Mañana, 25 de julio, se conmemorarán los 55 años de la inauguración oficial del emblemático colegio INEM. Veamos un reseña de su pasado y presente.

En el remate de la calle 105 del barrio Provenza de Bucaramanga, donde el rumor del viento se mezclaba cada mañana con las voces jóvenes que corrían hacia sus sueños, se levantó un plantel que ya es leyenda. Hablamos de la Institución Educativa INEM Custodio García Rovira, que se prepara para conmemorar sus 55 años de historia.
Es algo más que un plantel, es el corazón mismo del saber popular, una casa grande donde se han formado más de 22 mil bachilleres que hoy son reflejo vivo de lo que significa la educación con propósito.

Caminar por sus pasillos es hacer un viaje al pasado y al porvenir. Cada aula guarda recuerdos, y cada rincón vibra con nuevas ideas. No hay espacio que no hable de transformación. Porque este colegio no solo entrega títulos: entrega dignidad, raíces y alas.

Si bien se inauguró en 1970, hay que decir que fue desde 1969, cuando tomó vida como parte de un ambicioso proyecto nacional de enseñanza media diversificada, el INEM asumió una misión: democratizar la educación con calidad. Y lo ha cumplido con una constancia que emociona.

Hoy más de cinco mil estudiantes -niños, niñas y jóvenes de los estratos populares- llenan sus ocho sedes con ilusiones que se gestan a pulso. Y año tras año, unos 400 nuevos graduados emergen con la frente en alto, muchos de ellos con doble titulación, gracias al convenio con el SENA. Técnicos en áreas clave para el desarrollo regional, jóvenes listos para transformar a Santander desde sus talentos y oficios. Son, sin exagerar, el mejor regalo que esta institución le ha dado a la sociedad.

La distinción Orden de la Democracia Simón Bolívar, otorgada por la Cámara de Representantes, no hace más que poner en palabras lo que muchos ya sabían: el INEM no es solo un colegio público. Es una potencia formadora de seres humanos íntegros, comprometidos, conscientes de su papel en el mundo. Una comunidad que educa no solo con libros, sino con afecto, compromiso y ejemplo.

Fabio Santos Hernández, actual rector, dice que ve la educación “como una vocación de vida y, por fortuna, el INEM se revitaliza sin perder su esencia. Su visión, más que académica, es profundamente humana”.
“Aquí se enseña desde la alegría y el respeto, desde la experimentación y el arte. Proyectos como ‘Tángara Química’ o ‘Yo Amo al INEM’ son testimonios de una pedagogía viva, cercana, que integra cuerpo, mente y corazón”, recuerda.
Publicidad
Le puede interesar: La escuela que transforma vidas
Son muchos los rectores que han dirigido este gran plantel, entre los que se recuerda con aprecio al gran Américo Copete, quien se ganó el corazón de toda la comunidad académica con su carisma y gestión; al igual que Argemira Corzo de Camacho, quien también lideró grandes procesos de cambio en esa institución.
Y, por supuesto, es necesario recordar al primer rector: Oscar Muñoz Orrego, quien entre 1970 y 1992, fue el gran pionero del proceso de formación y de la consolidación del INEM en Bucaramanga.

Y mientras tanto, se sigue sembrando futuro. La nueva sala de lectura, elegida por los estudiantes y construida con una inversión de 280 millones de pesos, es símbolo de una comunidad que no se detiene, que sigue soñando en colectivo. Porque en el INEM cada logro es de todos. Cada paso adelante se da como familia.
La celebración de estos 55 años es mucho más que una fiesta. Es una invitación al reencuentro, una cita con la memoria y con la gratitud. Es el momento de volver a casa, de abrazar a ese colegio que lo ha dado todo sin pedir nada a cambio. Porque en el INEM, más que estudiar, se aprende a vivir. Y eso, en estos tiempos, es un milagro que merece ser contado.

Aunque la fiesta de celebración se realizará mañana, 25 de julio, con varios actos culturales y una Sagrada Eucaristía de Acción de Gracias, esta noche se hará un bonito desfile de faroles por el sector de la Comuna Sur.

Así, entre historias que laten y generaciones que se entrelazan, el INEM Custodio García Rovira sigue siendo ese faro encendido en medio del barrio. Un gigante que no envejece, porque cada nuevo estudiante le renueva el alma. Una institución donde el pasado se honra, el presente se vive y el futuro se construye con amor.
Publicidad


















