El 60 % de las fuentes hidrícas en Santander está en estado regular, con mejores condiciones en zonas altas y mayor deterioro en áreas con más intervención humana.

La riqueza hídrica es uno de los pilares más importantes de Santander. Los ríos Sogamoso, Fonce, Suárez, Carare, Opón, Lebrija y Chitagá, además de un conjunto de microcuencas que desembocan directamente en el Magdalena Medio, evidencian la magnitud y diversidad de este recurso en el territorio.
La riqueza natural se extiende a numerosas fuentes, más pequeñas pero vitales, como las quebradas La Gómez, La Cañada, Susalí y Curití, las cuales tienen procesos específicos de vigilancia y reglamentación para asegurar que el agua se use de forma responsable, según informes de la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS).
Esta red la complementan ecosistemas estratégicos: los humedales. El Complejo de Humedales del Magdalena Medio Santandereano, que abarca más de 846.000 hectáreas, y la Ciénaga San Rafael de Chucurí, que funciona como un regulador natural del agua en la zona, son parte fundamental.
En el marco del Día Mundial del Agua, resulta pertinente reflexionar sobre la responsabilidad y la gestión que conlleva esta riqueza hídrica. Comprender el comportamiento del agua en cada tramo es fundamental para orientar su conservación.

“El estado de las fuentes hídricas en Santander presenta un comportamiento diferenciado a lo largo de las cuencas hidrográficas. En las zonas de alta montaña, donde se localizan los nacimientos y afloramientos de agua, predominan condiciones de calidad buenas (ICA > 80, según monitoreos de la CDMB), asociadas principalmente a la presencia de áreas de protección, ecosistemas estratégicos y a una menor intervención antrópica. Un ejemplo representativo de estas condiciones se observa en los páramos de Santurbán y Almorzadero”, explica Jenny Alexandra Chaparro Pinzón, ingeniera ambiental y especialista en ordenación y manejo integral de cuencas hidrográficas.
Esa condición varía a medida que el agua fluye hacia zonas más bajas del territorio. En los tramos intermedios de las cuencas, suele presentar niveles entre aceptables y regulares, “como se evidencia en sectores de las cuencas de los ríos Carare, Sogamoso y la parte media del río Lebrija”, señala la ingeniera y especialista.
En los tramos bajos, donde se concentran actividades urbanas y productivas, el deterioro se hace más evidente. “Particularmente en áreas de influencia de los ríos: Fonce, Suárez, Sogamoso y la parte baja del río Lebrija, donde se concentran mayores presiones asociadas a actividades urbanas, productivas y a la acumulación de cargas contaminantes a lo largo del sistema hídrico”, agrega Jenny Alexandra Chaparro.
Pero, ¿cuáles son los principales problemas que están afectando ríos y quebradas en el departamento? Para la experta, la red hídrica de Santander ha excedido su capacidad natural para regular, asimilar y depurar la cantidad de contaminantes que hoy en día se producen y se vierten en los cuerpos de agua.
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“Este deterioro está asociado a un incremento simultáneo de presiones antrópicas, entre las que se destacan: la expansión de la frontera agropecuaria y el uso intensivo del suelo; la disminución de la cobertura vegetal en áreas de protección y rondas hídricas; el incremento de actividades extractivas; los vertimientos puntuales de origen urbano; y las deficiencias en los sistemas de saneamiento básico, especialmente en zonas rurales”, detalla la ingeniera ambiental.
Una de las consecuencias que ha dejado el cambio climático es el desabastecimiento de agua en varios municipios de Santander. El fenómeno de ‘El Niño’, cuya consolidación se daría entre junio y agosto, provocó una severa sequía y altas temperaturas durante el primer semestre de 2024. Afectó el 30 % del departamento y generó más de 18 incendios forestales en enero de ese año, según reportes de Gestión del Riesgo de Desastres.
“Las alteraciones en el régimen de lluvias han afectado la estabilidad de los caudales, generando impactos sobre la seguridad alimentaria y energética, reflejados en la pérdida de cultivos, afectaciones a los sistemas pecuarios y variaciones en los niveles de embalses”, destaca la especialista en ordenación y manejo integral de cuencas hidrográficas.
A esto se suma, según la experta, el crecimiento poblacional y el aumento de actividades turísticas en zonas ambientalmente sensibles, como los ecosistemas de páramo.
“En conjunto, estas actividades generan impactos tanto en la cantidad como en la calidad del agua, afectando la disponibilidad del recurso hídrico y la sostenibilidad de los sistemas acuíferos y superficiales del departamento”, puntualiza Jenny Alexandra Chaparro.
75 % de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura, según la ONU.

