El desmonte de ciclorrutas, el cierre de ClobiBGA y las dificultades de Metrolínea contrastan con los nuevos esfuerzos por fortalecer el transporte público, la bicicleta y la movilidad eléctrica.

La movilidad sostenible en Bucaramanga y el área metropolitana atraviesa un momento de tensión. El desmonte de la ciclorruta de la carrera 21, ocurrido el pasado lunes, no puede verse como un hecho aislado: se suma al cierre de ClobiBGA, a la crisis que durante años ha enfrentado Metrolínea y a una transición aún incipiente hacia los vehículos eléctricos.
La discusión sobre las ciclorrutas tampoco es nueva. Desde su implementación han surgido cuestionamientos por la invasión de carriles, las dificultades para comerciantes y las condiciones de algunos trazados. La pasada administración planteó que aquellas ubicadas sobre vías principales debían replantearse y, en algunos casos, trasladarse a corredores alternativos.
En ese escenario se explica el reciente desmonte en la carrera 21. La Dirección de Tránsito sostiene que la bicicleta no pierde prioridad, sino que cambia la forma de utilizar el espacio: el tramo segregado será reemplazado por un carril preferente compartido por ciclas y buses, mientras los otros dos quedarán para el tránsito general. La Alcaldía llama a este proceso una “reingeniería” de las ciclorrutas. La discusión, entonces, está en qué infraestructura reemplazará a la que se retira.
Para los defensores de la bicicleta, la diferencia es importante. Una vía compartida puede ser una alternativa, pero su funcionamiento dependerá de la velocidad vehicular, los controles, el comportamiento de los conductores y las condiciones del corredor. Por eso, el éxito de la medida debería evaluarse por la seguridad de los ciclistas, el número de usuarios y el uso efectivo de la bicicleta, no solo por los carriles que recuperan los automóviles.
La situación de Clobi BGA añade otra preocupación. El sistema nació para promover la bicicleta como medio cotidiano de transporte y conectarla con Metrolínea, como una alternativa frente a la congestión, la contaminación y el uso del automóvil. Sin embargo, terminó sus actividades en 2023, después de cuatro años. Su salida dejó un vacío en la política de movilidad activa, especialmente porque también buscaba impulsar la intermodalidad y convertir la bicicleta en una aliada del transporte masivo.

Metrolínea, por su parte, arrastra una historia de dificultades operativas y financieras. Durante 2025 enfrentó problemas de flota y recurrió a permisos transitorios para garantizar la prestación básica del servicio. Esto debilitó su capacidad para competir con el vehículo particular. No obstante, la puesta en marcha del nuevo SITME, en octubre de ese año, abrió una nueva etapa para el transporte público metropolitano.
Para 2026, el sistema reporta un aumento de pasajeros y una reorganización de rutas complementarias e integradas. Hay, por tanto, señales de recuperación, aunque todavía está pendiente demostrar que el transporte público puede ofrecer la cobertura, frecuencia y confiabilidad necesarias para que más ciudadanos cambien sus hábitos de viaje.
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La movilidad eléctrica también avanza, pero lentamente. En 2022, Bucaramanga puso a prueba el primer bus eléctrico de Metrolínea durante seis meses, con el fin de evaluar la tecnología. Aquella experiencia fue un paso importante, pero el reto sigue siendo convertir este tipo de iniciativas piloto en una estrategia permanente de renovación de flota y expansión de la infraestructura de carga.
Voz de la experta

En este contexto cobra fuerza la advertencia de Yany León Castañeda, experta en sostenibilidad. Para ella, “el desmonte de la ciclorruta representa uno de los mayores retrocesos en sostenibilidad urbana y puede favorecer un mayor uso del transporte automotor, con efectos sobre la contaminación, la congestión, la accidentalidad y la salud pública”.
Su planteamiento es claro: el crecimiento del parque automotor tendría un impacto distinto si estuviera acompañado por un transporte público eficiente, ciclorrutas seguras y andenes adecuados.
¿Qué dicen los biciusuarios?

