jueves 27 de febrero de 2020 - 12:00 AM

La avalancha en Piedecuesta arrasó con todo

Una gran huella de tragedia y muerte dejó el fuerte aguacero que azotó en la madrugada de ayer al área metropolitana. Piedecuesta fue el municipio más afectado con la avalancha que, al cierre de esta edición, dejaba tres personas muertas, seis desaparecidas y otras cien damnificadas.
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El fuerte invierno golpeó de nuevo al área metropolitana y esta vez la tragedia cobró la vida de tres personas y tiene a otras seis desaparecidas, además hay más de 120 personas damnificadas por la avalancha que se registró en Piedecuesta en la madrugada de ayer.

Como si fuera poco, el aguacero dejó a Bucaramanga y a los vecinos municipios incomunicados con el centro del país.

Todo obedeció a la emergencia que se registró tras los desbordamientos del río Manco y la Quebrada La Grande, tras cinco horas largas que duró la fuerte precipitación.

En medio de la tragedia sobrevivió la esperanza. Una hermosa historia de vida se escribió en medio del lodo y barro. El niño Dilan Matías Jaimes fue encontrado llorando debajo de un puente. Por fortuna, a él nada le había pasado y fue atendido de manera oportuna. (Ver historia)

No obstante, la borrasca arrasó con vías y destruyó tramos de los sectores Los Curos, Pescadero, Bocagrande, las Acacias y El Guamo, entre otras áreas del municipio garrotero.

Esta es una de las peores emergencias invernales en muchos años, no solo por las vidas que cobró y los damnificados que dejó, sino porque tiene en caos la estructura vial del área.

El propio alcalde de Piedecuesta, Mario José Carvajal Jaimes, optó por ampliar la declaratoria de ‘Calamidad Pública’ que, de manera precisa, había sido declarada hace unas semanas tras otra emergencia invernal ocurrida en esa localidad.

Él espera reunir los suficientes recursos para atender a las personas afectadas y garantizar acciones concretas que permitan volver a la normalidad al municipio.

La tragedia dejó en evidencia una gran realidad: no hay la suficiente capacidad de reacción el área ante una arremetida invernal.

De hecho, ante esta emergencia la capacidad de respuesta de Piedecuesta se agotó.

No obstante, el director de Gestión del Riesgo de Santander, César García Durán, confirmó que cerca de 250 unidades de Bomberos, Defensa Civil, Ejército, Policía Metropolitana de Bucaramanga, Ponalsar, Alcaldía de Piedecuesta, Invías y Gobernación estuvieron desde las primeras horas brindando atención. También se solicitó ayuda a la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo.

Se adelantaron seis frentes de trabajo en los sectores de El Boquerón, Pescadero, quebrada Grande, El Guamo, Barroblanco y Bore.

A la zona también llegaron 21 equipos de maquinaria amarilla como bocat, volquetes, cargadores, bulldozer, excavadoras y pajaritas para avanzar con la remoción de escombros y material de arrastre que quedó tras el desbordamiento de los afluentes hídricos.

Los rostros de la tragedia

Vanguardia recorrió el lugar de la emergencia ocurrida en Piedecuesta y conoció las historias y los rostros de los damnificados, que reflejan los estragos causados por la furia de la naturaleza . Llegamos hasta el lugar de los hechos, para dar a conocer las afectaciones que hoy afrontan aquellos que lo perdieron todo.

Una luz de esperanza entre la tragedia

“¡Encontramos al bebé, buenas noticias, está vivo!” Esas palabras dieron esperanza, aliento entre el desolador panorama de fango y escombros que ayer se divisaba en zona rural de Piedecuesta.

Los piececitos de Dilan Matías, de nueve meses, que se movían entre el lodo, fueron la señal de lo que muchos califican como un milagro.

La noche del martes, la fiereza de la Quebrada Grande, unida a la del río Manco, lo arrastró sin piedad a él, a su papá, su mamá y sus dos hermanitos de 2 y 5 años. Los tres últimos continuaban desaparecidos.

Eran las 11:30 de la noche cuando los Jaimes, quienes a esa hora dormían, fueron sorprendidos por el barrejobo, piedras y la palizada que arrastró por completo la casa donde vivían desde hacía cuatro meses, en la finca El Castillo.

