El sismo de 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto se sumó a una lista de grandes movimientos registrados en el mundo. Carlos Lozano, investigador y consultor en ingeniería sísmica, explica por qué esta cantidad de terremotos llama la atención.

La Tierra ha temblado con fuerza durante 2026. Diez terremotos de magnitud 7 o superior aparecen en el registro, siendo el más reciente el ocurrido en Colombia el 10 de agosto. Aunque la sucesión puede resultar inquietante, especialmente tras los dos movimientos que sacudieron Venezuela en junio, la explicación científica apunta a un fenómeno natural y no a una cadena mundial de terremotos.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) hace seguimiento a estos eventos y advierte que las variaciones temporales en la cantidad de terremotos fuertes no necesariamente significan un aumento permanente de la actividad sísmica.
Un recorrido por los grandes sismos
El primer terremoto de magnitud 7 o superior ocurrió el 22 de febrero en Malasia, con 7,1, epicentro a 57 kilómetros al noroeste de Kota Belud, en Sabah, y una profundidad de 629 kilómetros; no dejó víctimas mortales. El 24 de marzo, Tonga registró un sismo de 7,5, a 158 kilómetros al oeste de Neiafu y 234 kilómetros de profundidad. Seis días después, Vanuatu tuvo uno de 7,3, a 120,6 kilómetros de profundidad.

El 1 de abril, Indonesia registró un terremoto de 7,4, a 129 kilómetros al sureste de Bitung y 35 kilómetros de profundidad, que dejó una persona fallecida.
El 20 de abril, otro de 7,4 ocurrió frente a Miyako, Japón, a 35 kilómetros de profundidad, generó un tsunami de pequeña escala y dejó personas heridas. El 7 de junio, Filipinas registró el mayor de la lista, con 7,8, a 24 kilómetros al suroeste de Kablalan y 57,2 kilómetros de profundidad; dejó 106 muertos, 1.316 heridos y siete desaparecidos.
Venezuela sumó dos eventos en un mismo día
El 24 de junio, Venezuela registró dos terremotos incluidos por separado en el catálogo del USGS: uno de 7,2 y otro de 7,5, ocurrido 39 segundos después del primero, a las 5:04 p. m. Ambos hicieron parte de una misma secuencia sísmica y provocaron una emergencia de gran magnitud.

El balance más reciente de las autoridades venezolanas elevó a 6.301 los fallecidos por ambos eventos, cifra que corresponde al conjunto de los dos terremotos.
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México y Colombia completaron la lista
El 17 de julio, un terremoto de 7,3 ocurrió frente a la costa de Chiapas, México, a 52 kilómetros al oeste de Puerto Madero. Fue sentido en México, Guatemala y El Salvador, sin fallecidos ni daños graves reportados. El último ocurrió en Colombia el 10 de agosto: el USGS registró 7,4, con epicentro a cinco kilómetros al este de San José del Palmar, Chocó, y una profundidad de 107 kilómetros.
La lista queda conformada por Malasia, Tonga, Vanuatu, Indonesia, Japón, Filipinas, Venezuela, en dos ocasiones, México y Colombia.
“No es que sea anormal”
La sucesión de terremotos de magnitud 7 o superior durante 2026 ha generado una pregunta inevitable: ¿el mundo está atravesando un año particularmente sísmico?
Para Carlos Lozano, investigador y consultor en ingeniería sísmica, aunque la cantidad de eventos registrados hasta ahora llama la atención, no se trata de una situación anormal.
🚨🙏 ¡Rescatan con vida a una mujer entre los escombros en Cali!
— Vanguardia (@vanguardiacom) August 11, 2026
Organismos de socorro lograron sacar con vida a Diana, luego de varias horas de intensas labores de búsqueda y rescate tras el fuerte sismo.
🏥 La mujer recibe atención médica prioritaria, mientras los equipos de… pic.twitter.com/WrScy67puW
“Si esto ocurre no es que sea todo para este año, es coincidencial, es una sismicidad que ocurre en zonas donde históricamente han ocurrido”.
El investigador también fue enfático en que los grandes terremotos registrados en diferentes países no deben relacionarse entre sí únicamente por haber ocurrido en un mismo periodo. “No hay que relacionarlos, en realidad cada uno pertenece a un mecanismo de tectónica diferente, la forma en que ocurrieron fue diferente”.
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Lozano explicó que cada región tiene una configuración tectónica particular. Puso como ejemplo los casos de Venezuela, Japón, Filipinas y Colombia, cuyos movimientos obedecen a mecanismos diferentes.
Colombia tiene un mecanismo distinto
En el caso del terremoto que sacudió a Colombia el 10 de agosto, el experto explicó que se trata de un evento asociado a la subducción en el Pacífico, proceso en el que una placa tectónica se introduce por debajo de otra. En esta zona, la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Suramericana, un proceso que durante millones de años ha contribuido a la formación de las cordilleras y de la actividad volcánica de la región.
“Lo que ha causado en millones de años la formación de las cordilleras, formando la serie de volcanes en la cordillera central”, explicó Lozano.
El experto señaló que el movimiento de las placas es muy lento, pero la fricción que se produce entre ellas permite que se acumule energía. Cuando esta se libera, se generan los terremotos. Precisamente por eso, el sismo ocurrido en Colombia no debe interpretarse como una continuación de los terremotos registrados en Venezuela.
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La profundidad cambia el impacto
Otro de los factores que ayuda a entender las diferencias entre terremotos es la profundidad. Lozano explicó que el sismo de Colombia tuvo una profundidad cercana a los 103 kilómetros, mientras que el registrado en Venezuela fue mucho más superficial, de aproximadamente 10 kilómetros.
Esa diferencia hace que la energía se comporte de manera distinta al llegar a la superficie.
Para el terremoto de Colombia, el experto estimó un área de ruptura de aproximadamente 80 kilómetros por 20 kilómetros. Además, señaló que la duración del movimiento pudo ser extensa.
En Bogotá, por ejemplo, indicó que el movimiento pudo sentirse durante dos minutos o un poco más en algunas zonas de la capital. En Bucaramanga, los valores de aceleración fueron bajos comparados a los registrados en la zona epicentral, aunque el terremoto sí fue percibido.
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Las réplicas son esperadas
Después de un terremoto de esta magnitud también es normal que se presenten réplicas. Según Lozano, la tendencia es que estos movimientos vayan disminuyendo tanto en magnitud como en cantidad con el paso del tiempo. “El comportamiento esperado es que la actividad posterior vaya reduciéndose, aunque existen excepciones”, explicó.
De esta manera, aunque la sucesión de grandes terremotos registrada durante 2026 puede resultar llamativa, la explicación del experto es clara: no hay razones para considerar que estos eventos formen parte de una misma cadena ni que, por sí solos, demuestren que el planeta esté atravesando un periodo anormal de actividad sísmica.

















