La discusión sobre el futuro de la agricultura volvió a poner en el centro del debate la salud de los suelos. Mientras investigadores y productores defienden prácticas orgánicas y regenerativas, persisten dudas sobre las consecuencias del uso prolongado de fertilizantes químicos y la verdadera efectividad de combinarlos con materia orgánica.

Publicado por: Iliana Margarita Garnica Ruiz, El Campo en Tacones
“La agricultura química transformó la manera de producir alimentos en el mundo. Los fertilizantes sintéticos prometieron cultivos más rápidos, hojas más verdes y mayores cosechas. Y, en efecto, durante muchos años lograron aumentar la productividad de numerosos sistemas agrícolas. Pero hoy surge una pregunta inevitable: ¿cuánto tiempo puede seguir vivo un suelo sometido continuamente a fertilización química?
Hace algún tiempo, en un día de campo, escuché a una ingeniera agrónoma recomendar una práctica que me causó inquietud: aplicar fertilizante químico y luego cubrirlo con abono orgánico. Más adelante comprendí que este manejo hace parte de lo que algunos profesionales llaman fertilización integrada; es decir, combinar fertilización química con materia orgánica, coberturas vegetales, microorganismos y otras prácticas biológicas.
Desde entonces he escuchado esta recomendación en varias oportunidades, y mi pregunta es: ¿realmente seguimos dependiendo de los químicos e intentamos suavizar sus efectos haciendo aplicaciones de abonos orgánicos?
En mi experiencia personal, después de más de diez años trabajando agricultura limpia, manejo orgánico o ecológico —como queramos llamarlo—, he visto resultados que no son nada despreciables. Por el contrario, las cosechas obtenidas han sido abundantes y satisfactorias sin necesidad de utilizar fertilizantes químicos. Deseo aclarar que no pretendo debatir el conocimiento ni el trabajo de los profesionales del agro; sin embargo, sí me queda la inquietud de si realmente estamos avanzando hacia una agricultura ecológica o si simplemente estamos buscando la manera de encontrar un punto intermedio entre estos dos tipos de agricultura.
En el campo colombiano toma fuerza una discusión sobre el equilibrio entre productividad y sostenibilidad. Agricultores e investigadores analizan hasta qué punto la dependencia de fertilizantes químicos puede comprometer la salud del suelo y si las alternativas orgánicas representan una solución viable a largo plazo.
Desde mi observación, puedo decir que muchas prácticas agrícolas alteran la microbiología del suelo y afectan esa cadena natural de vida que existe debajo de nuestros pies, donde todo se complementa: microorganismos, insectos, pequeños animales y procesos biológicos que mantienen el equilibrio natural. Considero que un suelo manejado durante largos períodos con aplicaciones de fertilizantes químicos puede continuar produciendo durante un tiempo; sin embargo, comienza lentamente a perder equilibrio, resiliencia y capacidad natural de regeneración.
Investigaciones científicas también han encontrado resultados similares. Un trabajo publicado por investigadores como J. Ortiz y otros especialistas en microbiología de suelos agrícolas encontró que ciertos fertilizantes químicos, especialmente cuando se utilizan de manera intensiva y prolongada, afectan algunas comunidades microbianas, alterando el equilibrio biológico y favoreciendo unas especies mientras reducen otras. Además, estas investigaciones señalan que el uso continuo puede acidificar el suelo, disminuir la materia orgánica y deteriorar progresivamente la estructura biológica del ecosistema del suelo.
Uno de los estudios más importantes en América Latina fue desarrollado por la científica brasileña Mariangela Hungria, reconocida internacionalmente por sus investigaciones sobre microorganismos benéficos en agricultura. Sus estudios demostraron que ciertas bacterias pueden reemplazar parcialmente fertilizantes nitrogenados sintéticos en cultivos como la soya, reduciendo costos y disminuyendo impactos ambientales. En Colombia también existen investigaciones importantes. Trabajos desarrollados por Cenicafé, liderados por el investigador S. Sadeghian, encontraron que el uso de materia orgánica mejora las propiedades biológicas del suelo y puede sostener sistemas agrícolas más equilibrados a largo plazo.
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Entonces, si esta práctica de fertilización integrada —que combina fertilización química con abonos orgánicos, coberturas vegetales y microorganismos— busca disminuir el impacto de los químicos, ¿realmente es correcta?
La respuesta no es completamente blanca ni negra. Sí, la materia orgánica puede ayudar a amortiguar parte de los efectos negativos de la fertilización química. Ayuda a conservar humedad, mejora la estructura del suelo, alimenta microorganismos y favorece la formación de humus. Además, cuando el fertilizante químico se cubre con materia orgánica, puede disminuir parcialmente la pérdida de nutrientes por evaporación o lavado.
Pero aquí aparece una confusión importante. La materia orgánica no neutraliza totalmente el impacto del fertilizante químico. Si las dosis químicas siguen siendo altas y permanentes, el deterioro biológico continúa ocurriendo, aunque de forma más lenta. Es decir, tapar el químico con orgánico no convierte automáticamente un suelo degradado en un suelo regenerado.
La diferencia está en cuál es el eje del sistema productivo. Cuando la agricultura depende principalmente de fertilización sintética, el suelo termina funcionando como un soporte al que constantemente hay que alimentar desde afuera. Pero cuando la materia orgánica, la cobertura vegetal y la microbiología se convierten en la base del manejo, el suelo comienza a recuperar procesos naturales de fertilidad.

Comprender que producir no es solamente nutrir una planta, sino restaurar y conservar la vida del suelo para las próximas generaciones. Porque un suelo biológicamente activo no solamente nutre cultivos. También retiene agua, captura carbono, resiste mejor las sequías y desarrolla mayor equilibrio frente a enfermedades.
¿Puede un suelo mantenerse fértil después de años de fertilización química? Esa es la pregunta que hoy divide a productores, científicos y expertos agrícolas. Estudios y experiencias en el campo apuntan a que el uso intensivo de químicos altera la microbiología del suelo y afecta su capacidad natural de regeneración.
Queda, además, otro tema pendiente que merece ser analizado con profundidad: la producción de abonos orgánicos. ¿Realmente todos los abonos orgánicos que hoy se elaboran están bien hechos y aportan vida al suelo? Ese será otro reto necesario para el campo colombiano y especialmente para nuestro campo santandereano.
Finalmente, quiero explicarles que los fertilizantes químicos pueden alimentar la planta por una cosecha, o por varias; pero la materia orgánica alimentará el suelo por muchos años y alimentará a las próximas generaciones, si aprendemos verdaderamente a regenerar nuestros suelos”.