“Sintieron que el agua se metía, los niños empezaron a llorar. Mi hijo Fabián Andrés los subió al chifonier mientras buscaban salida, pero cuando intentaron abrir la puerta no pudieron.

Quedaron atrapados por los palos y el barro”, relató Liliana, madre de Andrés, abuela del sobreviviente y los niños desaparecidos.

Lea también: Video: Drone registró la magnitud de la tragedia en Piedecuesta

El barro arrastró al papá unos 30 metros; la fuerza de la corriente lo lanzó contra una zanja de donde logró salir con vida.

Aún ‘aporreado’ sacó fortaleza y, apoyado por habitantes de la zona, comenzó la búsqueda desesperada de su esposa y sus tres hijos.

Largas horas ‘esculcando’ hasta que hacia las 8:00 de la mañana de este miércoles, leves movimientos entre el barro llamaron la atención de un lugareño.

La emoción fue grande cuando, a unos 15 metros de donde antes quedaba la casa, notó que los que se movían eran los pies de un niño atrapado en un hueco, entre palos y piedras. El pequeño asomaba la nariz, eso lo salvó. Esa acción natural le permitió respirar entre el barro por cerca de nueve largas horas.

“¡Andrés mire, el niño. Es Dilan!”, gritaba una mujer para hacerle saber al papá que lo habían encontrado.

Emocionado, su papá lo abrazó, lo besó y corrió por ayuda.

“¡Encontramos al bebé, está vivo!”, repetía con alegría mientras se veía a Andrés caminar entre el barro con su hijo dormido, aferrado, apretujado contra su pecho.

“Esto para nosotros es una moral muy grande, es la esperanza de que aún podemos encontrar con vida a los demás; no perdamos la fe”, expresó Paola, tía del pequeño.

El bebé, según los familiares, está estable, recibe asistencia médica en la Clínica de Piedecuesta.

Permaneció dormido parte de la mañana, vencido por el cansancio.

“Cuando se levantó estaba muy contento, pidió agüita y se volvió a dormir”... Sonreía porque su inocencia aún no le permite ver la magnitud de la tragedia en la que él, en realidad, es un milagro de vida.

Los Reyes Lizarazo buscan tres parientes

Cerca de la medianoche, a pocos minutos del comienzo de este ‘Miércoles de Ceniza’, la tragedia entró literalmente por la ‘puerta’ de la familia Reyes Lizarazo y destruyó por completo su vivienda, una casa de ladrillos y cemento ubicada en un costado de la vía Bucaramanga-San Gil, a la altura de la zona conocida como Boquerón, en cercanía a Los Curos.

En dicho punto de la geografía santandereana el agua, las rocas y el lodo se mezclaron entre sí y arremetieron con todas sus fuerzas contra lo que había a su paso; tal y como sucedió con el ‘terruño’ de los Reyes Lizarazo. Más allá de la devastación que causó la grave avalancha, este núcleo familiar lamenta la pérdida de tres de sus parientes, quienes hasta el cierre de la presente edición aún estaban desaparecidos.

Se trata, tal vez, de la familia más damnificada en Boquerón. En la vivienda que tenían residían cinco personas: Dos adultos mayores, junto a tres de sus hijos. Lamentablemente, tres miembros de este hogar fueron arrastrados por la corriente.

Gladys Reyes Lizarazo le contó a Vanguardia que “mi papá y mi hermano fueron los únicos que alcanzaron a salir antes de que la avalancha se llevara la casa. Gracias a Dios ellos están bien de salud y no les pasó casi nada. Mi mamá no pudo salir, era una persona de edad mayor, tenía 67 años. Mi hermano mayor, que tenía más de 50 años, no podía caminar porque estaba mal de la columna. Mi otro hermano, el que tenía más de 30, hacía domicilios en la moto.

“El agua tumbó casi toda la casa y se llevó todo. No se pudo salvar nada. Se perdió todo lo que tenían mis papás. Los cultivos, los perros, los pollos y hasta los marranos se perdieron. No quedó nada”, narró la mujer con su voz algo temblorosa.

