Bucaramanga
Miércoles 04 de febrero de 2026 - 12:17 PM

Ayer y hoy de una esquina emblemática de Bucaramanga

Calle 34 con carrera 15: una esquina, dos momentos de Bucaramanga.

Dos imágenes de la calle 34 con carrera 15: una esquina, dos fotografías. ¿Detecta las diferencias?
Dos imágenes de la calle 34 con carrera 15: una esquina, dos fotografías. ¿Detecta las diferencias?

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En la esquina de la calle 34 con carrera 15, en pleno centro de Bucaramanga, el tiempo pareciera no haber transcurrido, aunque sí ha dejado huellas tan claras que hoy es posible mirarlas de frente, como en un duelo entre dos fotografías separadas por 60 años y unidas por el mismo entorno urbano.

Registro del año 1966. (Archivo/Bucaramanga/VANGUARDIA)
Registro del año 1966. (Archivo/Bucaramanga/VANGUARDIA)

La primera imagen, la de 1966, la del blanco y negro, detiene el tránsito de otra época. No hay afán desbordado ni bocinas impacientes. En el centro de esa escena añeja aparece el llamado “semáforo de carne y hueso”: un hombre con silbato, gesto firme y autoridad ganada a pulso, regulando el flujo vehicular con señales manuales y una presencia que imponía respeto.

Los agentes de esa época, como se aprecia en el registro, no solo ordenaban carros; también marcaban el ritmo de la ciudad. Su figura era parte del paisaje, tan cotidiana como las fachadas que los rodeaban. Bastaba un movimiento de mano para que todo se detuviera, y otro para que la vida siguiera su curso.

El edificio que enmarca la esquina ya estaba allí: sólido, reconocible, casi inmutable. En la fotografía antigua luce joven, con líneas limpias y una sobriedad que hablaba de un Bucaramanga que crecía sin prisa, pero con rumbo.

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En ese ayer no se observan ventas ambulantes. Las aceras están despejadas. El espacio público parece pensado para caminarlo, para permanecer en él sin obstáculos ni disputas. Los peatones avanzan con calma, dueños legítimos del andén.

Un bus urbano se asoma en la escena de 1966. Era funcional. Podría pasar desapercibido hoy, porque en esencia no es tan distinto a los que siguen rodando por la misma arteria vial. El tiempo, en este caso, no innovó demasiado.

Centro de Bucaramanga: Calle 34 con carrera 15. (Foto: Euclides Kilô Ardila / VANGUARDIA)
Centro de Bucaramanga: Calle 34 con carrera 15. (Foto: Euclides Kilô Ardila / VANGUARDIA)

La fotografía del presente, tomada ayer, seis décadas después, muestra el mismo punto cardinal, pero con otro pulso. Los semáforos ya no son humanos: son postes, luces y temporizadores que parpadean con una lógica que parece no dar abasto ante el volumen actual de la movilidad.

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Paradójicamente, esos semáforos modernos resultan obsoletos. No logran ordenar del todo un tránsito más denso, más convulsionado y más estresante. La esquina ya no se regula con autoridad humana, sino con sistemas que parecen quedarse cortos frente a la realidad.

El edificio sigue allí, casi idéntico, como un testigo obstinado. Ha sufrido retoques y adaptaciones, pero conserva su esencia. Es el ancla visual que permite entender que se trata del mismo lugar, pese a todo lo que ha cambiado alrededor.

Lo que sí se multiplicó fue la ocupación del espacio público. Las ventas ambulantes dominan esa esquina, que ahora es un mercado espontáneo donde cada metro se disputa y el andén dejó de ser exclusivamente del peatón.

Caminar ya no es tan sencillo. Los peatones esquivan obstáculos, sortean mercancías y se adaptan. A diferencia del ayer, el espacio para transitar se redujo, se fragmentó y se volvió un ejercicio de paciencia.

El bus urbano vuelve a aparecer en la imagen reciente, confirmando una especie de estancamiento en el modelo de transporte, casi obsoleto y desactualizado. La verdad es que tras el rotundo fracaso de Metrolínea, los vehículos convencionales continúan dominando la vía, como si el tiempo hubiera dado una vuelta completa.

Las dos fotografías, enfrentadas, no solo muestran cambios materiales. Revelan dos cotidianidades congeladas en el tiempo.

En esa esquina de la calle 34 con carrera 15 conviven todos los tiempos: el ayer, que ordenaba el flujo vehicular con silbato; el hoy, que parpadea en rojo y verde, y una movilidad urbana que aún no se define o que esté en veremos. Un mismo lugar, dos instantes y una pregunta abierta sobre hacia dónde camina realmente Bucaramanga.

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