A sus 28 años, Ramiro Blanco lidera la planeación estratégica de InderSantander con una apuesta por la transparencia, la técnica y el deporte como motor de inclusión.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
El 3 de marzo de 2025, Ramiro Andrés Blanco Rincón miró a los ojos a su primer hijo y sintió que algo cambiaba para siempre. En la sala de partos, con la emoción a flor de piel, les prometió a él y a su pareja Sara Valentina, que trabajaría cada día por dejarle a Emmanuel un Santander con oportunidades.
“Ser papá joven es un reto inmenso, pero también una motivación poderosa. Me levanto cada día pensando en él y en los hijos de muchas familias que también sueñan con un futuro mejor”, asegura.
Ramiro tiene apenas 28 años, pero habla con la convicción de quien sabe hacia dónde va. Es administrador de empresas, magíster desde los 25 años y actualmente se desempeña como asesor de Planeación en el InderSantander, el Instituto Departamental de Deporte y Recreación. Desde ese cargo lidera proyectos estratégicos, planea, mide y evalúa el impacto de la política pública en el sector deportivo.
“Mi rol es asegurar que el deporte en Santander no sea un lujo ni una vitrina, sino una herramienta real de transformación social”, explica, “trabajamos para que el deporte llegue a los barrios, a los municipios, a las veredas. Que sea inclusión, no decoración”.
Su convicción por lo público está anclada a su historia familiar. Su abuelo, Ramiro Antonio Blanco Suárez, fue un líder político regional que dejó huella en Santander. Su padre, abogado con trayectoria, le inculcó la disciplina y el respeto por la palabra. Su madre, Isabel Cristina Rincón, ha ocupado cargos tanto en el sector público como privado, y es, en sus palabras, su “mejor amiga”: “vengo de una familia que me enseñó a querer este territorio y a no conformarme con criticarlo desde afuera. Por eso no me fui. Por eso me quedé”.

En abril de 2024, fue nombrado asesor de planeación de InderSantander. Asumió el reto con entusiasmo, pero también con conciencia del peso que implica: ejecutar recursos públicos, garantizar transparencia, y sobre todo, restaurar la confianza ciudadana en las instituciones. “Hoy hay muchos jóvenes que no creen en lo público, y lo entiendo. Pero también estoy convencido de que si hacemos las cosas con técnica y resultados, podemos recuperar esa fe perdida”.
“La transparencia sin gestión no sirve. Lo público debe medirse, debe tener indicadores, debe mostrar resultados concretos”, explica con convicción.
Ramiro habla de gestión pública con pasión y con datos. Defiende la importancia de los indicadores, la trazabilidad de las metas y el cumplimiento del plan de desarrollo. Pero también habla de emociones, de seres humanos, de niños que ahora creen en el deporte como salida: “no se trata solo de construir escenarios. Se trata de que ese niño que hoy entrena en una cancha recuperada tenga una razón para quedarse, para soñar, para no rendirse”. “Ver a un joven en un torneo, con su uniforme limpio y su mente enfocada, es ver que la planeación también salva vidas”.
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Una apuesta por los proyectos
Su apuesta está en los proyectos que generan valor real. Lo aprendió temprano, cuando en la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Unab) lideró procesos con impacto internacional en temas de cooperación. También lo confirmó durante su maestría en la Universidad de Investigación y Desarrollo (UDI), donde fue magíster a los 25 años: “ambas universidades me enseñaron a no quedarme en la teoría. Me prepararon para la vida real. La UDI me mostró la importancia de saber comunicar los resultados. Y la Unab me exigió soñar en grande, pero aterrizado”.

En su experiencia, uno de los grandes errores de la gestión tradicional ha sido creer que basta con planear. Para él, lo verdaderamente transformador es ejecutar con sentido: “hay muchas instituciones con misiones muy bonitas, pero sin proyectos que las concreten. Mi trabajo ha sido conectar ese sueño institucional con resultados tangibles para la gente”.
Su ingreso a Lideremos llegó en el momento de mayor exigencia profesional. Y a pesar del tiempo limitado, lo vivió como una experiencia que le abrió horizontes. “Lideremos me permitió conocer otras formas de servir. Hay gente de todos los sectores, todos con una pasión en común: transformar Santander. Lo más valioso ha sido esa red de líderes que no compite, sino que se conecta”.
“Uno llega pensando que tiene un proyecto claro, y sale sabiendo que puede sumar al de otros, que puede colaborar, no solo liderar”, indica.
Al preguntarle cómo se ve en 10 años, su respuesta no duda: quiere representar a Santander desde lo técnico, la planeación y los resultados: “creo en una política bien hecha, como herramienta de esperanza. Quiero demostrar que se puede servir desde lo público sin perder la transparencia ni la pasión”.
Y asegura que los jóvenes no deben esperar a que los llamen. Tienen que prepararse y proponer: “ocupar el espacio con responsabilidad, con decencia y con ideas”.
Ramiro se levanta cada día con una certeza: no basta con venir de un legado, hay que construir uno nuevo. Uno en el que su hijo Emanuel pueda crecer sabiendo que su papá no solo hablaba de cambio: lo hizo posible.














