La sección del recuerdo de Vanguardia encuentra en dos fotografías de la carrera 11 un diálogo entre pasado y presente. Allí la parroquia María Auxiliadora, la de los Salesianos, que alguna vez surgió como un sueño comunitario, hoy permanece como símbolo de fe y memoria para Bucaramanga.

Una misma esquina puede guardar muchas historias. La carrera 11 con Quebradaseca, en Bucaramanga, es testigo de un particular ‘contraste’ que el paso del tiempo dejó marcado en dos imágenes captadas desde el mismo lugar, pero separadas por poco más de seis décadas.
La primera, en blanco y negro, fue tomada por el maestro Darío Platarrueda en los años 60, cuando su lente retrató una ciudad en transformación; la otra, más reciente, fue captada ayer por nuestro periodista y reportero Jaime Moreno, mostrando un ‘escenario culminado’, donde las huellas del progreso y del cambio urbano son evidentes.
En la fotografía antigua aparece la imponente parroquia María Auxiliadora, la de los Salesianos, en pleno proceso de construcción. Aunque hoy el templo luce terminado y se levanta como símbolo de fe para miles de bumangueses, en aquella imagen se observa el esfuerzo de una comunidad que levantaba piedra a piedra un lugar destinado a convertirse en refugio espiritual. Este templo, ubicado al lado del Instituto Tecnológico Salesiano Eloy Valenzuela, fue erigido como parroquia el 13 de agosto de 1961 mediante el Decreto # 50 del obispo diocesano monseñor Héctor Rueda Hernández.
La historia de esta parroquia está ligada al esfuerzo colectivo. Todo comenzó mucho antes, cuando el 3 de agosto de 1947 se colocó la primera piedra en el lugar, dando inicio a una construcción impulsada por los feligreses mediante bazares y donaciones. No solo se levantó el templo; también creció junto a la parroquia el referido colegio, formando un conjunto que, con los años, se convirtió en un punto clave para la vida religiosa y educativa de la ciudad.
Para los Salesianos, la devoción a María Auxiliadora es un legado espiritual dejado por Don Bosco para ser difundido por todo el mundo. Junto al amor a Jesús en la Eucaristía, esta devoción sigue siendo uno de los pilares sobre los que se sostiene la misión evangelizadora y educativa de la Familia Salesiana.
Desde esta esquina, esa historia se refleja en una construcción que pasó de ser un sueño comunitario a convertirse en un referente de la Ciudad Bonita.
Mientras antes en esa cuadra se levantaba una cerca de hierro, hoy es un muro el que bordea el escenario. En aquellos años, por allí transitaban conductores, ciclistas y peatones. Hoy son pocos los caminantes que pasan por la zona, donde predominan talleres improvisados de mecánica, herramientas, vehículos y rastros de aceite que cuentan otra faceta de la ciudad.
Esto no significa que una época haya borrado completamente a la otra; más bien revela cómo una cuadra se transforma, cómo cambian las necesidades y cómo los mismos lugares adquieren nuevos significados con el paso de los años. Allí donde antes se escuchaban pasos y campanas, hoy también resuenan motores y llaves de trabajo.
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La parroquia María Auxiliadora, ubicada en la carrera 11 # 11-85, sigue siendo un rincón de oración y encuentro para quienes buscan consuelo y esperanza. A pesar del cambio en su entorno, sus paredes conservan la memoria de generaciones que vieron cómo aquel proyecto comunitario se convirtió en parte del corazón de Bucaramanga.
Dos fotografías, una misma esquina y dos ciudades distintas. La mirada de Darío Platarrueda en los años 60 y la de Jaime Moreno en la actualidad funcionan como un diálogo silencioso entre pasado y presente: una muestra de que las calles también tienen memoria y que cada transformación deja una nueva capa de historia sobre los lugares que alguna vez fueron soñados.













