La irreverencia de Higuita y la exigencia de Pinto dieron origen a uno de los episodios más llamativos del fútbol colombiano en 1988.

El fútbol colombiano tiene historias que parecen sacadas de un guion de cine. Una de ellas ocurrió en 1988 en el antiguo estadio Eduardo Santos, durante un partido entre Atlético Nacional y Unión Magdalena, cuando el arquero René Higuita y el técnico santandereano Jorge Luis Pinto protagonizaron un episodio tan insólito como recordado.
Todo sucedió en una jugada por la banda, el balón salió por el lateral y Pinto, en su intención de reanudar rápidamente el juego, intentó tomar el esférico para entregárselo a uno de sus jugadores. Sin embargo, Higuita, fiel a su estilo rebelde e impredecible, apareció para agarrar la pelota con sus manos, tirarse al piso y amarrarla contra su cuerpo, impidiendo que el técnico rival la soltara.
El cruce llamó inmediatamente la atención. Pinto intentó arrebatarle el balón al portero, pero este no se dejó, generando un forcejeo insólito entre un entrenador y un arquero en plena competencia oficial.
La situación escaló y varios futbolistas de ambos equipos intervinieron para separarlos. Incluso fue necesaria la presencia de la policía y los árbitros para calmar los ánimos y permitir que el encuentro continuara.
Más allá de la anécdota, el hecho reflejó dos personalidades intensas: la irreverencia y teatralidad de Higuita frente a la disciplina y carácter fuerte de Pinto.
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Tres décadas después, aquel episodio todavía se recuerda como una de las escenas más curiosas y polémicas de la historia del fútbol colombiano.
En ese año, Millonarios fue campeón luego de ganar el octogonal final al Atlético Nacional.














