios especiales para que los bebés en incubadoras puedan permanecer junto a sus padres durante el tratamiento, sin distinción de grupo social ni étnico: “Esta filosofía ha consolidado a la institución como un referente de atención materno-infantil en el nororiente colombiano”, señala.
“Finalmente, la clínica reafirma su compromiso de continuar recibiendo a las madres y a sus hijos, pero lanza una advertencia urgente: es imprescindible que las unidades materno-infantiles de otras instituciones permanezcan operativas, pues la capacidad actual de las que aún funcionan podría no ser suficiente en un futuro cercano”, puntualiza.


