Vea además: Estas son las vías alternas para salir de Bucaramanga a Bogotá y Málaga

La familia Reyes Lizarazo es una de las más damnificadas. Desde las cero horas de este ‘Miércoles de Ceniza’ buscan a tres parientes que fueron arrastrados por la avalancha. Su vivienda resultó destuida y sus enseres quedaron inservibles. Vivían en el sector de Boquerón, en la vía Bucaramanga - San Gil. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
La familia Reyes Lizarazo es una de las más damnificadas. Desde las cero horas de este ‘Miércoles de Ceniza’ buscan a tres parientes que fueron arrastrados por la avalancha. Su vivienda resultó destuida y sus enseres quedaron inservibles. Vivían en el sector de Boquerón, en la vía Bucaramanga - San Gil. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Para Gladys, todo sucedió muy rápido y ni si quiera hubo tiempo para alertar a sus padres y hermanos de la emergencia. Aunque ella vive cerca del Boquerón, a pocos minutos de la casa que habitaban sus padres, no pudo contactar a ninguno de sus parientes ni saber cómo se encontraban en medio del aguacero que azotaba a Piedecuesta.

“Con mis hijos y mi esposo también vivimos cerca del río. El martes nos acostamos como normalmente lo hacemos, a las 8:30 p.m., y ni siquiera estaba lloviendo. Como a las 11:40 p.m. nos levantó el ruido tan tremendo que hacía el río. Al ratico de levantarnos recibí la llamada de una hermana, que también vive por Los Curos, y me dijo lo que había pasado en la casa de mis papás...

“Nosotros nos reuníamos cada ocho días en la casa de ellos. Iban mis otros hermanos con sus hijos, hacíamos almuerzo y hablábamos toda la tarde. Ese era el plan de todos los domingos... No alcanzamos a comunicarnos con mis papás esa noche. No creímos que fuera a ocurrir esta tragedia”, recordó Gladys.

Mientras sostenía una mirada perdida hacia los restos de la casa de sus padres, esta hija de los Reyes Lizarazo mencionó que “la Policía nos dijo que aparecieron unos cuerpos, y que posiblemente se puede tratar de mi mamá y mis dos hermanos. Como uso silla de ruedas y la carretera quedó llena de piedras grandes y de lodo, me queda muy difícil ir a reconocer los cuerpos. Una hermana y unas sobrinas van a hacer el reconocimiento.

La avalancha en Piedecuesta arrasó con todo

“Pedimos ayuda a las autoridades para cubrir los costos funerarios de mis familiares. Mi papá y mi hermano quedaron sin vivienda ni trabajo, solicitamos algún tipo de apoyo al gobierno”, dijo Gladys.

Familias ‘separadas’

En medio de la avalancha, un vehículo fúnebre quedó atrapado entre el barro y las rocas cuando se dirigía a Málaga con un cuerpo a bordo.

Familiares del fallecido esperaban el arribo del cadáver en la mañana de este miércoles. Ante lo apremiante de esta situación, el ataúd y los restos fueron retirados con prontitud del lugar de la emergencia.

En el sector del Boquerón, entre la vía Bucaramanga - San Gil, un paso elevado resultó destruido y dejó incomunicada a la vereda Recreo Bajo de Piedecuesta.

Son cerca de 25 familias las que están perjudicadas. Una quebrada los mantiene aislados. Las personas mayores y con problemas de movilidad no pueden cruzar dicha fuente agua, y los agricultores no pueden transportar sus cosechas.

Voces de la tragedia

Armando Méndez

“Salí de Bogotá a las 8:00 p.m., llegamos a la bajada de Pescadero y nos encontramos con el trancón. El conductor nos dijo que no había paso pero no me imaginé que la situación fuera tan grave”.

Edgar Moreno

“Venía subiendo con la ‘tractomula’, solo llovía y cuando llegué al sitio se me vino la avalancha encima. Mi vehículo quedó enterrado y la carretera completamente destruida”.

Francisco García

“Cuando amaneció nos dimos cuenta de todo lo que había pasado, afortunadamente mi casa no se afectó, pero el sector lo veo muy mal”.

Javier Vergel

“Viajaba desde Bucaramanga a Bogotá, pero en la entrada del laguito un derrumbe paralizó todo el tráfico. He caminado por cerca de tres horas. La situación la veo grave. No creo que en menos de un mes la vía esté habilitada. Es casi como la avalancha que sucedió en Rionegro”.

Juan Pablo Castro

“La situación es demasiado grave, tengo familia y amigos habitantes de la zona donde ocurrió la tragedia, espero que no haya tanta gente atrapada”.

