domingo 03 de marzo de 2019 - 12:00 AM

‘Después de Venezuela... es Colombia querida mi segunda tierra’

‘Brillando más allá de la frontera’... Este es el nombre de la sección periodística que emprendemos hoy y con la que queremos mostrar el sano esfuerzo que hacen muchos hermanos venezolanos que están en Bucaramanga tratando de sobrevivir.

Al son de la clásica cumbia de Pastor López, los artistas de ‘Sabor Latino Venezolano’ recorrieron el pasado jueves el Parque Santander y todo el Paseo del Comercio.

/ Vamos colombianos/ / Levanten las manos/ / Al sonar esta cumbia/ / Que les canta un hermano/

Interpretan estos y otros clásicos desde hace poco más de diez meses. Van de barrio en barrio imponiendo el ritmo de sus notas y, al mismo tiempo, mostrándole a nuestra gente una cara esperanzadora, a pesar de la difícil situación por la que atraviesan.

Han recorrido largos caminos tras una dura travesía que les ha desgastado sus pies, aunque no sus esperanzas.

Llueva o haga sol inclemente siempre están atentos a interpretar música de las dos repúblicas hermanas: Colombia y Venezuela.

Con ellos usted revive lo mejor de la guaracha, baila al ritmo de la cumbia, escucha la tambora, en fin...

Como muchos de sus compatriotas, estos artistas huyeron de la crisis que afronta el país vecino y ahora prueban suerte en la capital santandereana.

Están cuartillando algunos pesos para sobrevivir y para enviarles a sus familiares.

Vanguardia Liberal los sorprendió cantándoles a los transeúntes al son del bombo, el redoblante, la güira y los trombones.

Renzo Arenas, Winston Carrillo, Anthony Méndez, Norberto Enciso y Daniel Rosero son artistas urbanos del país del ‘Cónchale vale’, que encontraron en la música otra forma de ganarse la vida.

Llegaron procedentes de Maracay, capital del municipio de Girardot y del estado Aragua. Ellos dieron el salto de la ‘Ciudad Jardín’, tal y como le dicen a su tierra natal, a la ‘Ciudad Bonita’.

No ha sido fácil estar en tierra ajena. A pesar de ello llevan sus sueños anidados en el corazón y anhelan recomenzar sus vidas, así sea fuera de casa.

Estos artistas jamás tocaron juntos en su tierra natal. Venían de paso por nuestra ciudad, intentando hacer conexiones hacia rumbos desconocidos; sin embargo, la música los unió.

La papayera de ellos, como se le dice en el argot popular a este tipo de grupos, la armaron al llegar a nuestra ciudad.

Cada uno de ellos pertenecía a un grupo musical de Maracay, en donde integraban bandas de porros, fandangos y otros aires musicales.

El talento que despliegan les permitió encontrarse en la capital santandereana e intentar hacer menos dura su permanencia por estos lados.

Como pudieron recolectaron para comprar sus uniformes, que no son otras cosas que camisas livianas de colores y los escasos blue jeans que siempre los acompañan.

Anthony Méndez dice que, “si bien todos vamos uniformados en cada una de las presentaciones comunitarias, jamás suelto mi bandera, pues tengo la fe de que los malos tiempos que por allá soplan muy pronto terminarán y regresaremos con nuestra música a Venezuela”.

Ellos hacen parte del fuerte fenómeno migratorio desatado por el éxodo de personas que se presenta a diario en la frontera entre Colombia y Venezuela, y que también ha incluido a vocalistas, modelos, bailarines, actrices y una gran variedad de artistas procedentes del país vecino.

Los cinco, en el papel, hacen parte de los 8 mil 652 venezolanos que oficialmente están registrados en Bucaramanga.

Esa cifra se queda pequeña si se tiene en cuenta que otros miles de ellos se encuentran de manera ilegal en el área metropolitana.

Cantando es la otra forma de sobrevivir que estas personas han encontrado para rebuscárselas en la capital santandereana. Y al son de su música están brillando más allá de la frontera.

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