Bucaramanga
Miércoles 30 de septiembre de 2026 - 06:31 PM

120 casas en riesgo: La grieta de ‘Paso Malo’ ya atraviesa a Villas de San Ignacio

Un informe técnico confirma que el deslizamiento se reactivó en la parte alta de la ladera y ya afecta la integridad de las viviendas. Varias de las familias llegaron allí reubicadas tras la emergencia invernal de 2005.

El antiguo colegio Villas de San Ignacio, abandonado desde 2013, presenta el colapso parcial de uno de sus módulos. Está dentro de la zona afectada. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.
El antiguo colegio Villas de San Ignacio, abandonado desde 2013, presenta el colapso parcial de uno de sus módulos. Está dentro de la zona afectada. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.

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Publicado por: Danilo Cárdenas

“Esto ya no es una casa habitable”, relata Pedro Antonio Ariza al ver cómo su familia ha tenido que abandonar su casa porque el deslizamiento de tierra que atraviesa su barrio empezó a moverse.

Su papá notó que el tanque del agua se había corrido cuando empezaron a levantar el segundo piso de la vivienda, en el barrio Villas de San Ignacio, en el norte de Bucaramanga. Después se partió el piso: una grieta atravesó la primera planta.

Luego empezaron a llegar los recibos del agua más caros de lo normal. Una tarde cerraron todas las llaves y el contador siguió girando: el terreno había roto la tubería por dentro. Las grietas comenzaron a aparecer una detrás de otra y cada vez eran más grandes.

“Las grietas vienen de años, pero fue este año cuando se empezaron a notar más y la casa empezó a ceder”, contó Pedro. Sus padres y un tío, adultos mayores, ya no viven allí. Tuvieron que salir porque la vivienda dejó de ser habitable y hoy pagan un arriendo con su propio dinero. Le puede interesar: Falla geológica en ‘Paso Malo’ amenaza viviendas de Bucaramanga

En la casa de Pedro Antonio Ariza, en Villas de San Ignacio, el terreno partió el piso y la tubería del agua. Sus padres y un tío, adultos mayores, tuvieron que salir de la vivienda. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.
En la casa de Pedro Antonio Ariza, en Villas de San Ignacio, el terreno partió el piso y la tubería del agua. Sus padres y un tío, adultos mayores, tuvieron que salir de la vivienda. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.

La historia tiene una ironía amarga. La familia de Pedro llegó a este barrio reubicada después de la emergencia invernal de 2005. “Nosotros somos personas reubicadas y ahora mire lo que nos está sucediendo”, dijo.

Miguel Silva, ingeniero geotecnista, explicó que el deslizamiento del sector conocido como ‘Paso Malo’ afecta la vía desde 2010. La infraestructura del antiguo colegio, incluso, está abandonada desde hace años y los estudiantes fueron reubicados en su momento en la nueva sede de La Inmaculada.

No obstante, las grietas en las viviendas, en Villas de San Ignacio, comenzaron en abril de este año. “Hay una grieta que baja por la vía y atraviesa todas las casas. Esta zona nunca antes se había movido, y en 2026 se activó un megadeslizamiento en el barrio”, afirmó el experto.

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Del problema de la vía al problema de las casas

Lo que se ve en las paredes lo confirma un informe técnico fechado el pasado lunes 28 de septiembre. El documento, elaborado por Silva para MSI Geotechnical Group, concluye que el deslizamiento se reactivó y que ya afectó la integridad de algunas viviendas de Villas de San Ignacio Etapa VII, conjunto entregado en 2008 con 121 casas.

Es la primera vez que un estudio con instrumentos señala de forma explícita daños en las casas del barrio, y no solo en el colegio y en la vía. Por eso, califica la situación como de “atención prioritaria”.

Durante el recorrido que hizo ayer con Vanguardia, el ingeniero calculó que más de 70 de esas viviendas ya presentan grietas, algunas pequeñas y otras de gran tamaño.