El vocero de Ciclaramanga señaló que la decisión de desmontar la ciclorruta de la carrera 21 “se aparta de lo establecido en la sentencia proferida el 22 de septiembre de 2022 por la jueza Claudia Ximena Ardila, en la cual no se ordena el desmonte de ninguna ciclorruta. En ese sentido, considera que se trata de una actuación que desconoce el alcance de dicha decisión judicial y que, además, no contó con la participación de la comunidad ciclista, aspecto que también fue señalado en la sentencia”.
De otro lado, el vocero cuestionó que las administraciones municipales no hayan demostrado la voluntad política necesaria para sacar adelante el proyecto de ciclo-inclusión que fue impulsado inicialmente durante la administración de Rodolfo Hernández y que quedó plasmado en el documento Estrategia de la bicicleta para Bucaramanga como medio de transporte 2019-2030, iniciativa que además tuvo alcance de Hecho Metropolitano mediante el Acuerdo 010 del 11 de diciembre de 2018.
Según el vocero de Ciclaramanga, durante estas administraciones tampoco se desarrollaron de manera suficiente operativos periódicos para controlar la invasión de las ciclorrutas por parte de vehículos motorizados, ni se adelantaron campañas educativas y pedagógicas sostenidas para promover el uso de la bicicleta como medio de transporte.
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Asimismo, señaló que “no se formularon nuevas políticas públicas orientadas a incentivar el uso de la bicicleta ni se fortalecieron las acciones necesarias para garantizar el cumplimiento de la normatividad vigente, entre ella la Ley 1811 de 2016, conocida como Ley Pro-Bici”.
También cuestionó la falta de mantenimiento de la red de aproximadamente 20 kilómetros de ciclorrutas, compromiso que, según indicó, había sido asumido desde la administración de Juan Carlos Cárdenas.
“Ahí están los resultados”, afirmó el vocero. A su juicio, se trata de una infraestructura que desde su construcción ha enfrentado el rechazo de un sector de la ciudadanía, bien sea por falta de comprensión sobre los principios de la movilidad sostenible o por la fuerte dependencia que todavía existe del automóvil particular.
Finalmente, el vocero sostuvo que las administraciones municipales tienen la responsabilidad de orientar a la ciudad hacia soluciones integrales y sostenibles para sus problemas de movilidad. En su concepto, ante la falta de acciones suficientes en materia de cultura ciudadana, control, mantenimiento, infraestructura y promoción de la bicicleta, resulta paradójico que ahora se plantee como respuesta al problema de movilidad el desmonte de las ciclorrutas.
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La versión del Municipio
#AEstaHora 🚧 Inició el desmonte de la ciclorruta de la carrera 21 en Bucaramanga.
— Vanguardia (@vanguardiacom) September 28, 2026
La intervención se realizará en el tramo comprendido entre la calle 55 y una cuadra más allá de la avenida Quebradaseca, donde se busca recuperar espacio para la circulación vehicular.
🚴♂️ La… pic.twitter.com/Vpk3tbkImv
La Alcaldía sostiene una visión diferente. El mandatario local, Cristian Portilla, dice que las ciclorrutas no desaparecerán como política, sino que serán replanteadas en corredores donde puedan convivir mejor con el resto de la movilidad.
La intención es liberar algunas vías principales y trasladar la infraestructura ciclista a otros sectores. En la misma línea, la Dirección de Tránsito defiende el carril preferente para bicicletas y buses como una forma de conservar la movilidad sostenible.
Entonces, ¿está “en jaque” la movilidad sostenible? Hay señales que permiten hablar de un momento crítico: se desmontan o replantean ciclorrutas, desapareció ClobiBGA y el transporte masivo aún intenta superar años de dificultades. Pero también hay esfuerzos por mantener alternativas sostenibles, como la reorganización de Metrolínea, el nuevo SITME y la apuesta oficial por conservar la bicicleta dentro del sistema de movilidad.
El verdadero reto será lograr que todas estas piezas encajen. Caminar, pedalear, utilizar el transporte público o recurrir a vehículos eléctricos deberían ser opciones complementarias y reales para los ciudadanos. La discusión no debería limitarse a cuántos carriles recuperan los automóviles, sino a cómo movilizar a más personas con seguridad y menor impacto ambiental.
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Bucaramanga enfrenta ahora la tarea de demostrar, con resultados y no solo con anuncios, que la “reingeniería” de sus ciclorrutas puede fortalecer las alternativas al vehículo particular.
¿Qué ha pasado con estas iniciativas?

