Vanguardia habló con una pareja que desde hace tres años hace parte del ambiente Swinger en Bucaramanga y revelaron cómo es su mundo y su relación de pareja.

Publicado por: Claudia Isabel Delgado
Pedro tiene 54 años y Marcela 44, llevan juntos 13 años y fruto de su unión concibieron a una hija, que hoy tiene 11 años.
Según relataron, su vida en pareja siempre ha sido estupenda, pues cada uno ha tenido relaciones anteriores de las que han aprendido qué errores no volver a cometer y cómo ser felices y estar tranquilos.
Desde hace tres años empezaron a buscar opciones que avivaran un poco más su relación. En esa búsqueda se encontraron con el intercambio de parejas.
"Teníamos muchos deseos de experimentar, de explorar nuestras fantasías y después de hablarlo y de soñarlo seguramente muchas veces decidimos averiguar en qué lugar podíamos empezar y conocer esta cultura", relató Marcela.
Según se ha dicho en la historia, el estilo de vida Swinger inició en Estados Unidos durante la década de los 60 (en plena época de la liberación sexual), cuando los soldados en servicio lejos de casa aprobaban que sus esposas tuvieran “visitas” románticas de sus amigos para satisfacer sus necesidades sexuales.
Hoy, para algunos, es todo un estilo de vida, en donde es necesario tener la mente abierta, liberarse de los tabús y la moral. Y sobretodo tener muy presente que aunque parezca no se trata de infidelidad, sino de, como ellos dicen, complicidad.
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'Kandela' fue el club al que llegaron para vivir la experiencia como clientes. Tiempo después decidieron comprarlo y ahora son los organizadores de las fiestas.
"La idea siempre fue buscar algo más para mejorar nuestra sexualidad. Llegar al lugar nos dio nervios y ansiedad, el ambiente fue muy agradable, encontramos varias parejas, había música, bailamos y empezamos a tener contacto con ciertas parejas para charlar... A medianoche hubo un show y todos empezaron a desinhibirse", recuerda Pedro.
Para ellos fue tan agradable ese primer encuentro, que a la siguiente semana regresaron.
"Lo primero que pensamos cuando llegamos a la casa fue: tenemos que volver. Ese domingo estuvimos todo el día juntos, hubo intimidad todo el tiempo recordando lo que pasó, nos atrapó, nos gustó lo que hicimos y vimos, pasamos noches que dormimos mal esperando que llegará el momento para volver y saber qué iba a pasar", reveló Marcela.
En Bucaramanga, esos encuentros se realizan en hoteles, moteles, fincas o casas privadas, pues no existen establecimientos dedicados a eso y reglamentados. La regla número uno es que lo que pasa allí, allí se queda.
Aunque en Santander continúa siendo una práctica muy reservada no se puede desconocer que no existe. Muchos lo consideran incorrecto e inmoral, pero otros lo disfrutan porque les hace sentir otras emociones.
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