Silva explica que en la ladera hay dos movimientos distintos. Abajo, en la vía y hasta el río de Oro, está el deslizamiento conocido desde hace años, que avanza entre 50 y 70 centímetros por año. Lo empujan la socavación del río y el agua de alcantarillados rotos que satura el terreno.

Arriba, donde están las casas, se activó una zona que, según el ingeniero, históricamente nunca se había movido.

Grietas como esta obligaron a la familia de Pedro Antonio Ariza a sacar a sus padres, adultos mayores, de la vivienda. Hoy pagan arriendo por su cuenta. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.
Grietas como esta obligaron a la familia de Pedro Antonio Ariza a sacar a sus padres, adultos mayores, de la vivienda. Hoy pagan arriendo por su cuenta. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.

“Este movimiento de abajo hace que el de arriba se empiece a mover”, explicó. Es lo que los técnicos llaman un deslizamiento retrogresivo: la ladera pierde soporte en la base y el daño avanza hacia arriba, hacia el barrio.

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Los instrumentos lo confirman. Un inclinómetro instalado en enero entre la vía y las casas registró un desplazamiento de 63,64 milímetros hasta septiembre, con la superficie de falla a unos 38 metros de profundidad. Después de agosto, esa velocidad aumentó cerca de un 25 %.

Otro instrumento, que en 2024 no mostraba movimiento, pasó a registrar 14,62 milímetros por mes este año. En la parte baja, uno de los aparatos midió una velocidad equivalente a 73 centímetros por año, la más alta registrada en todas las campañas de monitoreo del sitio.

Según el informe, la corona del deslizamiento, es decir, su borde superior, ya está en las primeras filas de casas de la Etapa VII. Le recomendamos: Salvar Paso Malo cuesta más de $48 mil millones y por ahora no será priorizado

Lo que pasa dentro de las casas

Los daños siguen un mismo patrón. Hay fisuras diagonales que salen de las esquinas de puertas, ventanas y cajas de contadores, y juntas abiertas de varios centímetros entre casas vecinas, que se inclinan y se hunden de forma distinta.

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Adentro, las grietas atraviesan los muros de lado a lado, los pisos de cerámica están partidos y las reparaciones con mortero se vuelven a abrir. En una de las viviendas, una mujer contó que tuvo que sacar a su hijo.

Aunque varios residentes notaron que las grietas crecieron tras el terremoto de agosto, el informe descarta que el sismo sea la causa: en Bucaramanga se sintió con una fuerza 29 veces menor a las que soporta por diseño y el movimiento telúrico solo agravó los daños que el deslizamiento ya venía causando.

La grieta que apareció en abril baja desde la vía y cruza las calles de Villas de San Ignacio Etapa VII. Según el ingeniero Miguel Silva, es la señal de que el deslizamiento de ‘Paso Malo’ llegó al barrio. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.
La grieta que apareció en abril baja desde la vía y cruza las calles de Villas de San Ignacio Etapa VII. Según el ingeniero Miguel Silva, es la señal de que el deslizamiento de ‘Paso Malo’ llegó al barrio. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.

Reubicados dos veces

La situación de Pedro no es aislada. Varias de las familias de la Etapa VII llegaron allí después de ser reubicadas por la emergencia invernal de 2005. Las sacaron de una zona de riesgo y las trajeron a una ladera donde, según el informe, ya en 2002 las imágenes satelitales mostraban la huella de un antiguo deslizamiento.

Hoy, las familias que tienen que salir lo hacen por su cuenta. Pedro asegura que a él no le han ofrecido subsidio de arriendo. “No tenemos ninguna entidad que nos diga en qué forma nos van a llevar o qué van a hacer”, dijo algo resignado. “Vienen, toman fotos, toman medidas, pero no nos dan soluciones”.

