El barrio Girardot, que ya es centenario, tiene una historia particular. ¡Aquí la evocamos!

La historia del barrio Girardot está escrita a la sombra de su parque principal, aquel que en sus primeros años fue conocido como la ‘Plazoleta de la Concepción’.

#Bucaramanga Girardot: El barrio centenario 🏡
— Vanguardia (@vanguardiacom) September 14, 2025
Nuestro periodista Euclides Kilô Ardila @KiloArdila nos evoca con este video 🎥 el ayer de un barrio tradicional de Bucaramanga: Girardot. ✨ pic.twitter.com/sXDpSDSnYm
Era un lugar de jardines y alamedas, con un obelisco de cemento que se erguía orgulloso en medio de las casas de teja y ladrillo que conformaban el paisaje del sector. Allí comenzó todo, un 22 de diciembre de 1923, cuando quedó fijada la fecha oficial de nacimiento de este rincón de la Comuna Occidente.

La zona se iluminaba entonces con candelabros donados por los dueños de los negocios que dictaban el ritmo del comercio local. Fue un gesto de generosidad y prestigio, porque alumbrar el parque equivalía a poner en alto el nombre del barrio. Claro que no faltaron los inconformes: los cinco pesos de esa época que costó la adecuación del lugar parecieron una contribución “onerosa”, como la llamaban algunos.

De aquella plazoleta también surgió un acontecimiento que marcó la vida urbana del municipio: la primera ruta de autobús de la ciudad. El vehículo, con placas 0809 y adscrito a la Empresa Transcolombia, llevaba un letrero que anunciaba su destino: San Mateo. Fue la primera vez que los bumangueses se montaron en bus, y el Girardot tuvo el privilegio de inaugurar esa “modernidad” que acercaba al barrio con el centro y el comercio.
La inauguración oficial del parque llegó el 8 de diciembre de 1925, día de la Virgen. El dinero que hizo posible la obra lo aportaron empresas que marcaron época: Bavaria, Hipinto, Niágara, la Cafetería Flor, La Constancia y el Vino As de Copas.
Don Álvaro Gómez, uno de los grandes líderes comunitarios, recordaba con orgullo aquel gesto colectivo. En esos días, don Antonio Castro Wilches también evocaba cómo fue necesario cercar el lugar con postes y alambre de púa, para que burros, caballos y vacas no arruinaran el prado.

Durante años la plazoleta fue el corazón del barrio. En cada fiesta patronal, la celebración comenzaba con la alborada y no se apagaba sino hasta la madrugada. El 21 de noviembre de 1943, la historia dio otro giro con la construcción del templo de San Gregorio Magno en el costado norte del parque. La obra fue liderada por el reverendo Luis Antonio Pérez Duarte, quien, atendiendo el clamor de los transportadores de la ruta San Mateo, bautizó la iglesia con el nombre de Nuestra Señora de la Virgen del Carmen.
La arteria que daba vida al barrio era la calle 28, en aquellos años llamada Policarpa Salavarrieta. Estaba rodeada de árboles frondosos, testigos silenciosos de la vida barrial, aunque hoy quedan pocos de ellos. Y lo mismo ocurre con el parque: de la Plazoleta de la Concepción ya no queda su diseño original. Ni el obelisco, ni las farolas, ni la cerca de alambre de púa sobrevivieron al paso del tiempo.
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Hoy, lo que alguna vez fue símbolo de orgullo y encuentro es conocido como el Parque Girardot. Las canchas deportivas han reemplazado a los jardines y a las alamedas. Las viviendas de teja quedaron atrás y, con ellas, la memoria de una comunidad que encontró en su plazoleta el escenario de su historia compartida. Lo único que sobrevive, intacto, son los recuerdos: esos que todavía rondan entre quienes vivieron la grandeza que forjó este icónico sector.














