jueves 25 de octubre de 2018 - 12:01 AM

El bullying desafía a la ley

Cada día se hacen más evidentes los casos de agresiones y acoso que viven los jóvenes en los entornos escolares y familiares cuando deciden revelar su orientación sexual diversa.

*Mateo es un chico que desde muy joven descubrió su orientación sexual diversa, lo que le causó graves problemas, no tanto en el entorno escolar como los que tuvo que enfrentar con su familia.

Día a día recibía el apoyo de sus amigos más cercanos del colegio para sobrellevar la carga que le significaba todos los días las discusiones con su progenitor.

Así como *Mateo, son muchos los niños que viven el acoso no solo en los colegios, sino también en sus casas y a muchos los lleva a sufrir depresiones severas e incluso el suicidio, tal y como ocurrió con el joven Sergio Urrego, en un hecho sobre el que la Corte Constitucional emitió la sentencia c468 de 2015 y se revivió la ley 1620 de 2013 que creó el sistema nacional de convivencia escolar para una formación en el ejercicio de los derechos humanos, la educación para la sexualidad, la prevención y mitigación de la violencia escolar.

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Karen Pérez Álvarez, integrante de la Línea de Género y Diversidad de la Clínica Jurídica de Derechos Humanos de la Unab, dijo que “aunque no se considera que esta ley sea letra muerta en estos momentos, porque se supone que los colegios tuvieron que hacer una revisión de los manuales de convivencia, no es seguro que muchos den cumplimiento a lo que dice la ley”.

Para la sicóloga, Tatiana Cordero, de la Fundación Mujer y Futuro, “los niños y las niñas que deciden revelar su orientación sexual están siendo violentados en diferentes contextos, porque cabe mencionar que en Colombia somos una sociedad machista donde ser diferente es altamente castigado y burlado. Existe falta de apoyo en los colegios, falta de atención y de diálogo, muchos se sienten sin apoyo y un poco perdidos, por eso usualmente lo ocultan hasta su edad adulta”.

“Ante esta situación, la mayoría de jóvenes usualmente acuden a sus amigos o amigas del colegio, es como la red más cercana a su confianza; en algunos casos buscan a sus padres, pero es muy raro por las dinámicas familiares a las que estamos acostumbrados ya que pasan poco tiempo con sus padres debido a las actividades económicas”, precisó Cordero.

Visibilización del problema

En agosto de 2015 se registró el suicidio del joven Sergio Urrego, de 16 años, debido al bullying que recibía por su orientación sexual diversa y, un año después, tras una sentencia de la Corte Constitucional, este hecho sirvió para generar una prevención y mitigación de la violencia escolar que se venía presentando.

De acuerdo con la sicóloga Cordero, “aunque no todos los colegios ponen en práctica lo que dice la Ley, la sentencia sirvió para visibilizar este tipo de bullying, que antes estaba naturalizado para que no fuera una violencia normal porque ningún tipo de violencia es normal y no la podemos naturalizar”.

Según la psicóloga, “esto también sirvió para que saliera a la luz y las personas conocieran que sí había unas consecuencias de este tipo de bullying que se presenta, pero falta mucha educación sexual, educación reproductiva, y lastimosamente es difícil entrar a los colegios a dar este tipo de charlas y hablar de este tema, porque hay muchos imaginarios, especialmente en los padres de familia que piensan que por hablar de este tema se está incitando a los niños y las niñas a cambiar su orientación sexual y realmente es a conocer, aceptar y hacer un llamado a la tolerancia y al respeto a la diferencia”.

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Casos en Bucaramanga y el Área Metropolitana

Diego Ruiz, de la Corporación Conpazes, dijo que en Bucaramanga y el área metropolitana se ha podido identificar varios casos de jóvenes Lgtbi que han sido víctimas de bullying y ahí es dónde se hace evidente que la Ley 1620 no se ha implementado, ni se han hecho las modificaciones en los manuales de convivencia con base en el enfoque de género, muchas veces porque son de corte cristiano y ven el tema como ideología de género.

Agregó que se cuenta con la ayuda de algunos docentes que son los que trabajan directamente con los chicos y existe una queja generalizada porque no hay conocimiento de rutas ni hay atención en casos cuando se presentan agresiones en los colegios.

Además se ha detectado que quienes suplen el papel son los docentes, los sicoorientadores, los directores de grupo y rara vez los rectores, y al no haber una figura de apoyo los niños o niñas son diez veces más vulnerados en agresiones que llevan a depresión y hasta el suicidio, recordó el director de Conpazes.

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