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Domingo 28 de junio de 2026 - 01:00 AM

Cuatro años para volver a creer

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Colombia comienza tal vez uno de los capítulos mas importantes de su historia. Comienza una nueva etapa política con un enorme desafío: reconstruir un país profundamente dividido y golpeado por cuatro años de improvisación, confrontación, corrupción y pérdida de confianza.

No es un reto menor. El nuevo gobierno recibe un país con heridas profundas, con una economía que perdió dinamismo, una inversión privada que retrocedió ante la incertidumbre, una seguridad deteriorada en muchas regiones del territorio nacional, unas finanzas públicas tensionadas y una sociedad más dividida que nunca. Todo esto mientras millones de colombianos vimos disminuir oportunidades y confianza en el futuro.

Los daños que deja un mal gobierno no desaparecen el primer día de la nueva administración. Destruir la confianza puede durar meses, recuperarla puede tardar años.

Fueron 4 años de gobierno desde la confrontación. Se sembró desconfianza hacia quienes producían riqueza, se enviaron mensajes ambiguos frente a la inversión y se sustituyó, en muchas ocasiones, el rigor técnico por decisiones ideológicas. Las señales de incertidumbre terminaron afectando aquello que sostiene el bienestar de cualquier sociedad: la capacidad de generar empleo, atraer capital y crear oportunidades.

Las cifras económicas podrían discutirse, las interpretaciones políticas también. Lo que resulta mucho más difícil de negar es la percepción de miles de empresarios que suspendieron proyectos, inversionistas que buscaron otros destinos, emprendedores que prefirieron esperar y familias enteras que vieron cómo el costo de vida aumentaba mientras las oportunidades disminuían. La confianza es el combustible para el desarrollo.

Además, el deterioro institucional es preocupante. Colombia fue testigo de constantes tensiones entre el Ejecutivo y otros poderes públicos, ataques a órganos de control, descalificaciones contra quienes pensaban distinto, la prensa señalada y un ambiente político donde la polarización parecía convertirse en una estrategia permanente de gobierno. Ninguna democracia se fortalece cuando la otra parte deja de ser opositor y pasa a convertirse en enemigo.

Los próximos cuatro años no serán suficientes para corregir todos los errores acumulados, sin embargo, cuatro años si deben ser suficientes para demostrar que el país volvió a tener un rumbo claro.

Lo importante será que cada decisión empiece a mover a Colombia en la dirección correcta y que nunca más se utilice el poder para profundizar las divisiones o generar incertidumbre. Hay una diferencia enorme entre administrar un país que avanza y recibir uno que necesita ser reconstruido.

El verdadero reto será demostrar que Colombia todavía es capaz de recuperar el tiempo perdido, la historia pocas veces ofrece segundas oportunidades, Colombia parece haber recibido una, desaprovecharla significaría condenar a toda una generación a pagar el costo de decisiones que nunca tomó.

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