Qué tranquilidad que las elecciones hayan terminado. Si bien los ciudadanos sienten emociones fuertes encontradas, se debe pasar la página de la contienda electoral y enfocar los esfuerzos hacia lo que viene: gobernar para unos y ejercer la oposición para otros. No obstante, este proceso no puede continuar sin que haya una pausa en el camino para reflexiones y aprendizajes.
Lo primero que hay que resaltar es que Colombia evidenció la mayor participación electoral en la historia, al pasar del 58 % durante la segunda vuelta de 2022 al 64 % el domingo pasado. Más de 2 millones de colombianos adicionales a los registrados en la primera vuelta acudieron a las urnas. Un hecho del cual todos los colombianos nos debemos sentir satisfechos, pese a los graves cuestionamientos acerca del “voto fusil”, el constreñimiento al elector y la evidente e indebida participación política, particularmente promovida desde la Presidencia de la República. Eso implica que se debe seguir promocionando la participación y revisar los controles para garantizar que haya un voto libre y a conciencia en todo el país.
Santander fue uno de los departamentos con mayor votación en el país al registrar un 69 % de participación electoral, incluso superando la tasa de hace cuatro años cuando se tuvo candidato santandereano (68 %). Superamos con creces el promedio nacional. Debemos acostumbrarnos a que las diferencias políticas se resuelvan en las urnas, para lo cual hay que reforzar la pedagogía sobre civismo y democracia en las organizaciones y, en particular, en las instituciones educativas. Pese a la divergencia entre las posturas de los candidatos, no se debe repetir el hecho de que no haya debates; estos deberían ser obligatorios.
Segundo, hay que valorar el extraordinario desempeño de los jurados, testigos electorales, la Registraduría, el Consejo Nacional Electoral y la fuerza pública. La diferencia entre el preconteo y el escrutinio final fue del 0,003 %, ampliando ligeramente la brecha entre los candidatos a favor de Abelardo de La Espriella por 1.000 votos. El sistema electoral es sagrado y hay que seguir fortaleciendo y cuidando su institucionalidad.
Tercero, dejemos de pensar que hay un mesías que vendrá a salvarnos. El trabajo de cada quien y de la región son los que permiten generar progreso; de lo contrario, nada va a ocurrir por más viento favorable que se tenga. Hay que superar los discursos de frustración, resentimiento y odio, y enfocar esfuerzos hacia el futuro, las metas y los proyectos. No se saca nada con las discusiones irreconciliables entre unos y otros. Los vecinos, amigos, colegas y familiares permanecerán, mientras que los mandatarios son temporales, y es mejorando las relaciones con las personas que nos rodean como se construye un mejor país para todos.









