Bucaramanga
Lunes 01 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

“Adorable muñequita”: Cartas de Alejandro Galvis Galvis a su esposa Alicia Ramírez

El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.

El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.
El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.

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Publicado por: Alberto Donadio

Se conocieron a mediados de 1940 en una pensión de santandereanos en Bogotá. Él fue a recoger una encomienda que le habían enviado desde Bucaramanga. Ella había ido desde el Socorro a Bogotá en carro con una familia amiga, de paseo.

Tenía 49 años y era el presidente del Senado. Ella era una beldad de 19 años, había terminado el bachillerato y vivía con sus padres y su hermana. A los dos meses se comprometieron.

Alejandro Galvis Galvis y Alicia Ramírez Nava se casaron en enero de 1941. Se vieron en contadas ocasiones cuando él la visitaba en el Socorro. No fue un noviazgo presencial sino virtual, pero no por WhatsApp sino por cartas enviadas por correo.

Alejandro Galvis Galvis fundó Vanguardia Liberal a los 28 años, el primero de septiembre de 1919. Siendo viudo se casó nuevamente a los 49 años. En México, como embajador de Colombia se había casado con la hija de otro periodista, el editorialista de Excelsior, entonces uno de los principales diarios del país. Su esposa falleció en 1938 en el alumbramiento de su única hija, que sobrevivió. En 1939 Galvis Galvis regresó a Bucaramanga. Falleció en 1981 a los 90 años. Alicia Ramírez Nava falleció en 2008 a los 87 años.

Las cartas de amor de la novia no se conservan, pero sí las del novio. Publicamos dos de esas misivas. Él se dirigía a ella con varias expresiones: Mi adorable muñequita, Querida Alicia, mí bien querida mujercita, Queridísima Alicia y mujercita del alma. Después del matrimonio le escribía diciéndole mi adorada mujercita.

“Mi invariable devoción por ti”

El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.
El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.

Senado de la República - Privado

Bogotá, Octubre 3 de 1940

Querida Alicia:

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Desde que recibí tu afectuosa misiva de 24 de septiembre pasado he experimentado un día y otro día el ardiente deseo de correspondértela, más el trabajo recargado en las comisiones del Senado había sido un obstáculo hasta ahora. El sábado y domingo que hubiera podido hacerlo estuve fuera de la ciudad, en el Country Claridge, por invitación especial de su dueño y buen amigo mío Don Bernardo Uribe.

Cada día que transcurre se aproxima la fecha para la que te ofrecí nueva visita. Ya solo faltan nueve días, que aunque se pasan volando me parece que son todavía demasiados, si es que entro a medir el tiempo por la intensidad de mi anhelo por verte. El sábado 12 de este mes estaré pues, nuevamente contigo. Espero esta fecha con impaciencia, con el gusto que habrá de procurarme el estar junto a ti y conversar de las cosas que más nos interesan. No iré hasta Bucaramanga porque se prolongaría demasiado mi ausencia de esta capital. Dejaré para ocasión posterior este otro viaje, que tiene que ser independiente, quizás para el último día de este mes en que puedo aprovechar el festivo de 1 de noviembre. Así es que vuelvo a tomar la vía de Barbosa, y en el atardecer del sábado citado me tendrás allí mismo bajo la seducción de tus encantos. No podía ser otro que el que ya conoces, el concepto que tenía yo que formarme de los tuyos. He huido en toda mi vida de lo artificial, o artificioso. Me repugnan las cosas que no son espontáneas y naturales, las recepciones forzadas y los conatos de ciertas gentes por aparentar lo que no son. Así como me ganan de pronto y se llevan toda mi sinceridad y mi aprecio las manifestaciones sencillas del claro ambiente familiar, las demostraciones cariñosas que atraen y cautivan porque se comprenden a primera vista estimuladas por un grato calor de corazón. Entendía yo que en tu hogar iría a encontrar ese diáfano ambiente que forjaba mi ilusión, y que las virtudes tradicionales de los tuyos hacían posible; no podía equivocarme al respecto, y a fe que no me equivoqué. Dentro de un ambiente así era que yo aspiraba a buscar y conseguir mi compañera del alma, y debo confesarte que la realidad se ajustó completamente a la concepción de mis más íntimos desvaríos de amor.

Muy razonable y exacta la interpretación que haces de lo que debe ser la compañera del varón que lucha y se agita en las olas revueltas de la política. El anhela como tú dices, un oasis de paz en el hogar amoroso, un ser lleno de ternura que sea como un emoliente a las asperezas de la lidia diaria, unas manos cariñosas que tengan la suprema virtud de transformar las amarguras de la calle en suave y fragante bálsamo que dulcifique la vida. Y tú eres muy capaz de llenar en todas sus partes este ideal soñado, fuera del cual la existencia de dos seres que se unen a perpetuidad sería una pesadumbre y un contratiempo abominables.

Qué delicado y qué noble tu pensar sobre el canje de nuestras almas afines. Me llena de dicha el discurrir que la tuya se confunda con la mía, en la integridad de dos seres que se amen y se complementen, y que sumen sus esfuerzos hacia la afirmación incontestable de su común felicidad. Yo con todo lo que eres, y tú con cuanto soy y me anima, inclusive mi invariable devoción por ti, haremos una pareja realmente envidiable y para la que el mundo tendrá menos abrojos y más intensas emociones de dicha.