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Otro vecino, cuya casa también está agrietada, describió el peso del problema: se siente afectado psicológica, moral y económicamente. Contó que fue a la Oficina de Gestión del Riesgo y que las visitas terminan en promesas de reuniones que no se concretan. Su pedido es que no esperen a que pase algo.

Para el ingeniero Silva, reubicar tampoco ha sido una salida efectiva en Bucaramanga. Recordó casos en los que predios desalojados en emergencias pasadas volvieron a ser ocupados e incluso vendidos.

Una reunión y una promesa de volver

La Oficina de Gestión del Riesgo de Bucaramanga convocó ayer, a las 4:00 p. m., una reunión con la comunidad para conocer la situación y definir qué planes se ejecutarán con las viviendas afectadas.

En el sector también estuvo personal del Invisbu, que tomó registro fotográfico de los daños y se comprometió a volver. Para los vecinos, sin embargo, la visita repite una escena conocida: “Solo vienen a mirar y a tomar fotos”, dijo una de las residentes que tuvo que sacar a su hijo de la casa.

¿Por qué no hay solución?

Findeter comenta que para solucionar el problema de la vía se necesitan $48.345 millones, a precios de 2024, pero el proyecto no ha sido priorizado porque depende de los recursos del peaje de Rionegro, inactivo desde mayo de 2021.

Mientras tanto, entre 2023 y 2025 se hicieron 15 intervenciones de emergencia en la vía por cerca de $900 millones. Cada una dura pocas semanas antes de que el hundimiento reaparezca. “Eso son pañitos de agua tibia; a los 15 días está vuelto nada”, dijo uno de los vecinos.

El nuevo informe agrega un problema: los estudios y diseños existentes deben ajustarse porque ahora también se mueve la parte superior de la ladera. Eso significa que la cifra de 2024 podría quedarse corta y cualquier obra tardaría más tiempo y recursos adicionales.

A eso se suman las responsabilidades cruzadas. Según Silva, cada entidad necesita algo de la otra para poder actuar: las obras en la vía, que dependen de los peajes y de Findeter, son las que permitirían estabilizar la ladera, y sin esa estabilidad no hay forma de definir qué pasa con las casas, que son terreno del Invisbu y de la Alcaldía de Bucaramanga. En ese cruce, la Gobernación también tiene influencia. Para el ingeniero, la explicación cabe en una frase: “La voluntad es plata”.

En ‘Paso Malo’, la vía entre Palenque y Café Madrid perdió buena parte del asfalto. Allí el terreno se mueve entre 50 y 70 centímetros por año. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.
En ‘Paso Malo’, la vía entre Palenque y Café Madrid perdió buena parte del asfalto. Allí el terreno se mueve entre 50 y 70 centímetros por año. Foto: Byron Pérez/Vanguardia.

Qué se puede hacer ya

El ingeniero coincide en que hay medidas que no requieren esperar la obra completa: proteger la orilla del río de Oro en la curva donde socava la ladera, canalizar las aguas lluvias, reparar el alcantarillado e instalar nuevos instrumentos de medición. Sobre todo, piden un inventario casa por casa.

“Los invito a que hagamos un inventario de viviendas: cuáles son habitables, cuáles no y qué se puede hacer para evitar una catástrofe”, dijo Silva. Lea: Bucaramanga: ¿Vía nacional o ‘escombrera’? Paso Malo se convierte en un botadero

“Va a fallar en algún momento”

¿Cuándo podría ocurrir una falla mayor? El ingeniero prefiere no dar fechas. “Sería irresponsable decir cuándo va a fallar. Lo que sí puedo responder con certeza es que se va a seguir deteriorando”, dijo el experto. “No puedo decirle cuándo, pero va a fallar en algún momento”, insistió el ingeniero.

El informe es igual de claro: si no se interviene, en las próximas temporadas de lluvias aumentarán los daños en las viviendas y en la vía, hasta comprometer su habitabilidad, sin descartar fallas súbitas en la orilla del río y en el entorno del colegio.

Publicado por: Danilo Cárdenas

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