La sorpresiva reducción de 15 años en la condena contra Édgar Orlando Gaitán, el falso chamán condenado por abuso sexual, ha desatado una ola de críticas. Expertas y abogadas de las víctimas califican la decisión como revictimizante y sin enfoque de género.

Publicado por: Redacción Colombia
La reciente decisión de la Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca y Amazonas de reducir la condena de Édgar Orlando Gaitán Camacho, conocido como el “falso taita”, ha generado una ola de indignación y debate en Colombia. Gaitán, quien se hacía pasar por líder espiritual indígena, había sido condenado en 2019 a 29 años de prisión por abusar sexualmente de varias mujeres durante ceremonias de yagé. Sin embargo, en una decisión de segunda instancia, su pena fue reducida a 14 años, lo que ha sido calificado por expertas y representantes legales de las víctimas como una medida “revictimizante” y carente de perspectiva de género. Lea también: Video: Un descuido casi le cuesta la vida en plena calle
Édgar Orlando Gaitán Camacho se autoproclamó “taita” y líder de la comunidad Carare, una etnia extinta desde el siglo XIX. Utilizando esta falsa identidad, estableció la Fundación Carare y la IPS Maya Pijá, desde donde ofrecía supuestas terapias de sanación con yagé. Aprovechando su posición de poder y la confianza depositada en él, Gaitán sometió a sus seguidoras a abusos sexuales bajo el pretexto de rituales de sanación. Las denuncias en su contra datan de finales de los años 90, pero fue en 2012 cuando una joven de 17 años destapó la sistematicidad de las agresiones, llevando a que otras víctimas alzaran su voz.
En diciembre de 2019, Gaitán fue condenado a 29 años de prisión por el delito de acceso carnal o acto sexual en persona puesta en incapacidad de resistir. No obstante, en octubre de 2020, el Tribunal Superior de Cundinamarca anuló esta sentencia debido a errores procesales, ordenando al juez de primera instancia emitir una nueva condena. En enero de 2021, una jueza del circuito de Guaduas corrigió el fallo y redujo la pena a 19 años de prisión, condenándolo por violar a tres víctimas. El pasado 27 de febrero, la sala penal del Tribunal Superior de Cundinamarca decidió revocar parcialmente la condena contra Gaitán, reduciendo la pena de prisión a 14 años porque, según los magistrados, no estaba tan claro que las víctimas estuvieran en incapacidad de resistir.
La reciente reducción de la pena ha sido duramente criticada por expertas en violencia de género y representantes legales de las víctimas. Argumentan que el fallo desconoce el contexto de manipulación y poder ejercido por Gaitán sobre sus víctimas, y que la interpretación del tribunal sobre la “incapacidad de resistir” es errónea y revictimizante. Además, señalan que la decisión carece de enfoque de género, lo que perpetúa la violencia institucional contra las mujeres que denuncian este tipo de delitos.
Las víctimas y sus representantes legales han anunciado que presentarán un recurso de casación ante la Corte Suprema de Justicia, buscando que se reconozca plenamente la gravedad de los delitos cometidos por Gaitán y se restablezca una condena acorde con el daño causado. Este caso pone en evidencia la necesidad de que el sistema judicial colombiano incorpore de manera efectiva la perspectiva de género en sus decisiones, garantizando justicia y reparación para las víctimas de violencia sexual.
Las pruebas que llevaron a la condena de Édgar Orlando Gaitán Camacho
Édgar Orlando Gaitán Camacho, conocido como el “falso taita”, fue condenado por abusar sexualmente de varias mujeres durante ceremonias de yagé. Las pruebas que sustentaron su condena incluyeron testimonios de nueve mujeres, cuatro de ellas menores de edad en el momento de los hechos, denunciaron haber sido abusadas sexualmente por Gaitán durante rituales de sanación. Sus relatos detallaron cómo, bajo el pretexto de ceremonias espirituales, eran sometidas a actos sexuales sin su consentimiento.
Los exámenes forenses confirmaron que las víctimas se encontraban en una condición de incapacidad de resistir al momento de los abusos, debido a la influencia del yagé y la manipulación psicológica ejercida por Gaitán.
Asimismo, investigaciones revelaron que Gaitán se hacía pasar por líder espiritual indígena, autoproclamándose “taita” y afirmando pertenecer a la extinta comunidad Carare, lo que le permitió ganar la confianza de sus víctimas.














