Punta del Este es una pequeña ciudad peninsular en el departamento de Maldonado en Uruguay y la cual posee normalmente una población de no más de 19.000 habitantes.

Publicado por: Felipe Antonio zarruk diazgranados
Claro que en el verano oriental este diminuto balneario alberga más de 200.000 turistas que nos hacen recordar al Rodadero en alta temporada. Hay que agregar que Punta del Este es desembocadura del río de La Plata en el océano Atlántico.
Punta del Este se llamó un afamado restaurante en la Bucaramanga de los años 60 y 70 que ubicado en la carrera 27 con calle 33 y después en la carrera 33 entre calles 42 y 44 era atendido por el exfutbolista del Cúcuta Deportivo y Atlético Bucaramanga Abraham González, quien en sus años mozos era volante de avanzada y dueño de una potente pegada y un fuerte temperamento típico de quienes portaron el letrero de la garra charrúa. Abraham nació en colonia de Sacramento (el 2 de agosto de 1925) a 177 kilómetros de Montevideo en donde el pequeño volante le dio sus primeras patadas a un balón pesado de cuero que reflotaba en las calles empedradas de esta hermosa ciudad colonial que da para la ribera norte del Río de La Plata. El mismo en el que Abraham puso a navegar sus sueños para llegar a ser un gran futbolista en un país en donde tienes que ser o de Peñarol o de Nacional... mejor dicho o sos carbonero o sos bolsilludo.
Los años 40 llegaban a su fin y ya finalizada la segunda guerra mundial se reanuda la Copa Jules Rimet la cual se jugaría en Brasil y a la selección uruguaya convocan a don Abraham quien terminó saliendo de ese onceno que meses después fuera campeón del mundo en el famoso y mentado ‘Maracanazo’ de 1950.
Dos razones lo impidieron: la primera que el técnico de la época llevó en su reemplazo a un argentino-uruguayo de apellido Moran (según se lo relató Abraham a Carlitos Di Marco) y la otra que el presidente del Cúcuta Deportivo de la época lo fue a buscar (según me lo narró su esposa albita) y lo empacó en un avión que tenía como destino la ‘Perla del Norte’ en donde el personaje de esta historia hizo parte de un fabuloso equipo que tenía como base a jugadores uruguayos que eran verdaderos maestros de la guapeza para jugar al fútbol y eran verdaderos repartidores de zapato y trompadas a tal punto de que ningún equipo le buscaba bronca al doblemente glorioso Cúcuta Deportivo porque ahí perdían de verdad. Fue compañero de Juan José Tulic, Ulises Terra, Alcides Mañae, Carlos Zunino, Luis Alberto ‘marciano’ Miloc, Ramón Alberto Villaverde (quien jugó en el barsa), Juan Delucca y después se reencontró con los campeones del 50 Shubbert Gambetta y Eusebio Tejera.
Esos clásicos contra el Bucaramanga eran para alquilar balcón y casi siempre los ‘motilones’ terminaban persiguiendo a los ‘leopardos’ en las trifulcas del General Santander o del Alfonso López. Después del partido todos se iban a cenar y a tomar vino como todos unos caballeros.
Abraham fue jugador y técnico del Bucaramanga, fue al Cali dos años, estuvo en México en el Irapuato y el Nuevo León. Se casó con dama cucuteña en 1951 y sus tres hijos, Luis Orlando, María Eugenia y Carlos Eduardo se convirtieron en la vida de este caballero del balompié.
Si de pronto fuiste cascarrabias no nos importa, si nunca pudiste sacarnos campeones tampoco interesa, lo único que te quiero expresar en estas líneas querido Abraham es que primero que todo me disculpes por no haberte hecho un homenaje antes, que bien merecido lo tenías.
Segundo que aunque en este momento tu salud no es la mejor te quiero decir que jamás olvidaremos que en cada balón y en cada corrida que hacías por el césped del Alfonso López siempre dejaste la piel y el alma... algo que no tenemos con qué pagarte.
Gracias por tu honradez y tu amistad, nosotros te llevaremos tatuado en nuestro recuerdo y te contare esta... hace un par de horas antes de escribir esta columna hablé con albita y me dijo que te habló al oído y te recordó que hoy o mañana cumplen 61 años de casados.
La verdad el relato de tu esposa me movió el piso y me sacó del corazón un llanto que tengo reprimido, sin embargo guarde algunas lágrimas que llevaré en un cofre hasta Punta del Este para depositarlas allí y hacerte un pequeño homenaje querido Abraham.
Por siempre, ¡grande uruguayo!