El 60 % de las fuentes hídricas en Santander están en estado “regular”
El estado de las fuentes hídricas superficiales se analiza a través del Índice de Calidad del Agua (ICA), una herramienta técnica que permite evaluar en qué estado se encuentran los ríos y quebradas y el nivel de presión por contaminación que presentan.
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“El cálculo del ICA se realiza mediante la ponderación de siete variables: oxígeno disuelto, demanda química de oxígeno, conductividad eléctrica, sólidos suspendidos totales, pH, la relación nitrógeno total/fósforo total y coliformes termotolerantes. Adicionalmente, se determinan cuatro índices de contaminación complementarios: contaminación por mineralización, por materia orgánica, por sólidos suspendidos y contaminación trófica”, se lee en el informe del Programa de Monitoreo de Corrientes de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, CDMB.
El informe consolidado más reciente (2024) evidencia que el 60 % de los sitios evaluados (111) se encuentran dentro de la categoría “Regular”, “lo que indica condiciones ambientales intermedias”, reza el informe de la CDMB.
Otro 20 % se encuentra dentro de la categoría “Mala”, 19 % de los puntos se ubicaron en la categoría “Aceptable”, y en la categoría “Muy Mala” (1 %) se ubicó la quebrada El Carrasco.
“Estos resultados destacan la importancia de mantener un seguimiento continuo y fortalecer las acciones de control y prevención de fuentes contaminantes”, se lee.
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Una de las conclusiones del informe se refiere al río de Oro. Su calidad se deteriora a medida que atraviesa zonas urbanas. “Este deterioro se acentúa tras la descarga del vertimiento proveniente de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Piedecuesta, donde el río alcanza la categoría de calidad ‘Mala’ en tres puntos consecutivos. Posteriormente, se observa una leve recuperación a la categoría ‘Regular’ en el tramo rural comprendido entre Piedecuesta y Girón. No obstante, esta mejoría es temporal, ya que al recibir las aguas del río Frío —el cual transporta vertimientos, entre ellos los de la PTAR del municipio de Floridablanca— la calidad vuelve a descender a la categoría ‘Mala’”.
Finalmente, el río de Oro recibe aportes adicionales de las quebradas La Iglesia y la Escarpa Occidental, que concentran colectores del municipio de Bucaramanga sin tratamiento previo, lo cual contribuye a mantener condiciones degradadas en la calidad del agua en los tramos bajos”.
Por otro lado, la mayoría de los puntos monitoreados no presenta contaminación por mineralización (51 %), mientras que un 19 % tiene niveles bajos y un 4 % reporta niveles muy altos: quebrada Chimita, quebrada La Picha, río Tona y afluente quebrada Tambora.
En cuanto a la materia orgánica, hay una presión importante: predominan los niveles medios (30 %), seguidos de altos (14 %) y muy altos (10 %), lo que sugiere aportes de aguas domésticas o pecuarias. Solo un 10 % no presenta contaminación.
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En los sólidos suspendidos, la situación es más favorable, con un 77 % sin contaminación y un 12 % en nivel bajo.
“En conjunto, estos resultados muestran una presión general sobre los cuerpos de agua, lo que hace necesario fortalecer su manejo y control”, reporta la CDMB.
El monitoreo ha aumentado en los últimos años como respuesta a estas condiciones. Mientras en 2021 se contaba con 71 puntos de seguimiento, en 2025 la red se consolidó con 112 puntos de monitoreo. Este seguimiento incluye análisis específicos en zonas de mayor riesgo.
“De manera complementaria, en el marco del PIRMA (Programa Institucional Regional de Monitoreo del Agua) se han incorporado nuevos parámetros de medición, lo que ha permitido fortalecer la evaluación integral y la gestión de la calidad del recurso hídrico en la jurisdicción”, destacan desde la CDMB.
Además, la CDMB realiza campañas de monitoreo de metales en cumplimiento de los compromisos sobre mercurio.
“Estas acciones se enmarcan en el contexto de las actividades de minería aurífera en la parte alta de la cuenca del río Suratá, donde históricamente se ha utilizado mercurio, un metal altamente tóxico para la salud humana y contaminante de las matrices agua, suelo y aire, cuyo uso fue prohibido en Colombia mediante resolución en 2013”.

¿Cómo está la calidad del agua en los hogares?
El Instituto Nacional de Salud (INS) mide la calidad del agua que llega a los hogares, a través del Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA), que evalúa características físicas, químicas y microbiológicas.
Para febrero de 2026, Santander registró un IRCA de 9.0, con 105 muestras analizadas, lo que lo ubicó en un nivel de riesgo bajo. Este resultado indica que el agua es apta para consumo humano, aunque requiere acciones de mejora para cumplir con todos los parámetros evaluados.
Cabe aclarar que para febrero (reporte cargado el 17 de marzo en el INS), solo hay información disponible de 34 de los 87 municipios.

En riesgo alto se encuentran Betulia (78.7), Barichara (51.0), Matanza (46.5) y Aratoca (40.3).
En riesgo medio aparecen Rionegro (27.1), Charta (27.1), Onzaga (27.1), El Playón (27.1), Villanueva (24.2), El Carmen de Chucurí (23.2), Landázuri (19.4), San Joaquín (19.4) y Carcasí (15.5).
En riesgo bajo se ubican Puerto Parra (10.6), Tona (9.6), Sabana de Torres (7.4) y Piedecuesta (5.7).
Mientras que municipios como Lebrija (4.9), Cimitarra (3.5), San Vicente de Chucurí (3.2), San Gil (0.3), Barrancabermeja, Cabrera, California, Cepitá, Charalá, Curití, Los Santos, Mogotes, Ocamonte, Pinchote, Suratá, Valle de San José y Zapatoca (estos últimos con puntaje de 0), reportan niveles sin riesgo, lo que indica que el agua cumple con la normatividad vigente.
Los datos consolidados más recientes (2024) muestran niveles sin riesgo en Bucaramanga (1.5), Floridablanca (0) y Girón (1.7). Piedecuesta no cuenta con dato de cierre en ese consolidado, pero en 2023 también se encontraba en esa categoría.

















