James Rodríguez disputó 23 partidos en el Oympiacos de Grecia y registró cinco goles y seis asistencias.

Publicado por: Néstor González Álvarez
Alguna vez Diego Armando Maradona se reprochó y sostuvo en una de las tantas entrevistas que concedió: “Sabes el jugador que habría sido sin la cocaína”.
Y saben el jugador que habría sido James Rodríguez si no se hubiera conformado únicamente con el brillante Mundial de Brasil 2014, donde fue el goleador, y llegar al Real Madrid, sino en mantenerse y hacer carrera en la élite del balompié mundial.
Si alguien tenía todas las condiciones para ser incluso el mejor jugador del planeta ese era el mediocampista cucuteño, que hizo una carrera formidable hasta que tocó la cima, pero se mareó en las alturas.
El camino al éxito
Desde sus inicios en Envigado, el seguidor de Oliver Atom en Supercampeones dejó claro el talento innato, al que le imprimió esa hambre de gloria que más adelante lo saciaría muy rápido.
Era tal el compromiso del joven James, que hace varios años Jesús ‘El Kiko’ Barrios, su entrenador en la escuadra ‘naranja’, recordó que en 2007, mientras los jugadores de Envigado festejaban, con unas cuantas cervezas, el título de la B en Colombia, le gritaban en coro al ‘10’ “que se tome una, que se tome una, que se tome una”, pero el alto grado de responsabilidad lo obligó a gambetear el pedido de sus compañeros.
Inmediatamente, el Banfield de Argentina se fijó en sus gambetas, visión de juego para asistir y pegada precisa de pierna izquierda.
No fue demasiado el tiempo que los ‘gauchos’ disfrutaron al ‘cafetero’, porque el Porto de Portugal lo integró a sus filas.
Allí, James, quien ya deslumbraba en la selección Colombia, continuó disparado hacia el estrellato.
Fueron tres temporadas fantásticas en el balompié luso del surgido en el balompié ibaguereño y quien heredó lo mejor del repertorio futbolístico de Wilson James Rodríguez, su padre.
En Portugal ganó cuanto evento local se le atravesó en el camino, además de la prestigiosa Liga de Europa.
Llegó la oportunidad del Mónaco, donde únicamente estuvo una temporada porque luego de su brillante Mundial de Brasil 2014, donde fue el goleador y llevó a Colombia hasta los cuartos de final, el poderoso Real Madrid no dudó en ficharlo.
En el elenco ‘merengue’, en la primera temporada, dejó ver que su fútbol no tendría techo; sin embargo, las aspiraciones del ‘10’ se empezaron a diluir, así como su fútbol.
El bajón
Entre discusiones con los entrenadores porque no era titular, las lesiones que lo alejaban de su mejor forma y un estilo de vida que le daba más minutos a lo extrafutbolístico, la llave del éxito se le embolató.
Tuvo su oportunidad en el Bayern Múnich, pero no se acopló al frío y tampoco a la Liga alemana.
Luego apareció un vertiginoso descenso en su fútbol. Recaló en el Everton de Inglaterra, motivado por el entrenador Carlo Ancelotti, pero ni siquiera uno de sus ‘padres futbolísticos’ logró seducirlo para volver al máximo nivel.
Fueron algunas pinceladas de buen fútbol que hicieron ilusionar a sus más fieles seguidores, pero nada más que eso.
Terminó en el balompié de Catar, con el Al-Rayyan, pero las molestias físicas se hicieron recurrentes y fueron más notorios sus movimientos en las redes sociales, que sus goles o asistencias.
También entró en peleas en la selección Colombia, principalmente con el entrenador Reinaldo Rueda, quien lo separó del plantel durante varios juegos y así, se diluyó la ilusión de ir al Mundial de Catar 2022.
¿El renacer?
Cuando lo daban por perdido y hasta se le tildó de exjugador, James pareció recobrar esas ganas que mostraba en sus comienzos. Arribó al Olympiacos y otra vez se le vio sonreír en los campos de juego.
Las lesiones musculares quedaron a un lado, volvieron a aparecer los goles, las gambetas y las asistencias, aunque estaba claro que en una Liga de menor importancia en Europa.
Pero estaba jugando, que era lo llamativo y nadie discute lo que puede hacer James con buen ritmo de competencia; no obstante, la cabeza, esa que traiciona a los deportistas cuando tocan el cielo con las manos (caso Faustino Asprilla, Adriano y Ronaldinho) lo dejó otra vez en ‘fuera de lugar’, al parecer al entrar en disputas con el entrenador, y dio por terminado su contrato con la escuadra griega.
Su futuro, a los 31 años, vuelve a ser incierto. Seguramente pasarán varios meses alejado de la competitividad y su fútbol seguirá en decadencia, aunque quienes saben apreciar lo que representó James en su momento para el fútbol nacional conservan la esperanza de que su fútbol tenga un ‘último baile’.