Karen Mujica

“Salí del Socorro en compañía de mi familia casi a las 10:00 p.m. Más adelante nos dijeron que no podíamos avanzar más porque había una avalancha. Tuvimos que pasar la noche en el bus y al amanecer empezamos a caminar. Hemos tenido que pasar corrientes de agua, lodo y piedras. Es una situación terrible e indescriptible”.

Katherine Monsalve

“Vivo en Altos de Curos, el sector está completamente destruido, hay piedras muy grandes. Sin exagerar del tamaño de una ‘tractomula’. La vía que conduce a la vereda está totalmente dañada. Decidí salir de la casa y caminar hacia Piedecuesta, porque me da temor de quedarme allá. He llorado mucho al ver como quedaron las viviendas de mis vecinos”.

María Alejandra Ordóñez

“Iba de visita a Bogotá y tuve que devolverme. Obviamente es una situación que no se puede predecir porque es la naturaleza y no sabemos cuándo van a ocurrir estas cosas. Sin embargo, hay que tomar medidas de prevención. Hago un llamado a las autoridades porque me lo que están haciendo ahora es muy poco para lo que se supone ya se tendría que haber hecho, dada la magnitud de la tragedia”.

Esperanza Olarte

“Es una tragedia lamentable, algo que no esperábamos. Ver que a nuestros vecinos el agua se llevó la casa y todo se borró, es un impacto tremendo. Al lado de mi casa hubo derrumbes, pero gracias a Dios no pasó nada. Sentí mucho temor pues era un aguacero impactante, la lluvia no paraba”.

Arnulfo Beltrán

“Salí hacia Málaga a las 10:30 p.m. en la carroza fúnebre con una persona fallecida que esperaban para el entierro. Como a las 11:00 p.m. me di cuenta que venía la avalancha. Paré, deje el carro que se quedó enterrado y me subí a un árbol mientras todo pasó”.

Campo Elías Castro

“He vivido en esta zona toda la vida, fue un desastre demasiado grave. Nunca en la vida me llegué a imaginar semejante cosa, pero solo Dios sabe cómo y por qué pasan las cosas”.

Gloria Ramírez

“Somos residentes de la vereda el Recreo bajo, el puente se derrumbó y quedamos 24 familias totalmente incomunicadas, esperamos que pronto se pueda solucionar la situación”.

Juan Pablo Cruz

“Vengo de Bogotá, desde las 4:00 a.m. estábamos frenados en Panachi. Desde ahí nos tocó hacer de todo para llegar a Bucaramanga, pasar los derrumbes caminando o en moto, así durante cinco horas. Es muy fuerte ver las casas desplomadas, la gente sacando sus cosas a la calle”.

Piedecuesta nos necesita
Los cerca de 100 damnificados por la avalancha en Piedecuesta nos necesitan. Ellos esperan que los apoyemos con donaciones en especie tales como colchonetas, mantas, alimentos no perecederos, bolsas o botellas de agua, artículos de aseo, ropa, calzado, en fin...
Se necesita todo lo que sea útil y práctico para garantizarles mejores condiciones de vida a estas personas; al menos mientras ‘amainan’ los momentos difíciles por los que atraviesan.
La ayuda humanitaria se está recolectando en el salón del templo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Piedecuesta, situado en la calle 9 No. 7-20 de ese municipio.
Vale aclarar que la recolección de ayudas será coordinada por Administración Municipal. Estos gestos solidarios serán entregados de acuerdo con lo dispuesto por la logística oficial y los sistemas de manejo de suministros humanitarios, los cuales garantizarán la equidad en la distribución y tendrán la veeduría del caso.
Según el alcalde de Piedecuesta, Mario José Carvajal Jaimes, “hacemos un llamado a la gente para que proporcione los elementos necesarios y darles una mano a las personas que lo perdieron todo”.
Vale mencionar que la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, también se unió a la jornada y coordinó puntos de recepción de ayudas.
Según ese centro de educación superior, se recibirán aportes en la Vicerrectoría Pastoral y Capellanía, el Instituto de Familia y Vida y el Centro de Proyección Social. Únase a esta caravana en pro de la comunidad afectada y conviértase en uno de esos héroes que saben tender las manos en los momentos difíciles y que aparecen en los instantes de mayor apuro. Recuerde que hoy ‘Todos Somos Piedecuesta’.
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