La muerte de Miguel Uribe Turbay revive el recuerdo de los magnicidios cometidos por adolescentes durante las décadas más violentas de Colombia.

Publicado por: Redacción Nacional
Colombia amaneció de luto. Miguel Uribe Turbay, senador opositor y precandidato presidencial, murió tras recibir varios impactos de bala el pasado 7 de junio durante un mitin en Bogotá. El presunto autor material del crimen es un adolescente de 15 años.
El joven, de rostro infantil y cabello largo, fue capturado en la misma capital mientras portaba una pistola Glock 9 milímetros procedente de Estados Unidos.
Este hecho reabrió uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de Colombia: el de los magnicidios cometidos por menores de edad.
Magnicidios cometidos por adolescentes: heridas que no cierran

La historia política reciente del país está marcada por episodios sangrientos en los que los protagonistas fueron jóvenes sicarios.
Uno de los más recordados ocurrió el 22 de marzo de 1990, cuando Andrés Arturo Gutierrez Maya, de tan solo 14 años, asesinó al candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa, líder de la Unión Patriótica, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá.
Poco después, ese mismo año, otro joven, Gerardo Gutiérrez, alias Yerry, fue señalado como el autor material del asesinato del también candidato presidencial Carlos Pizarro Leongómez, líder de la Alianza Democrática M-19. Lea también: Bucaramanga orará esta noche por el alma del senador Miguel Uribe Turbay
En su momento, muchos señalaron al narcotraficante Pablo Escobar, como autor intelectual de estos crímenes, pero en el caso de Pizarro, el propio Escobar negó su participación.
Años después, el jefe paramilitar Carlos Castaño Gil confesó haber entrenado a Yerry y planificado el magnicidio en coordinación con sectores corruptos del Estado.
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Estos casos ocurrieron en un periodo de extrema violencia política, entre 1989 y 1990 fueron asesinados tres candidatos presidenciales de corrientes de izquierda o de oposición, todo en circunstancias que conmocionaron a la nación.
De los 90 a la actualidad: un fantasma que regresa
El uso de sicarios menores de edad fue impuesto en Colombia, en los años 80, por el cartel de Medellín.
— Gonzalo Guillén (@HELIODOPTERO) June 8, 2025
El fenómeno de los menores sicarios tiene raices profundas en la desigualdad y la ausencia estatal. Muchos provienen de barrios marginales o zonas rurales olvidadas, donde el crimen organizado encuentra terreno fértil para el reclutamiento.
En las ciudades, algunos adolescentes ingresan al sicariato como una vía rápida para ganar dinero y estatus; en el campo, otros son forzados a unirse a grupos armados bajo amenazas a sus familias. Lea también: Las voces que lamentan y rechazan la muerte de Miguel Uribe Turbay
La Jurisdicción Especial para la Paz calcula que más de 18.000 menores fueron reclutados por las FARC-EP entre 1996 y 2016, lo que evidencia que este no es un problema aislado, sino estructural.
Según la Defensoría del Pueblo, en 2024 se documentaron 409 casos de menores reclutados por grupos armados, un aumento frente a los 342 de 2023.
El Cauca encabeza la lista con 300 casos, seguidos de Putumayo y Valle del Cauca. La disidencia de las FARC Estado Mayor Central es el grupo armado que más menores reclutó el último año, con 135 casos confirmados.















