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Sábado 21 de marzo de 2026 - 12:00 AM

La educación que sí conecta con el empleo

En un mercado laboral cada vez más exigente y cambiante, la clave ya no es solo estudiar, sino hacerlo con pertinencia, enfoque práctico y conexión real con las necesidades de las empresas.

Freepik / VANGUARDIA
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Durante años, obtener un título académico fue sinónimo de estabilidad laboral. Hoy, esa premisa ha cambiado. En Colombia, más del 40% de los empleadores reportan dificultades para encontrar talento con las habilidades que requieren, lo que evidencia una brecha creciente entre la formación y las demandas del mercado.

Según cifras del DANE, la tasa de desempleo juvenil suele ser casi el doble de la general, un indicador que refleja la desconexión entre lo que aprenden los estudiantes y las oportunidades reales de empleo. Aunque el mercado laboral muestra señales de recuperación con una tasa de desocupación nacional de 10,9% en enero de 2026 frente a 11,6% en el mismo periodo del año anterior, el desafío ya no es solo generar empleo, sino preparar mejor a las personas para acceder a él.

En este contexto, la educación enfrenta un reto y es formar profesionales con competencias aplicables desde el primer día. El manejo de herramientas digitales, la capacidad de adaptación, la resolución de problemas y la comunicación efectiva se han convertido en habilidades esenciales. A estas se suman las denominadas habilidades del siglo XXI, como el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y el aprendizaje continuo, cada vez más valoradas por las empresas.

“Esto implica revisar los currículos con mayor frecuencia, fortalecer los vínculos con las empresas, ampliar las prácticas, incorporar tecnologías y medir los resultados de aprendizaje con criterios más cercanos a la realidad laboral”, explica Carmen Cecilia Quintero, rectora de la Fundación Universitaria Comfenalco Santander – UNC.

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Nuevas rutas de formación para el empleo

Uno de los cambios más visibles en este nuevo panorama es el crecimiento de la formación corta. Cada vez más personas optan por programas técnicos, tecnológicos o cursos especializados que les permitan adquirir habilidades en menos tiempo y con mayores posibilidades de vinculación laboral.

Estos programas, enfocados en competencias específicas, responden a una necesidad concreta: ingresar o reingresar al mercado laboral con mayor rapidez. De hecho, los programas técnicos y tecnológicos presentan mayores tasas de empleabilidad en el corto plazo frente a algunas carreras profesionales tradicionales.

Actualmente, áreas como analítica de datos, herramientas digitales, inteligencia artificial, logística operativa, servicio al cliente, ventas y marketing digital concentran una alta demanda. Este tipo de formación, además de ser flexible, permite a muchas personas estudiar mientras trabajan o mejorar su perfil profesional sin detener su actividad económica.

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Comfenalco Santander ha sido una apuesta integral que abarca desde la primera infancia y la educación básica, hasta la formación para el trabajo y la educación superior, su modelo busca responder a criterios de equidad, pertinencia y proyección social

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Carmen Cecilia Quintero, rectora UNC

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Santander: formación alineada con su vocación económica

En el ámbito regional, las áreas con mayor proyección laboral están directamente relacionadas con la dinámica productiva del territorio: logística, servicios, tecnologías aplicadas, industrias creativas, mercadeo, turismo, atención al cliente, mantenimiento, soporte tecnológico, salud, procesos administrativos y comerciales.

De hecho, el departamento comienza a destacarse en este último frente. Según el Servicio Público de Empleo, Santander registró 965 vacantes en empleos verdes y fue uno de los territorios con mayor número de colocaciones en este tipo de trabajos durante 2025, lo que evidencia nuevas oportunidades en áreas relacionadas con la economía sostenible.

Este comportamiento se da en un contexto de mejora en los indicadores laborales. En el trimestre noviembre 2025 a enero 2026, la tasa de desocupación en las 23 ciudades y áreas metropolitanas se ubicó en 8,5%, consolidando una tendencia favorable en el país.

En medio de este panorama, las cajas de compensación han asumido un rol estratégico en la articulación entre educación y empleo. Su cercanía con las familias, el conocimiento del tejido empresarial y su presencia territorial les permite diseñar programas pertinentes y con impacto real.

El modelo tradicional está dando paso a esquemas más flexibles, donde se combinan programas académicos, certificaciones cortas y procesos de aprendizaje continuo a lo largo de la vida.

El futuro apunta hacia una educación dinámica, actualizada y conectada directamente con las necesidades del sector productivo. En ese escenario, la clave no será cuánto tiempo se estudia, sino qué tan pertinente es lo aprendido. Porque hoy, más que nunca, la educación que realmente transforma es la que abre las puertas al empleo.

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