¿La fecha de nuestra conjunción? No importa cuál haya de ser. Lo importante es la voluntad de acordarla, y en esa voluntad estamos ciertamente convenidos, por consentimiento recíproco que no hallará vacilaciones ni mermas. A tus padres les expresé mi deseo de que ellos la señalen, después de haber conocido fielmente cuáles son mis propósitos. Y con ellos platicaremos en ya próxima ocasión seguros de que nos pondremos acordes. Ellos son dos, y tres con tu hermanita Luz. Viven y perdurarán cuando tú te separes, en una soledad muy bien acompañada. En cambio, ¿no te dueles de mi evidente y efectiva soledad, ni te das cuenta de lo duro que ha de ser también para mí llevarla después de haberte conocido a ti? Si ellos me quieren y me comprenden, estoy seguro de que conspirarán contigo para ver de ahuyentar cuanto antes esa sombra de soledad que es mi vida actualmente. ¿No lo crees así?

Mil gracias por tu benévola felicitación determinada por mis actuaciones en el Senado. Algo estoy tratando de hacer porque no se queden sin réplica las más tremendas arremetidas de la oposición. Y hoy he terminado un proyecto de reforma constitucional que va a tener gran resonancia. En cuanto a lo que comentas respecto a las informaciones de “La Razón”, que ya viste, no me preocupa ni me impresiona que me sigan comprometiendo. Lo he hecho por un acto espontáneo de mi voluntad y mi afecto, y cuanto diga el público será siempre posterior al hecho cierto y al intenso deseo mío de estar cada minuto más y más comprometido contigo.

Te envía lo mejor de sus recuerdos para ti y estrechos abrazos para los tuyos, quien te quiere y piensa con todas las potencias del alma,

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Alejandro.

El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.
El noviazgo de Alejandro Galvis Galvis con Alicia Ramírez Nava se realizó principalmente por cartas.

“Te recuerda con delectación”

Senado de la República - Privado

Bogotá, Septiembre 19 de 1940

Queridísima Alicia:

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Tu telegrama de ayer colma todos mis anhelos y me trae la plenitud de la paz y el contento. Jamás hubiera podido desear para mi mensaje del día anterior una respuesta más expresiva, ni más halagadora tampoco. Si yo te dejé mi espíritu, en cambio me he traído tu alma. Qué bello canje el que hice en mi reciente viaje, y cómo habré de aprovecharlo para infundir en todo tu ser, con las seducciones y los asedios que voy a poner sobre la dulce cautiva, sentimientos cada día más amorosos y consonantes con el hondo afecto que has logrado despertar en mí.

Qué grato es querer a un encanto de criatura como tú, tan digna de ser amada hasta el delirio, y que sabe compenetrarse en el sentir y en el pensar de quien por ti suspira con todas las potencias del ser. Tengo un loco deseo por ti, de tenerte a mi lado, de rehacer contigo mi hogar disuelto, de reconstruir mi felicidad y compartirla contigo como mi fiel y amante compañera por quien alienta mi ilusión y se hace agradable la vida. Y al saber que iguales son tus aspiraciones e idénticos los propósitos que gobiernan tu voluntad, mi alma se inunda de intensa dicha y quisiera vencer al tiempo para que lo que hoy es un sueño fuera la realidad de mañana mismo. No un mañana que se cuente por meses, sino que se haga presente al solo conjuro de una palabra breve. Tú dirás esa palabra.

Ya tus padres están enterados de mi decisión por lo que allá les manifesté, con la franca espontaneidad de mis devociones por ti y la íntima sinceridad de mis afectos. Ellos me dejaron, como también tu hermanita, la mejor impresión, y con la afabilidad sin remilgos y la abierta acogida sin etiquetas que me dispensaron, lograron darme la sensación de que ya me consideran persona de la propia familia y de la intimidad de sus afectos en el santuario de su tranquilo hogar, con lo cual mi alegría sube de punto y cobra fuerza mi aproximación hacia ti.

Está pues decidido que yo sea para ti y tú para mí, y conforme allá les declaré, falta solo que ellos elijan el instante que juzguen más apropiado para nuestro enlace. Me darás una regocijante nueva el día en que me participes cuál habrá de ser ese instante precioso, que ellos contigo acordarán tomando en cuenta el tiempo preciso para tus preparativos, pero sin olvidar mi deseo de que no se posponga por mucho tiempo la fecha venturosa en que hayas de venir a mis brazos. Ellos te esperarán abiertos para recibirte con todos los homenajes y la emoción jubilosa de mi profundo amor. Como recuerdos de mi reciente visita apenas tres instantáneas sirvieron, que gustosamente te envío dentro de esta carta. Las demás, menos una, se ven bien en los negativos, pero no marcaron en el papel. Culpa no de la máquina, sino probablemente del rollo que tal vez no era reciente, aunque lo conseguí con el otro que nos sirvió en el Salto.

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Al regresar encontré que “La Razón” había dado cuenta de nuestro compromiso, al despedirme para Socorro. No he visto el periódico, del cual apenas me han hablado, y ayer en la Embajada de Chile el Embajador Bianchi me manifestó que no me esperaba en su fiesta porque Fabio Lozano y Lozano le había dicho que yo había ido a casarme al Socorro y tal vez no volvería pronto. Lozano es el gerente del mismo periódico, “La Razón”. Como consecuencia, ya la noticia, que ignoro quién la daría a aquel diario, corre de boca en boca y todo mundo me pregunta acerca de ella.

Cuando me escribas rotula tus cartas más bien a la dirección del Hotel Claridge, donde las recibiré más pronto que en el Senado. Allí a veces demoran la distribución de la correspondencia, y si llega en día sábado que no hay sesión, hasta el lunes no la entregan.

De regreso me fue bien. Solo que por motivo de la lluvia la máquina anduvo despacio y el tren llegó a esta ciudad poco después de las nueve de la noche. Debido a esto no te dirigí mi telegrama hasta el día siguiente.

Un efusivo abrazo para ti y los tuyos, de quien tanto te quiere y te recuerda con delectación,

Alejandro.

Publicado por: Alberto Donadio

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