Un talud inestable, meses de alertas sin respuesta y una noche de lluvia: el drama que sacudió a una comunidad rural de Bucaramanga.

Publicado por: Danilo Cárdenas
Una roca de gran tamaño se desprendió del talud y aplastó parte de la vivienda de Yury Alejandra Ruiz en el centro poblado rural La Gracia de Dios, en la vereda Angelinos de Bucaramanga. No hubo víctimas, pero las pérdidas materiales son totales. Gestión del Riesgo visitó el predio, pero advirtió que no puede intervenir porque es un lote privado.
Para muchos, las lluvias que cayeron la noche del martes en Bucaramanga significaron alguna gotera, ruido en el techo o uno que otro charco en la calle. Pero para Yury Alejandra Ruiz Velásquez, significó ver cómo una roca gigante se desprendía del cerro que lleva meses amenazando su hogar y aplastaba la parte frontal de la casa que ella y su esposo levantaron ladrillo a ladrillo durante seis años.
“Esto fue una tragedia anunciada”, dijo Yury. La Unidad de Gestión del Riesgo y Desastres de la Alcaldía de Bucaramanga visitó el predio en varias ocasiones, clasificó el lugar como de alto riesgo, pero señaló que, al tratarse de un predio privado, la administración no está en capacidad de ejecutar obras de mitigación en el terreno. Como respuesta, le entregaron a la familia un plástico para cubrir el talud.
#Atención 🪨🏡Una roca desprendida de un talud destruyó parte de una vivienda en el centro poblado rural La Gracia de Dios, vereda Angelinos de Bucaramanga, tras las fuertes lluvias de esta noche. No hubo víctimas. pic.twitter.com/e6l3RFc962
— Vanguardia (@vanguardiacom) March 18, 2026
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Una casa construida de domingo a domingo
Yury y su esposo, Heiver Botello, llegaron a Bucaramanga desplazados desde Norte de Santander. No traían nada. “Cuando llegamos desplazados, lo único que nos dieron fue un mercado”, recuerda Yury. Desde entonces, los dos se pusieron a trabajar sin descanso: de domingo a domingo, trasnochando, madrugando, sin vacaciones. Con lo que ganaban fueron levantando, ladrillo a ladrillo, la vivienda en el lote que les fue donado en el centro poblado rural La Gracia de Dios.
Hoy, ese esfuerzo de seis años quedó enterrado bajo dos rocas que golpearon su hogar.
En la casa viven también sus cuatro hijos menores de edad: Karen Yulieth Peñaloza Ruiz, de 14 años; Heiver Andrés Ruiz, de 7; Elder Botello Ruiz, de 5; y Thomas Botello Ruiz, de apenas 8 meses. Heiver, el padre, enfrenta además serios quebrantos de salud que lo tienen incapacitado, lo que hace aún más grave el bloqueo de la vía de acceso al sector: sin paso expedito, no puede llegar a sus citas médicas ni acceder a urgencias.
Gracias a que la familia ya conocía el peligro que representaba esa roca, cuando empezó a llover evacuaron a los niños a una casa vecina y salieron a hacerle seguimiento al cerro. “Nos dimos cuenta de que la piedra se venía y nos retiramos”, contó Yury. Por eso no hubo que lamentar víctimas. Pero lo material, lo construido con años de sacrificio, se perdió.
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‘No se puede entrar ni salir’
Octavio Delgado, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio La Gracia de Dios, lleva semanas documentando y denunciando el deterioro de las condiciones en el centro poblado.
Las dos vías terciarias de acceso al sector —la única que conecta al barrio con el resto de la ciudad y la que subía hasta el megacolegio— quedaron totalmente bloqueadas por tierra y escombros.
“Ya no se puede entrar y ya no se puede salir”, advirtió Delgado. Según él, la situación deja incomunicadas a aproximadamente 150 familias de la vereda Angelinos, en la zona rural de Bucaramanga, sin entrada y sin salida.
Delgado, como representante de la comunidad, prepara una nueva acción de tutela para enviar a la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo.
La situación no se limita a la vivienda de la familia Ruiz Botello. Dunia López, líder comunitaria del sector, también levantó la voz para denunciar que, en su caso, el agua entra directamente a su casa con cada lluvia fuerte.
Además, señaló que la entrada al sector se deteriora gravemente cada vez que llueve, agravando el aislamiento de una comunidad que ya de por sí tiene pocas vías de acceso y ninguna de ellas en buen estado.
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Gestión del Riesgo dio un balance de la situación
La Unidad de Gestión del Riesgo no ignoró las alertas. Técnicos e ingenieros realizaron visitas al predio, constataron el riesgo y respondieron a los derechos de petición radicados por la familia.
Sin embargo, en cada visita la respuesta fue la misma: dado que el predio es privado, la administración no tiene competencia para ejecutar obras de estabilización del talud.
En su lugar, el equipo hizo jornadas de pedagogía en el barrio, dio recomendaciones a los habitantes y les recordó lo establecido en la Ley 1523 de 2012 sobre gestión del riesgo y autocuidado, que traslada a los propietarios la responsabilidad sobre sus predios.
Como medida de apoyo, le entregaron a la familia un plástico de 40 metros para que intentaran cubrir el talud y evitar que el agua siguiera infiltrándose. El plástico fue extendido, pero el agua seguía corriendo por la parte alta del cerro.













