Antes que nada, la izquierda democrática en Colombia no está derrotada, ni más faltaba, pero tendrá que reformular su estrategia para ser una opción real de poder en las próximas elecciones nacionales. Empecemos recordando que la coalición de izquierda es el partido con más escaños en el Congreso (sin ser mayoría absoluta, claro está) y que la votación que obtuvo Cepeda en la segunda vuelta presidencial es muy significativa. Pero esto no es, por sí mismo, garantía de éxito a futuro.
Para recuperar el poder presidencial, creo que la izquierda tiene varios retos que afrontar, ¡desde ahora mismo! El primero es centrar toda la atención (dentro de la oposición que le harán al gobierno de De la Espriella) en una única persona: Cepeda. El problema es si el ego de Petro lo permitirá. ¿Quién será el líder natural de la izquierda en Colombia? Espero que Petro no cometa el mismo error de Uribe en la derecha: colapsar su espectro político con un personalismo excesivo que termina por taponar nuevos liderazgos hasta que aparezca un candidato externo que rompa ese dique en mil pedazos, como sucedió con De la Espriella.
El segundo es evitar una ruptura que se ve venir en las toldas de la izquierda. Partamos de que la izquierda está menos dividida que la derecha o el centro, pero esto no significa que las cosas no puedan cambiar. Desde el gobierno Petro vienen dándose unas disputas internas que Petro no supo detener o, simplemente, no quiso frenar. Esas disputas se agravarán pasadas las elecciones, cuyo proceso era el único frente que los mantenía unidos. Urge que la izquierda debilite este “fuego amigo”, creando, entre otras cosas, un sistema partidista de solución de conflictos y auspiciando un ánimo conciliatorio y tolerante entre sus miembros, muchos de los cuales, reitero, se miran entre sí con un profundo desprecio.
El tercero es entender que el electorado colombiano exige de la izquierda que mejore o complemente su típico discurso sobre la seguridad ciudadana, que es uno de los motores más fuertes al momento de decidir su voto. Si bien es necesario tener políticas públicas a largo y mediano plazo para enfrentar la inseguridad (en lo que la izquierda suele ser mejor que la derecha), también hay que entender que el electorado exige de sus candidatos discursos y medidas concretas a corto plazo en este asunto.
El cuarto es mejorar su trato con el centro, dado que lo requiere para hacer oposición, de un lado, y para ganar elecciones presidenciales, de otro. Como quedó demostrado en las pasadas elecciones, la izquierda, por sí sola, y menos dentro de cuatro años sin el poder de la burocracia, no podrá ganar las elecciones sin acuerdos claros con el centro. Pero eso implica, inicialmente, restablecer la confianza perdida entre el centro y la izquierda fruto de la forma de actuar de Petro (quien fue elegido por una amplia coalición para darle luego la espalda a los compromisos adquiridos) y moderar a las fuerzas más radicales de su espectro político. ¡Hay que ganarse al centro!









