Vanguardia recorrió uno de los barrios con más historia en Bucaramanga. Las ganas de salir adelante, el empuje y tanto las habilidades como el ingenio de su gente convirtieron a Girardot en un foco comercial, que también impulsa la economía local.
En una nueva ‘toma’ a los barrios de Bucaramanga, Vanguardia llega hoy al Girardot, un sector con más de un siglo de vida que late a menos de cinco minutos del centro de la ciudad.
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Este barrio centenario, que en diciembre celebrará sus 102 años de fundación, se ha consolidado como un referente de la Comuna Occidente y como un espacio lleno de tradición y dinamismo.
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En sus orígenes, cuando aún predominaban las fincas y surgían las primeras casas obreras, Girardot comenzó a forjar su carácter. Con el tiempo aparecieron las amplias viviendas de techos altos y patios generosos, que aún guardan la esencia de la vida familiar.
Hoy, en medio de esa memoria arquitectónica, la modernidad se abre paso: las constructoras han fijado su mirada en el sector y las torres de apartamentos comienzan a dibujar una nueva silueta en el horizonte.

Si algo define al Girardot es su espíritu emprendedor. La actividad comercial es vibrante y diversa: desde las tradicionales rellenas y empanadas, los helados artesanales que endulzan las tardes, los talleres de mecánica que conservan el oficio, hasta bancos, cooperativas y decenas de microempresas que llenan de vida sus calles. Aquí se consigue de todo, siempre con la cercanía y el empuje que distinguen a su gente.

El barrio también ha sido cuna de talentos que han dejado huella en distintos ámbitos. En el deporte, figuras como Giovanni Hernández y Milton León son motivo de orgullo. En las artes, nombres como Fabián Mendoza y Francisco Villarreal han llevado más allá sus raíces. A ellos se suman periodistas, historiadores y gestores culturales que han fortalecido la identidad de Girardot y, con ella, la de toda Bucaramanga.
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Sin embargo, los vecinos también señalan retos que requieren atención urgente. La inseguridad, el microtráfico, el desaseo, la presencia de habitantes en situación de calle y los altos costos de los servicios públicos afectan la tranquilidad del sector.
El deterioro de las vías, con huecos que se multiplican, pide a gritos inclusión en las brigadas de repavimentación; al mismo tiempo, las fallas en el alumbrado público mantienen varias calles a oscuras, facilitando el actuar de la delincuencia.
Girardot es tradición, emprendimiento, historia y futuro. Sus calles cuentan historias de generaciones que lo han hecho crecer, pero también reclaman soluciones que permitan a su gente seguir escribiendo, con orgullo y esperanza, los próximos capítulos de este entrañable rincón de Bucaramanga.
Ficha del barrio Girardot

- Ubicación: Entre las calles 21 y 31, con carreras 4 y 10.
- Comuna a la que pertenece: Occidental, la número 4.
- Sectores vecinos: La Feria, la zona del Salesiano y Granada.
- Número de viviendas: 1.348 casas, sin contar los nuevos conjuntos residenciales.
- Población: 8 mil 320 habitantes, según el último censo.
- Estratos: 2 y 3.
- Fecha de fundación: 22 de diciembre de 1923.
- Fundador: Don Antonio Castro Wilches.
- Parroquia: Nuestra Señora de la Virgen del Carmen.
- Establecimientos educativos: Colegio de la Anunciación, Colegio Pedagógico ‘Príncipe de Gales’ y la Escuela ‘Jaime Barrera Parra’, (hoy sede del Salesiano)
- Organismo cívico: La Junta de Junta Administradora Local de la Comuna Occidente, presidida por Jorge Leonardo León.
- Sitio de interés: La Plazoleta de la Concepción, hoy es el Parque Girardot.
- Puesto asistencial: El Centro de Salud Girardot.
- Personajes para recordar: Este barrio fue la ‘cuna’ del microfútbol de Colombia, con Giovanni Hernández y Martín León. También de allí es Francisco Villareal, ganador en 2006 del Factor X.
Su historia: el pasado de un grande de Bucaramanga

La historia del barrio Girardot está escrita a la sombra de su parque principal, aquel que en sus primeros años fue conocido como la ‘Plazoleta de la Concepción’. Era un lugar de jardines y alamedas, con un obelisco de cemento que se erguía orgulloso en medio de las casas de teja y ladrillo que conformaban el paisaje del sector. Allí comenzó todo, un 22 de diciembre de 1923, cuando quedó fijada la fecha oficial de nacimiento de este rincón de la Comuna Occidente.
La zona se iluminaba entonces con candelabros donados por los dueños de los negocios que dictaban el ritmo del comercio local. Fue un gesto de generosidad y prestigio, porque alumbrar el parque equivalía a poner en alto el nombre del barrio. Claro que no faltaron los inconformes: los cinco pesos de esa época que costó la adecuación del lugar parecieron una contribución “onerosa”, como la llamaban algunos.
De aquella plazoleta también surgió un acontecimiento que marcó la vida urbana del municipio: la primera ruta de autobús de la ciudad. El vehículo, con placas 0809 y adscrito a la Empresa Transcolombia, llevaba un letrero que anunciaba su destino: San Mateo. Fue la primera vez que los bumangueses se montaron en bus, y el Girardot tuvo el privilegio de inaugurar esa “modernidad” que acercaba al barrio con el centro y el comercio.
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La inauguración oficial del parque llegó el 8 de diciembre de 1925, día de la Virgen. El dinero que hizo posible la obra lo aportaron empresas que marcaron época: Bavaria, Hipinto, Niágara, la Cafetería Flor, La Constancia y el Vino As de Copas.
Don Álvaro Gómez, uno de los grandes líderes comunitarios, recordaba con orgullo aquel gesto colectivo. En esos días, don Antonio Castro Wilches también evocaba cómo fue necesario cercar el lugar con postes y alambre de púa, para que burros, caballos y vacas no arruinaran el prado.
Durante años la plazoleta fue el corazón del barrio. En cada fiesta patronal, la celebración comenzaba con la alborada y no se apagaba sino hasta la madrugada.

El 21 de noviembre de 1943, la historia dio otro giro con la construcción del templo de San Gregorio Magno en el costado norte del parque. La obra fue liderada por el reverendo Luis Antonio Pérez Duarte, quien, atendiendo el clamor de los transportadores de la ruta San Mateo, bautizó la iglesia con el nombre de Nuestra Señora de la Virgen del Carmen.
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La arteria que daba vida al barrio era la calle 28, en aquellos años llamada Policarpa Salavarrieta. Estaba rodeada de árboles frondosos, testigos silenciosos de la vida barrial, aunque hoy quedan pocos de ellos. Y lo mismo ocurre con el parque: de la Plazoleta de la Concepción ya no queda su diseño original. Ni el obelisco, ni las farolas, ni la cerca de alambre de púa sobrevivieron al paso del tiempo.
Hoy, lo que alguna vez fue símbolo de orgullo y encuentro es conocido como el Parque Girardot. Las canchas deportivas han reemplazado a los jardines y a las alamedas. Las viviendas de teja quedaron atrás y, con ellas, la memoria de una comunidad que encontró en su plazoleta el escenario de su historia compartida. Lo único que sobrevive, intacto, son los recuerdos: esos que todavía rondan entre quienes vivieron la grandeza que forjó este icónico sector.















