Agro
Domingo 28 de junio de 2026 - 01:00 AM

Mucho más que vacas: cambios en la ganadería

Limitar el concepto de ganadería al ganado mayor es una omisión técnica que invisibiliza el motor financiero de miles de familias rurales.

La revolución del campo no está en más ganado, sino en más especies
La revolución del campo no está en más ganado, sino en más especies

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Publicado por: Jael Monroy Soto

En el imaginario colectivo, la palabra ganadería evoca de forma casi automática la imagen de una pradera con vacas o el pastoreo de búfalos en zonas húmedas. Durante décadas, el debate convencional, la academia y el diseño de políticas públicas agropecuarias han incurrido en un reduccionismo zootécnico, encapsulando la actividad exclusivamente en el universo de los grandes rumiantes (Bos taurus, Bos indicus y Bubalus bubalis). Sin embargo, como profesionales del sector y defensores de la tierra, es nuestro deber técnico y ético desmontar esta visión limitada. La ganadería es un concepto agroecológico mucho más amplio, biodiverso y estratégico de lo que la mayoría alcanza a percibir habitualmente; un sistema donde la diversificación de nichos ecológicos es la clave para la resiliencia del campo.

Bajo este paraguas científico, la ganadería abarca con igual derecho a los pequeños rumiantes (como las ovejas y las cabras), a los monogástricos o animales de una sola digestión (como los cerdos), así como a la ganadería equina, cunícola (conejos) y aviar en pastoreo. Cada una de estas alternativas cumple ciclos de producción completos que pueden tecnificarse con la mayor exigencia. La cría, el levante y el engorde de ovejas y cabras, por ejemplo, representan una de las fuentes de proteína más eficientes frente al cambio climático gracias a su gran capacidad de adaptación. Debido a su anatomía bucal y al movimiento de sus labios, estos animales poseen una altísima precisión para seleccionar minuciosamente su alimento (selectividad botánica). Esta capacidad de ramoneo les permite aprovechar arbustos, malezas y plantas leñosas ricas en nutrientes complejos (metabolitos secundarios) que el ganado vacuno tradicionalmente no puede consumir.

Durante décadas, la ganadería ha sido asociada casi exclusivamente con el ganado vacuno. Sin embargo, especialistas del sector sostienen que el futuro productivo y ambiental del campo depende de ampliar esa mirada e integrar especies menores bajo modelos regenerativos que restauren suelos, diversifiquen ingresos y fortalezcan la seguridad alimentaria.

Esta ventaja biológica los transforma en excelentes procesadores de pastos duros en carne y leche de alta calidad, posicionándolos como productores eficientes de proteína de alto valor biológico. De esta manera, permiten producir con éxito en terrenos inclinados, suelos degradados o ecosistemas áridos y semiáridos, donde la huella hídrica y el alto gasto de energía que exige un bovino harían la producción económica y ambientalmente inviable.

Limitar el concepto de ganadería al ganado mayor es un error de clasificación científica; una omisión que invisibiliza el motor socioeconómico y la soberanía alimentaria de miles de familias rurales que dinamizan el territorio a través de especies menores. Estos animales ofrecen tasas de retorno financiero mucho más veloces gracias a su corto período de gestación, su madurez comercial temprana y su alta prolificidad (partos múltiples).

La revolución del campo no está en más ganado, sino en más especies
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Regeneración para todas las especies, el verdadero hito

El núcleo del asunto no radica solo en diversificar las especies que producimos, sino en cómo las producimos. Aquí es donde entra en juego la ganadería regenerativa, un modelo sistémico de manejo que erróneamente se ha creído exclusivo del ganado vacuno.

La regeneración de los suelos, la captura de carbono y el restablecimiento de los ciclos del agua no dependen de la especie que pise el terreno, sino de la gestión que el ser humano haga de ella. Los principios fundamentales de la regeneración —el pastoreo de alta densidad, los tiempos de reposo del suelo para permitir la fotosíntesis y la total eliminación de insumos químicos sintéticos— son perfectamente aplicables e igual de exitosos en ovinos, caprinos y porcinos.

Las ovejas y cabras, por ejemplo, manejadas bajo sistemas de rotación inteligente, se convierten en las mejores herramientas biológicas para regular arvenses y abonar la tierra de forma homogénea con su estiércol y orina, estimulando la microbiología del suelo a través del impacto positivo de su pezuñeo. Incluso el porcino, criado en sistemas de pastoreo regenerativo o camas profundas, demuestra que es posible romper con el paradigma de la producción industrial confinada y contaminante, transformándose en un aliado estratégico para la fertilidad de la tierra.

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La revolución del campo no está en más ganado, sino en más especies
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Una visión de futuro integral

Entender la ganadería como un ecosistema multiespecie es el camino para responder a las exigencias ambientales del siglo XXI. Al integrar a los bovinos tradicionales con ovejas, cabras, caballos o cerdos bajo esquemas regenerativos, no solo estamos diversificando la canasta de ingresos del productor y mitigando riesgos financieros, sino que estamos acelerando la restauración de la biodiversidad de nuestros campos.

Es momento de que los consumidores, los medios y las instituciones amplíen su mirada. Ganadería es sinónimo de vida, de suelo vivo y de soberanía alimentaria; una misión que se siembra en el campo día a día, sin importar el tamaño o la especie de la manada que nos acompañe a cosechar el futuro.

Mientras el debate agropecuario sigue concentrado en el ganado tradicional, una transformación silenciosa gana terreno: producir con varias especies para recuperar suelos, reducir riesgos económicos y construir una nueva relación entre productividad y naturaleza.

Las ventajas de la sinergia en el potrero

La integración de especies menores con el ganado mayor es un diseño estratégico que genera cinco grandes beneficios multidimensionales en el territorio:

  1. Sanidad natural: El pastoreo combinado rompe los ciclos biológicos de los parásitos internos. Al consumir las larvas que afectan a la otra especie, actúan como un filtro sanitario vivo, reduciendo la dependencia de desparasitantes químicos que contaminan el suelo.
  2. Eficiencia del forraje: Mientras el bovino cosecha los pastos altos con su lengua, los pequeños rumiantes controlan las malezas y ramonean los arbustos leñosos a través de su selectividad bucal. Esto maximiza el uso de la biomasa por hectárea sin que exista competencia entre ellos.
  3. Activación de la microbiodiversidad: El estímulo físico heterogéneo en el suelo, gracias a los diferentes pesos y tipos de pezuñas, evita la compactación uniforme. Esto, sumado a la combinación de estiércol y orina biológicamente diversos, enriquece la dieta de los microorganismos de la tierra, multiplicando la vida subterránea (hongos, bacterias y escarabajos) que sostiene el ecosistema.
  4. Enriquecimiento de la flora nativa: Al consumir diferentes tipos de plantas, frutos y arbustos, cada especie actúa como un agente de dispersión biológica especializado. A través de sus excretas, transportan y siembran una variedad más amplia de semillas, acelerando la recuperación de la vegetación nativa y creando corredores biológicos naturales.
  5. Estabilidad financiera: Diversificar la manada distribuye el riesgo económico. Las especies menores aportan un flujo de caja rápido y constante gracias a sus ciclos cortos, protegiendo el capital del productor mientras los animales mayores completan sus procesos de desarrollo a largo plazo.

Publicado por: Jael Monroy Soto

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