EL PASADO DEL ClobiBGA
Entre 2020 y 2023, ClobiBGA funcionó como un sistema público de bicicletas operado por Metrolínea, pensado para facilitar trayectos cortos y promover una movilidad sostenible. A través de una aplicación, los usuarios podían acceder a bicicletas mecánicas, bicicletas asistidas y patinetas eléctricas, disponibles en 16 estaciones. El sistema registró más de 283.000 viajes y cerca de 20.000 usuarios inscritos. La iniciativa buscaba apoyar el transporte limpio y ofrecer una alternativa económica para los ciudadanos de la ciudad.
EL PRESENTE DEL ClobiBGA
Desde septiembre de 2023, ClobiBGA permanece fuera de servicio y sus estaciones fueron retiradas de las calles, luego de meses de abandono. Aunque durante 2024 hubo anuncios sobre una posible reactivación y el Plan de Desarrollo contempló fortalecer la movilidad sostenible, el sistema no ha regresado. Mientras se define su futuro, los equipos permanecen bajo custodia, inventariados y asegurados. La administración municipal aún debe determinar si retomará esta alternativa de micromovilidad sostenible para Bucaramanga.

EL PASADO DE LAS CICLORRUTAS
Las ciclorrutas de Bucaramanga comenzaron a tomar forma en 2016, cuando la Alcaldía planteó implementar 20 kilómetros de infraestructura para promover el uso de la bicicleta. El primer proyecto contempló un tramo de 2,6 kilómetros entre el Parque de Los Niños y la Universidad Industrial de Santander. Tras varios retrasos administrativos, las obras fueron adjudicadas en agosto de 2017 y posteriormente ejecutadas. En 2018, este corredor se consolidó como la primera infraestructura ciclista funcional de la ciudad.
EL PRESENTE DE LAS CICLORRUTAS
La Alcaldía de Bucaramanga inició el desmonte de la ciclorruta segregada de la carrera 21, entre la calle 55 y la avenida Quebradaseca, para convertirla en un carril ciclopreferente y recuperar tres carriles de circulación. Dos estarán destinados al tráfico particular y el derecho dará prioridad a buses y bicicletas. Además, se proyecta extender el cambio hacia la glorieta de San Francisco. La administración también anunció el retiro y reajuste de la ciclorruta de la calle 33, debido a solicitudes comerciales y baja circulación de biciusuarios.

EL PASADO DE VEHÍCULOS ELÉCTRICOS
Los vehículos eléctricos comenzaron a ganar presencia en Bucaramanga y su área metropolitana con la llegada de infraestructura de recarga y proyectos orientados a una movilidad más limpia. En 2019, la ESSA puso en funcionamiento los primeros dos puntos públicos de carga en Bucaramanga, uno en el Centro Comercial Cacique y otro en la carrera 21 con calle 45. Posteriormente, la tecnología llegó al transporte público: en 2022, Metrolínea incorporó su primer bus eléctrico mediante una prueba piloto de seis meses, impulsando la movilidad sostenible.
EL PRESENTE DE VEHÍCULOS ELÉCTRICOS
El uso de vehículos eléctricos continúa en aumento en Santander, donde ya circulan más de 1.000 unidades y las seis ecoestaciones disponibles registran cerca de 1.487 recargas mensuales. Este crecimiento, que aún no es suficiente, ha impulsado la digitalización del servicio y refleja una mayor demanda de infraestructura para la movilidad eléctrica. Según Fenalco y Andi, los registros de vehículos eléctricos e híbridos nuevos crecieron en el primer trimestre de 2026. Y en Santander, las ventas de estas tecnologías realmente no avanzan como se esperaba.

Nota de la Redacción: Queremos conocer su opinión sobre esta problemática urbana. Escríbanos al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com

















