El terremoto del lunes fue una tragedia nacional. Un sismo de magnitud 7,4 que dejó pérdidas incalculables, impactando a 448 municipios, especialmente en Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas. A la fecha se registran 294 personas fallecidas, 3.935 heridas, 320 desaparecidas, 115.461 afectadas, 66 edificios colapsados y 81.506 viviendas averiadas. Eso sin contar el impacto psicológico. Las fotos, los videos y los testimonios son desgarradores. Si bien unos corrieron con suerte, otros lo perdieron todo: familiares, amigos, negocios y viviendas. Una catástrofe que requiere empatía, solidaridad y seriedad.
Sin embargo, hay activistas y políticos que se aprovechan del dolor ajeno y la confusión para desinformar y generar pánico. En las redes sociales se difundieron mensajes como: “estos terremotos están ocurriendo por el fracking”, “¿Ya ven las consecuencias del fracking?” o “si les pareció paila este sismo, el fracking crea terremotos mil veces peor (sic)”. ¡Falso! Hay una gran diferencia entre sismicidad natural y sismicidad inducida. El terremoto fue un evento geológico, producto del movimiento de placas tectónicas, que ocurre de manera espontánea e impredecible.
La sismicidad inducida es consecuencia de actividades humanas y sucede justo en la zona que se interviene. Por ejemplo, suele ocurrir en proyectos de construcción, llenado de represas, excavaciones mineras o extracción convencional y no convencional de gas y petróleo. En el caso de la fracturación hidráulica, la estimulación genera vibraciones promedio 100 mil veces menores a los niveles perceptibles por los seres humanos. De acuerdo a expertos, la cantidad de energía liberada por la roca es equivalente a la de la caída de un litro de leche desde el mesón de la cocina. Eso significa, en escala de magnitud, valores entre -5 y -1. Las magnitudes captadas por el ser humano inician en 2.5.
Luego de realizar el fracturamiento hidráulico se genera agua que regresa a la superficie. Para garantizar su adecuada disposición una alternativa es inyectarla nuevamente en el subsuelo, lo que podría generar sismicidad inducida. No obstante, esta agua puede ser reutilizada, y en dado caso en que se deba disponer, el Valle del Magdalena Medio cuenta con formaciones geológicas con alta porosidad, que permiten una mejor absorción y evitar sismos. Este proceso es común en los yacimientos convencionales de la región y a la fecha no se registran sismos perceptibles.
Aun así, Colombia cuenta con una rigurosa regulación para mitigar riesgos de sismicidad. Por ejemplo, se sebe implementar un estricto monitoreo y distanciamientos mínimos. Casos muy excepcionales de sismos notorios en otros países fueron producto de la falta de regulación. En lugar de darle eco a afirmaciones falsas, deberíamos estar pensando en cómo invertir adecuadamente los recursos económicos que generaría el fracking, por ejemplo, en la mitigación de riesgos de desastres.












